Eve miraba con atención el pequeño trozo de papel que
tenía entre sus manos, como si estuviera buscando un mensaje en clave escondido
en él. Se revolvió en el sillón de cuero blanco de mi salón antes de dirigir
sus ojos a mí.
-Es extraño-fue todo lo que atinó a decir.
-No sé qué pensar-le contesté.
Ella me miraba sin decir nada, aunque tampoco lo
necesitaba. Sabía que estaba preocupada por lo que pudiera pasarme y yo temía
por mí, pero tenía que controlar ese sentimiento delante de Evelyn. Ella ya era
bastante paranoica como para viera que yo también estaba empezando a tener
miedo.
-Ayer ¿pasó algo? ¿Viste algo raro o poco común?-negué
con la cabeza,
-Todo fue normal. Pero lo que me preocupa es por qué sabe
mi nombre-ella esbozó una sonrisa, sin embargo no transmitía felicidad.
-Eso es lo de menos, Ali. En la fiesta todo el mundo
sabía tu nombre. Lo que yo me preguntaría sería cómo sabe tu dirección-las
pulsaciones se me aceleraron rápidamente al darme cuenta de aquello. Una cosa
era mi nombre pero ¿saber dónde vivo? Eso era más grave-¿hablaste con Matt?
-Sí, hoy por la mañana. Le conté lo que había pasado,
pero estaba en el taller trabajando. Me dijo que cuando saliera venía-Eve
asintió pero una mueca acompañó ese acto-¿qué pasa?-le pregunté extrañada.
-No te quiero dejar sola, pero tengo ensayo y la Sra. Lee
me matará si llego tarde de nuevo-resopló.
-Vete anda, tampoco creo que Carter tarde mucho en
llegar. Me iré a bailar a la sala para matar el tiempo.
-Cualquier cosa llámame-puse mis ojos en blanco,
exasperada por toda la preocupación que llenaba a mi amiga.
Si de verdad estuviera en peligro la persona que envió la
nota pudo hacerme daño ayer por la noche y no fue así. Ese pensamiento me
tranquilizaba, aunque no lo suficiente ya que en mi interior seguía esa pequeña
chispa de temor hacia lo que pudiera pasarme en un futuro, pero quizás solo le
estaba dando vueltas a un tema que no lo merecía y le estaba dando más
importancia de la que tenía.
Eve cogió la bolsa de deporte que había dejado tras el
respaldo del sillón, se la colgó del hombro y besó mi cabeza.
-Nos vemos mañana. A ver que me depara el primer ensayo
sin ti.
-Y eras tú la que me decías que no hiciera drama-repliqué.
Con una mirada llena de odio abrió la puerta y cuando
salió cerró con un portazo. Cuando digo que no sabe controlar la fuerza es por
algo…
Dirigí mis pies por el pequeño pasillo, a la puerta que
se encontraba al fondo. Giré el pomo cuando la tuve delante de mí y entré a la
pequeña sala llena de espejos y una barra alargada pegada a la pared. Me
sonreí.
Se podría decir que esa sala era mi yo. Me describía a la
perfección. Vivía para el baile, eso era lo que mi pasado me había enseñado a
querer y era la única manera de mantenerme en contacto con ella…
Antes de ponerme sentimental fui a una esquina de la
sala, donde estaban mis zapatillas de ballet. Me senté en el suelo y me quité
los calcetines para cambiarlos por los pequeños zapatos de tela rosa con la
punta endurecida. Me acerqué al estéreo y lo encendí, sin mirar siquiera la
canción que sonaría.
River
flows in you comenzó. Cerré mis ojos, pensando mis movimientos y sin
darme cuenta mis pies estaban de puntillas y mi cuerpo bailaba por la sala. Me
coloqué en frente del espejo y bajé mis pies. Subí la pierna derecha hasta mi
rodilla y volví a poner en punta el pie izquierdo, y hábilmente hice un giro.
***
Estaba en frente de aquel imponente edificio blanco que se
daba un aire a templo griego. A unos metros de mi tenía la gran puerta de
cristal.
Respiré hondo, alcé la cabeza y caminé decidida a la
entrada. Empujé la puerta y se abrió.
El vestíbulo era enorme, pero apenas tenía muebles.
Estaba impecable, incluso te podías ver reflejado en suelo. Caminé hasta un
mostrador que se encontraba allí. Una mujer joven, con el pelo rubio recogido
en una perfecta coleta de caballo alta estaba sentada tras él. Cuando estuve
delante de ella alzó la cabeza y una sonrisa salió de sus labios.
-Bienvenida a The Royal Ballet ¿Puedo ayudarla en
algo?-me extrañó que me tratara de “usted” en vez de “tú” y fruncí el ceño. No
estaba acostumbrada a eso.
-Sí-conseguí decir-verá, vengo a los ensayos de la
función de Navidad-mi tono de voz tímido. Ni siquiera sabía el nombre de la
obra que iba a representar y eso me hacía estar en desventaja porque hacía que
me expresara de una manera equivoca.
-Tú eres la nueva ¿verdad? La Sra. Watson me habló de
ti-asentí y mostré una pequeña
sonrisa-sube a tercer nivel. Es el estudio cuatro.
-Gracias.
Después de mirar el reloj que se posicionaba en la pared
colocada en frente de mí, y ver que la aguja más larga casi llegaba al número
doce y, con lo cual, iban a ser las cuatro, eché a correr, lo más
glamurosamente posible, si se puede encontrar algo de glamur en correr. Puesto
que no podía esperar al ascensor subí las escaleras pegando saltos hasta el
tercer piso. Llegué a un pasillo ancho y largo, pegados a las paredes había
sillones granates. Aunque no me podía parar para un descanso, ganas no me
faltaban: subir esas escaleras de aquella manera fue horrible.
Caminé a paso ligero por el pasillo desértico fijando mí
atención en los carteles que había junto a la pared con números, hasta que
encontré el que ponía cuatro.
-Justo a tiempo-susurré antes de abrir la puerta y
encontrarme en una sala gigante, con una pared cubierta de espejos y el suelo
de parqué, ese que está claro que es encerado cada día.
-Allison-mi nombre salió de los labios de Grace, quien me
hizo una señal para que fuera junto a ella. Hice lo que me pidió y llegué a su
lado. Hasta ese momento no había caído en la cuenta de lo llena que estaba la
sala. Había unas cuarenta personas. Eran ochenta ojos que solo se fijaban en
mí, lo que conseguía ponerme realmente nerviosa-bueno, como os estaba
comentado, Allison-sonreí-va a ser quien protagonice nuestra obra de Navidad
junto a Jack-fruncí el ceño.
¿Jack? ¿Ese no era el chico de la fiesta? Una cabeza
rubia se abrió pasó entre el cúmulo de gente para dejarme ver que estaba en lo
cierto.
-Será todo un placer-pronunció y acto seguido se puso a mi
lado.
Las dos horas del ensayo se alargaron a tres, pero
tampoco hicimos mucho. Solo hablar de dinero y por fin descubrir que
bailaríamos, la verdad salí un poco decepcionada. La obra en la que sería el
papel principal era El Cascanueces nunca había interpretado esa, pero me
esperaba algo más. Aunque la Sra. Watson dijo que iba a ver cambios en el
argumento, aún así pensé que The Royal Ballet haría algo más sorprendente que
esa obra.
Cuando a las siete por fin nos dejaron libres Jack
insistió en enseñarme las instalaciones. No era lo que más me apetecía en ese
momento pero por ser amable le dije que si.
-Y esta es nuestra última parada: el salón de actos-me
dijo, y después abrió la alta puerta marrón, para dejarme ver un gran teatro.
Los colores predominantes eran el rojo y amarillo oro. El
techo estaba muy arriba ya que había unos cinco pisos con palcos, pero mis ojos
no centraron su atención en eso, mis ojos miraban el escenario situado a unos
cincuenta metros, el escenario en el que dentro de un mes y medio estaría
actuando.
-Increíble-fue todo lo que pude decir.
-Lo sé, la primera vez que vine me pregunté qué hacía yo
aquí-caminé por el pasillo ancho que separaban las butacas del lado izquierdo
del derecho y al escuchar lo que dijo di media vuelta-pero después todo se hace
más fácil. Solo tienes que esperar a actuar la primera vez sobre el escenario.
Al principio los nervios te comen por dentro aunque según bailas te olvidas de
donde estas-en ese momento no le creí. Era imposible que te olvidaras de que
había como mínimo mil personas mirándote y que no te podías permitir ningún
fallo.
Subí al escenario y miré al frente. La sensación que invadió mi cuerpo fue indescriptible
-Debería irme a casa. Es tarde-dictaminé después de girar
sobre mi misma un par de veces y darme cuenta de que aquello era real. De que
yo estaba allí.
-Sí, tienes razón. Por cierto, mañana no tenemos ensayos.
La Sra. Watson tiene una reunión importante, pero como saliste tan rápido no te
lo pudo decir-asentí y me coloqué la mochila, donde llevaba mi ropa de ballet
metida, sobre un hombro.
Después de darle las gracias por enseñarme el edificio
entero me despedí y salí por la puerta de cristal. Era bastante tarde, casi las
ocho y no había cenado, y mi estómago rugiendo no lo había pasado desapercibido.
Se notaba que noviembre acaba de entrar. La temperatura
había bajado considerablemente en los últimos meses y no tardaría en empezar a
nevar. Algo que adoraba del invierno era ver las calles cubiertas de nieve, las
familias juntas paseando y esas comprar apresuradas de última hora. Ese
pensamiento me hizo sonreír mientras me adentraba en una pequeña cafetería que
había en la calle por la que pasaba. Me senté en una mesa pegada a la gran
cristalera y esperé.
No había mucha gente dentro, por no decir que solo había
una pareja a un par de mesas de mí. Apenas dos minutos después de sentarme una
camarera me tomó nota. Pedí un chocolate caliente y un pequeño bocadillo de
pollo, lechuga, tomate y mahonesa.
Observaba la calle por la gran cristalera de la cafetería
y no sabía muy bien porque mientras hacía esa sencilla acción sonreía. Cuando
acabé por fin no notaba el vacio en mi barriga y salí después de pagar la
cuenta, un poco excesiva para lo que había tomado.
Paseaba tranquilamente por las calles de Londres para
llegar a mi edificio. No quedaba lejos, solo veinte minutos yendo despacio, por
lo que preferir caminar y disfrutar del aire de la noche.
No había casi gente por la calle y de repente empecé a
escuchar música. Al principio solo era un pequeño sonido, apenas audible, pero
según más me acercaba al final de la calle más fuerte se hacía. Llegué a la
intersección. Solo había tres posibilidades: seguir de frente, ir a la
izquierda o a la derecha. Esta última es de donde provenía la música, no sabía
si debía hacer lo que iba a hacer pero giré a la derecha. Caminé sin rumbo,
solo estaba guiada por el sonido que cada vez se hacía más claro. Llegué a la
esquina y seguí por ahí. Empecé a ver personas todas juntas formando un
círculo. Usaban ropa ancha y sus pantalones dejaban ver más de la mitad de su
ropa interior. Horrible fue la palabra que me vino a la mente. Mi cabeza me
decía que tenía que alejarme, que me estaba metiendo en la boca del lobo, pero
yo no le hice caso, solo seguí.
Cuando menos lo esperé la canción estruendosa paró y el
pánico me invadió al ver como un hombre alto, moreno y con el pelo alborotado se
giró y una sonrisa de lo más asquerosa salió de sus labios al verme.
-Hola, preciosa-me dijo y solo eso me hizo temblar.
-Yo… yo creo que me he confundido de camino-di media
vuelta para poder salir de ahí lo más rápidamente posible, pero fue en vano.
Una mano agarró mi muñeca con fuerza haciéndome soltar un gruñido de dolor. Con
un movimiento brusco tiró de mí y me pegó a su cuerpo. Su dedo se paseaba por
mi mejilla lentamente.
-¿Qué hace alguien como tú por aquí?-me revolví incómoda
en su agarre mirando por el rabillo del ojo su sonrisa burlona y su dedo seguía
moviéndose, ahora en mi cuello-¿Te ha comido la lengua el gato?-escalofríos recorrieron
mi cuerpo y miré al frente. No había nadie ¿Cuándo se habían ido todas las
personas que antes estaban allí?
-Déjame irme-conseguí decir, después de que en los
primeros intentos las palabras se me quedaran trabadas en la garganta.
-¿Por qué? Solo acabamos de empezar-escuchar eso solo
aumento el miedo que corría en mi interior y él volvió a apretar el agarre en
mi muñeca, produciendo un pequeño grito de mis labios. Su dedo trazaba una
línea imaginaria por mi cuello.
Cerré los ojos, rezando porque alguien viniera y me
ayudara. De repente su dedo dejó mi cuello y me permití, por un momento, soltar
un suspiró, pensando que eso se había acabado. Pero entonces fue su mano la que
colocó en mi garganta, apretando ligeramente. Noté como juntaba su nariz a mi
pelo, oliendo profundamente.
-Tienes un buen olor-tragué saliva mientras mi miedo
aumentaba por momentos.
-Suéltala-pronunció una voz grave y ronca detrás de mí.
Me quedé helada y mi opresor soltó un gruñido, inconfundiblemente
estaba molesto porque le interrumpieran. Sin embargo en mi cuerpo no se podía
registrar ningún tipo de sentimiento. Dio media vuelta conmigo, pero no pude
levantar la cabeza ya que su mano haciendo presión en mi nuca me lo impedía.
-Ya viene Styles a salvar el día-¿Styles? Ese apellido o…
nombre, lo que fuera, me sonaba, aunque no sabía de qué exactamente.
-Te he dicho que la sueltes-su voz no era la misma que
antes. Retenía furia y entonces sentí todavía más miedo por ese hombre desconocido.
La persona que me
tenía agarrada me soltó la muñeca y el cuello, me cogió del brazo y bruscamente
me empujó hacia delante, haciéndome caer en el suelo. Aún sin levantar la
cabeza.
-Solo por esta vez-dijo y acto seguido escuché pasos
alejarse.
Me atreví a mirar al chico que había conseguido que el
otro se marchara y me dejara libre. Alcé la cabeza y entonces me arrepentí de
hacerlo. Era el chico de la fiesta. Pude comprobar el profundo color verde de
sus ojos, esos que me habían mirado. Los
rizos despeinados llenaban su cabeza y una sonrisa cruzaba sus labios. Había
cambiado el traje por unos tejanos ajustados con una camisa a cuadros azules y
una chaqueta verde que tenía pinta de ser calentita.
Tambaleándome intenté levantarme del suelo y la mano del
chico rizoso agarró suavemente mi brazo ayudándome a volver a estar sobre dos
piernas. Cogí la mochila que estaba a un metro de mí y la colgué de mi hombro.
-¿Estás bien?-su tono de voz había vuelto a ser el grave,
ronco y tranquilo de la primera vez que lo había escuchado.
-Sí-contesté segura-gracias, creo. Yo me tengo que ir, ya
es tarde y… Adiós-estaba nerviosa y no sabía por qué.
Para mi sorpresa el tal Styles me soltó y me dejó caminar
libremente.
-No creo que sean horas para que andes sola por ahí-estaba
dándole la espalda cuando dijo aquello, así que me paré en seco y volví a
mirarle.
-Puedo cuidarme solita-le repliqué y una pequeña
carcajada salió de sus labios que mostraban una sonrisa pícara. Di un par de
pasos hacía él y me quedé mirándole. Sus brillantes ojos fijos en los míos.
-Eso me lo has demostrado hace menos de dos minutos-su
tono burlón me desesperó y puse los ojos en blanco.
-Imbécil-fue todo lo que salió de mi boca antes de volver
a retomar mi camino.
-Te dije que nos volveríamos a encontrar, Allison.
Me paré pero sin volverme, solo me quedé ahí quieta, como
una estatua, con los ojos abiertos de par en par.
Había sido él.

Dios! Cómo la dejas así?!
ResponderEliminarEstoy que me muero de la intriga!..
Asique sube más suuper pronto, si?
Besos
Cuídate ;)