lunes, 20 de mayo de 2013

Capítulo 8



<<Te voy a recoger cuando salgas del ensayo>>

Puse los ojos en blanco, podía ir caminando solita y él podía esperar a que yo llegara a casa en el portal. Creo que me estaba empezando a arrepentir de haberle dado mi número a Styles, para algo que no sabía de mi vida privada, pero era la mejor forma de mantenernos en contacto cuando, ayer, aceptó enseñarme a bailar a su modo y no al mío.

Sí, posiblemente, me iba a arrepentir.

-¿Pasa algo, Ali?-levanté la cabeza-¿No te gusta?-señaló con el tenedor mi plato lleno.
-No, no es eso. Es que me acaban de enviar un mensaje-sonreí y comencé a comer.

Jack hablaba y hablaba, pero yo estaba perdida en otro mundo, apenas prestaba atención a lo que decía, solo asentía y sonreía. Mi cuerpo estaba allí, pero mi mente… No lo sabía. Ni siquiera estaba pensando en los ensayos que después haría. Nada me parecía coherente y me frustraba no saber que me confundía tanto. Lo odiaba.

Intenté interesarme por lo que decía la persona con quien compartía mesa, pero el problema es era precisamente ese: que no me interesaba. Creo que me estaba hablando de su infancia en Dublín. De vez en cuando hacía alguna aportación de lo que escuchaba salir de su boca.

-¿Allison, te encuentras bien?-agradecí estar haciendo caso en ese momento al monologo que estaba teniendo él.
-Sí, perfectamente.
-Me estas mintiendo.

Apoyé el codo en la mesa y puse la palma de mi mano sobre mi barbilla, mirándole. Al final, suspiré. Tenía razón: le estaba mintiendo y eso no servía de nada.

-Vale-acepté. Dejé caer los hombros y él se inclinó un poco hacia delante, atento a mis próximas palabras-Grace, ayer, me dijo que no podía estar tan tensa cuando bailaba, que si seguía por ese camino perdería el papel.

Su cara cambió, pero el sentimiento que en ese momento corría por su cuerpo no pude descifrarlo.

-Queda poco más de un mes, si le da tu personaje a otra persona… Sería un descontrol.
-Se la veía muy convencida-me encogí de hombros y con el tenedor jugué con la comida sobre el plato.
-Allison, no te preocupes. Recuerdo cuando yo estaba igual que tú, cuando era el nuevo. ¡Mírame ahora!-sonreí-no dejes de hacer eso.
-¿El qué?-fruncí el ceño.
-Sonreír.

***
-Confió en ti, Jack-le dije antes de tener que hacer el primer levantamiento de la obra.
-Si tú saltas, yo salto-me llevé la mano a la frente, negando con la cabeza, divertida por el momento Titanic.
-Idiota-reí, y antes de que lo pudiera pensar, empecé a correr el par de metros que nos separaba.

Sus manos cogieron mi cintura con fuerza, pero sin ejercerme daño, y después me vi en lo alto. Mi pie derecho doblado, tocando la rodilla de la pierna opuesta. Muy despacio, Jack me fue bajando. Su cara pasó a escasos centímetros de la mía y pude ver la sonrisa que se mostraba en sus labios. Cuando las puntas de mis pies tocaron el suelo giré. Una… dos… tres veces, y entonces paré.

-Muy bien, chicos. Me ha gustado-opinó Grace cuando tuvo nuestra atención, después me miró seria-Allison, recuerda lo que te dije ayer-suspiré y noté unos brazos en mis hombros, acariciándolos.
-Has estado mejor, no te preocupes.
-Gracias, rubio-él se rió y negó con la cabeza.

Después de seguir practicado ese paso unas cincuenta veces más nos dejaron libres. Pasaba media hora de las siete. Harry debía llevar esperando un buen cacho. Maldije por lo bajo y salí del estudio hacia los vestuarios a todo velocidad. Me duché y cambié en un tiempo record. Aunque no sé para que me había duchado, si luego iba a ponerme a bailar con Styles. Bueno la verdad era que si lo sabía: no quería ir por ahí sudada. Era asqueroso.

Bajé las escaleras dando saltitos y en el vestíbulo me despedí de Kate. Empujé la puerta de cristal que daba al exterior y cuando el frío chocó conmigo un escalofrió me recorrió. Miré a los lados, buscándole, pero nada. Bufé y escuché un silbido muy fuerte que provenía justo de delante de mí. Miré y ahí le vi, con su moto en la zona reservada para los profesores de The Royal Ballet. Negué con la cabeza, sonriendo.

-Amor, ¿qué estás ciega?-recorrí  el espacio que nos separaba.
-Esta zona es reservada, ni me paré a pensar que habías aparcado aquí. Pero claro, eres tú…-puso su mano en mi barbilla, haciendo un poco de presión para levantar mi cabeza. Dio un pequeño beso en mi mejilla que me erizó el pelo y luego se acercó a mi oído.
-Espero que eso sea bueno-susurró.
-¡Ali, un momento!-aún aturdida y con la sonrisa de Styles grabada en mi mente me giré hacia Jack-este sábado voy con unos amigos a un club ¿Quieres venir?-me preguntó.
-Por supuesto-contesté animada-pero ¿puedo llevar yo a un par de amigos?
-Cuantos más mejor-me abrazó-nos vemos mañana-llevó su mano a la frente y me hizo un saludo militar antes de darse la vuelta y marchase.
-Por lo que veo el imán de idiotas todavía funciona-dijo Styles con voz tensa. Le noté bastante pegado a mí y entonces di media vuelta. Quedando cara a cara.
-Si no fuera así, tú no estarías aquí-me dio una sonrisa torcida y con la cabeza señaló el casco que había sobre el asiente trasero. Era negro, con dos flores plateadas pequeñas en el lado derecho-¿Y esto?-dije cogiéndolo.
-Lo compré para ti ¿Te gusta?
-Es genial. Pero yo nunca te vi utilizando casco, y la última vez que subí tampoco lo puse.
-Es que yo no utilizo casco, pero no te voy a volver a dejar montar en una moto sin él, solo aquella vez porque había prisa. Pero, Allison-contuve la respiración al escuchar mi nombre salir de sus labios-si te pasara algo por mi culpa…-negó con la cabeza y después cogió el casco y me lo puso-sube.

Cuando él se colocó delante me volví a aferrar a su barriga y apoyé lo que sería la frente del casco en su espalda. Le escuché reírse ligeramente antes de que el rugido del motor sonara por encima de su carcajada. Me pasé todo el camino hasta el apartamento pensando en lo que había dicho. Se preocupaba por mí, eso era adorable. ¡Espera! No podía acabar de pensar que Styles era adorable. No, no y no.

Cerré los ojos y la moto paró, pero no se apagó el motor por lo que deduje que estábamos en un semáforo. De repente sentí una mano sobre la mía y poco a poco sus dedos se fueron entrelazaron con los míos, pero una frase entró en mi mente. “Si te tengo que enamorar para que estés en mi cama una noche, lo voy a hacer.”  Me negaba a ser una más, para él o para cualquiera. Aparté mi mano, colocándola justo encima de la suya, y poco después sentí como nos volvimos a poner en marcha. Como la primera vez perdí la noción del tiempo, la sensación de adrenalina y libertad que me proporcionaba estar subida en una moto me llevaba a otro sitio, a uno del que no quería volver.

-Amor, ya hemos llegado, puedes soltarme-dijo con cierto tono de humor en la voz.

Hice lo que había dicho y quité de su barriga mis manos, llevándolas al casco y sacándomelo. Sacudí mi pelo, intentando que no pareciera muy despeinado. Sin embargo, imaginé que no sería así.

-Eso fue sexy-gruñó. Puse los ojos en blanco, reprimiendo la sonrisa que quería aparecer en mis labios, y me bajé de la moto.
-Toma-le tendí el casco.
-Es tuyo, no me lo des.
-No puedo aceptar esto.
-Claro que puedes. Qué parte de “lo compré para ti” no entiendes. Es tuyo-repitió.
-Es que….
-Calla y acepta mi regalo-resoplé y empecé a caminar hacia mi portal, con el casco debajo de mi brazo. Di media vuelta.
-¿Piensas quedarte ahí todo el día?-alcé las cejas y retomé el camino cuando vi como se bajó de la moto.

Abrí la puerta de portal y esperé unos segundos a que Styles entrara. Empezamos a subir las escaleras en silencio cuando una duda me invadió.

-¿Me dirás algún día cómo conseguiste la información que sabes sobre mí?-él me miró y se paró, quedando a un escalón por debajo de mi.
-Algún día-aceptó.

***
-Así que esta es tu sala de baile-dijo girando sobre sí mismo.
-Exacto.
-Me gusta, me hace sentir cómodo.

Me sorprendió oír salir esas palabras de él, pero sonreí sin que lo viera. Se acercó a la esquina donde se encontraban mis zapatillas rosas, las que solo utilizaba en esa sala.

-Están muy gastadas.
-Lo sé-bajé la cabeza, recordando la primera vez que las vi y sobre todo que pies las llevaban puestas-eran de mi madre-murmuré, con lágrimas en mis ojos.

Harry se debió dar cuenta de mi voz rota, pues me vi envuelta en un abrazo protector.

-Yo…
-No digas nada. Algún día te contaré la historia.
-¿He escuchado bien? ¿Has empezado a confiar en mí?-me cogió por los hombros y se separó, mirándome fijamente a los ojos, como intentado saber si hablaba en serio.
-Creo que me lo he pensado mejor-se rió como un niño pequeño y me volvió a parecer adorable. ¡Mierda! No quería pensar eso. Decidí cambiar de tema rápidamente-¿Seguro que no quieres comer nada?-qué ingeniosa, Allison. Él resopló.
-Ya te dije, mientras tú estabas cenado, que no. Venga, vamos a bailar.

Puso las zapatillas donde antes se encontraban y luego se fijó en mis pies que ya estaban de puntillas, no justo sobre los dedos porque eso sin el calzado adecuado, que él había apartado, no podía hacerlo.

-Amor, baja los pies-frunciendo el ceño hice lo que me pedía-¿Sabes bailar contemporáneo?-asentí, había dado también clases de eso y muchas veces lo bailaba en casa, la verdad era que me encantaba-pues ya tenemos la mitad del trabajo hecho. Mira-se sentó en el suelo y me hizo una señal para que hiciera lo mismo-el baile se basa en sentir cada movimiento, no tienen que ser forzados. Con ellos tienes que transmitir tus sentimientos a las personas que te ven. Si quieres que piensen que eres frágil, los movimientos tienen que ser lentos y suspendidos. Que por el contrario quieres parecer fuerte, lo consigues con movimientos marcados.

Me asombró lo mucho que él sabía, o aparentaba saber.

-¿Cómo…?
-Trabajo en Pinneapple, amor.

Vale, este chico sabía de lo que hablaba.

-¿Qué enseñas?-me interesé.
-Fundamentalmente Break.
-¿Y entonces que sabes de contemporáneo?
-Más de lo que te piensas.

El misterio que le envolvía me cautivaba. Se abría a mí en algunos aspectos, pero otros era como si ni siquiera me dejara mirar por el hueco de una puerta medio abierta. Esperaba que aquello solo fuera temporal, algo en mi interior quería saber más del chico con el pelo rizado.

Se levantó y me tendió la mano. Como si yo fuera una pluma me levantó, pero eso supuso que con por el impulso su cara quedara cerca, muy cerca de la mía. Notaba su respiración chocar con mi piel, y su mirada fija en la mía. Su mano en mi muñeca, fue bajando hasta poder coger la mía y esta vez fui yo la que enredó sus dedos y los míos. Sonrió, sus hoyuelos apareciendo.

Algo dentro de mi cabeza se encendió, como un interruptor que hacía “click”

-Styles-susurré, soltando su mano-será mejor que empecemos.
-Claro… -dijo mientras se separaba de mí.

Sacudió su cabeza y sus rizos cayeron rebeldes por su frente. Se quitó la sudadera verde que llevaba, dejando al descubierto una camiseta negra que marcaba sus trabajados músculos.

-Pues tú dirás, señor Styles-me miró mal y tomó aire, como si estuviera pidiendo paciencia, lo que hizo que me echara a reír escandalosamente.
-Me lo vas a poner difícil, ¿verdad?

No sé si esa frase contenía un doble sentido, pero yo lo saqué.

-Sí.

Le vi caminar hasta el estéreo de la sala y encenderlo. Las notas de piano de Skinny Love invadieron la sala.

-Deja que te guie-asentí, cautivada por lo ronca y lenta que su voz se había vuelto y que con la mezcla de la música te transportaba a otro lugar-cierra los ojos-lo hice y poco después le sentí en frente de mi. Su mano se apoyó en mi cuello-inclínate hacia atrás, despacio-su otra mano viajó de nuevo a la mía, y cuando ya tenía el cuerpo echado hacia atrás, con un suave tirón me hizo volver hacia arriba. Giré, pero yo no dejaba de notar su cuerpo junto al mío-ahora, confía en mí-lo haría, solo esa vez confiaría en él-junta las piernas-luego noté como sus brazos pasaban por detrás de mis rodillas y me daban una vuelta en el aire.

Mi corazón se paró durante ese corto periodo de tiempo. Jamás había hecho algo parecido, y menos con los ojos cerrados. Abrí los ojos y me vi justo en frente del espejo. Él estaba detrás de mí con sus manos en mi cintura. Sus rizos en mi mejilla. Sus labios en mi oído.

-No lo haces nada mal.
-Otra vez-le vi sonreír y se separó-está vez con los ojos abiertos.
-Como quieras.

Lo repetimos, algo más rápido, de tal manera que se acompasara con la música. Nos pasamos media hora bailando. Con pasos nuevos Harry me obligaba a cerrar los ojos, con la excusa de que así me dejaría llevar mejor. No sé si eso era cierto, pero aseguro que si se sentía de otra manera.

-¿Te puedo preguntar algo?-me dijo sentando en el suelo de la sala, al igual que yo.
-Claro.
-¿Qué problema tienen contigo si lo haces casi perfecto?
-Dicen que soy muy tensa en mis movimientos-él frunció el ceño, no parecía conforme con lo que había dicho, pero después se levantó muy convencido, y sin darme tiempo a reaccionar, se echo encima de mí, haciendo que mi espalda  chocara con el suelo. Mi respiración rápidamente se aceleró y puede comprobar como el verde de sus ojos se fue tapando por su pupila-¿qué… qué haces Styles?-rió.
-Ahora sí estás tensa, no cuando bailas.

En ese mismo momento le odiaba por ponerme nerviosa. No me gustaba la reacción que podía causar en mí cuando se lo proponía, y el problema es que se lo proponía cada poco tiempo. No sé de donde saqué la fuerza y el coraje, pero con mis dos manos le empujé hacía atrás por lo hombros, haciendo que entonces fuera yo quien estuviera encima de él.ç

-¿Y ahora qué?-dije irónicamente, pero él se volvió serio. Como odiaba esos cambios de humor.

Su dedo recorrió lentamente mi mejilla, mi cuello, mi escote… Y cerré los ojos, dejando de pensar en otra cosa que no fuera en él.

-Sigues estando tensa, amor.

Me levanté rápidamente, bajo las pequeñas carcajadas de Styles.

-Eres insoportable
-No te equivoques de palabra. Soy irresistible. Búscalo en el diccionario, es mi clara descripción-me guiñó un ojo, al mismo tiempo que el timbre del apartamento sonaba.
-Mira, estoy segura de que eso te sirvió con June, pero yo no soy así-le lancé un beso y salí de la sala hacia la puerta. La abrí y una Evelyn estresada entró al piso.
-Acabo de ver la moto de Styles abajo y pensé que querrías saberlo. A lo mejor te está espiando o algo… y…

Claro, a Eve no le había contando nada. Me hice una nota mental: no olvides mantener a Evelyn al corriente de tu vida.

-Había oído muchas cosas de mi ¿Pero espía? Eso es nuevo-apareció por el pasillo.
-Pero tú…-le señaló-vosotros…-me apuntó a mí con el dedo índice de su otra mano-¿qué está pasando aquí?
-Me está enseñando a bailar-creo que mis palabras lo único que hicieron fue confundirla aún más.
-Y yo ya me tengo que ir. Por cierto no vuelvas a comparar a June contigo, amor. Mañana voy a recogerte. No olvides el casco-besó mi cabeza, un gesto que me dejo un poco descolocada y despeinó a Eve.
-Espera, no hace…-cerró la puerta-falta-terminé.
-Desembucha. 

martes, 14 de mayo de 2013

Capítulo 7


Metí mi dedo pulgar en mi boca, y quité con la lengua la gota de chocolate derretido que había en él. Quizás esto de ir por Picadilly con un helado, en pleno noviembre, no fuera muy normal, pero me daba igual. Adoraba el helado, no importaba la época del año que fuera.

-Entonces, a ver si lo entiendo. Te llevó a cenar, y fue un perfecto caballero contigo, pero en el postre dijo los años que tenías y cuando naciste, le dijiste que te llevara a casa y…-se paró y me miró directamente a los ojos- ¿Y qué? ¿Se acabó? ¿Así?  ¿Sin más?-me reí de su cara confusa.
-¿Qué más quieres Eve?
-Pues no sé: un beso, una buena despedida, un te echaré de menos. Algo más.

Negué con la cabeza divertida, mientras tiraba la tarrina de helado vacía en una de las papeleras que había por la calle.

-No, Eve, no hay nada más-ella bufó-de verdad que no sé qué te esperabas. Esto no es un cuento de hadas. Lo más normal cuando te encuentras a alguien que sabe todo de ti, es tener miedo y separarte de esa persona.
-Ya… pero no sé. En fin, tengo ensayos y tú también ¿Nos vemos por la noche?-asentí sonriendo y, a modo de despedida, nos abrazamos. Poco después Evelyn estaba corriendo hasta la estación de metro. La quería, la quería mucho. Suspiré y di media vuelta.

Para mi ensayo aún quedaba hora y media, así que tenía bastante tiempo para ir caminando tranquilamente. Saqué el móvil del bolso y coloqué los cascos en mis orejas. Busqué por mi lista de reproducción, nada concreto. Así que al final opté por lo que hacía siempre: aleatorio.  Puse el volumen al máximo y Sparks Fly comenzó a sonar cuando le di al botón de play. Cerré los ojos un par de segundos, esa canción me encantaba. Era perfecta para cualquier estado de ánimo.

Mi paso tranquilo por la calle daba a entender que no tenía prisa ninguna. Sin embargo, si no apresuraba no llegaría a tiempo al ensayo. Es cierto que quedaba algo más de una hora, pero el edificio de The Royal Ballet quedaba a más o menos media hora caminando despacio, y la mochila cargada a mis hombros me hacía recordar que también tenía que cambiarme.  Seguí mi camino, y aunque mi mente me decía “tienes que ir más rápido”, mis piernas no hacían nada por apresurar mi paso.

Me reí sola, y no sabía porque, pero algo me hacía gracia. A lo mejor era el hecho de que todo había vuelto a la normalidad, o solo que era tonta y no lo sabía. Optaba por la segunda opción.
Cuando estaba en Leicester Square alguien que venía detrás de mí, chocó accidentalmente conmigo. Por suerte para mí, no caí al suelo.

-Vaya, lo siento mucho, yo…-se paró un segundo, el tiempo que tarde en mirarle la cara- ¿Allison?
-Jack-sonreí, y me quité los cascos de los oídos.
-No sabía que vivías por aquí.

Eso era lo normal, no saber donde vivía, porque en ningún momento se lo había dicho. Hice una mueca, que Jack no percibió, al darme cuenta de la dirección que mis pensamientos habían tomado.
Volvimos a retomar el camino. No hacía falta preguntar a dónde íbamos, pues los dos teníamos ensayos en el mismo sitio.

-Y no lo hago, pero estuve con una amiga dando una vuelta y me quedaba cerca.

Hablamos durante el camino a nuestro destino. Conociéndonos algo más, pues yo sabía muy poco de él, y viceversa.

Jack no era de aquí, sino de Dublín. Pero cuando cumplió su mayoría de edad se mudó a Londres, solo, para poder ser bailarín profesional, y la suerte estuvo de su parte, pues Grace le vio bailar y le quiso para su compañía.

-Bueno, hemos llegado-dijo, cortando la conversación sobre nuestros gustos de repente.
Alcé la cabeza, para encontrarme con el imponente edificio blanco y suspiré.
-Así es.

Me acerqué a la puerta de cristal y la abrí, pasando los dos al vestíbulo. Saludé a Kate, la recepcionista, como hacía desde que había entrado a trabajar allí, y me fui quitando el abrigo marrón, mientras subía las escaleras hacía los vestuarios con Jack a mi lado. Cuando llegamos y yo ya tenía el pomo de la puerta en mis manos, la voz del rubio me detuvo de entrar al pronunciar mi nombre.

-¿Qué pasa?-pregunté con el ceño fruncido.
-Quería decirte que hoy, cuando estés bailando-se acercó, hasta casi tenerle completamente pegado a mí-relajes esta parte del cuerpo-con su mano tocó suavemente el interior de mi muslo, e instantáneamente me tensé-no te pongas nerviosa. Solo es un consejo-sonrió y se alejó, poniendo entre los dos una distancia de seguridad. Me guiñó el ojo y le vi desaparecer por la puerta del vestuario masculino. Vale, ¿qué acababa de pasar?

El vestuario estaba completamente vacío, me imaginé que las chicas ya estarían cambiadas, lo que me hizo tener que ir aún más rápido. Cuando acabé de ponerme unos leggins negros, una camiseta holgada amarilla y mis zapatillas de ballet, salí de ahí a paso ligero. No iba a llegar tarde, pero tampoco quería ser la última en entrar a la sala.

Estudio  4

Había llegado. Entré y, como siempre, toda la sala dirigió sus ojos curiosos a la persona que acababa de abrir la puerta. Estaban todos sentados en el suelo, pero la Sra. Watson aún no había llegado. Así que hice lo mismo que los demás, me senté. Justo en el instante que la aguja más larga del gran reloj redondo, colgado en la parte superior de una de las cuatros paredes, llegó al doce, la puerta del estudio se abrió dejando a ver a una Grace muy sonriente, demasiado diría yo.

-Viene muy contenta-susurró Jack a mi lado, y yo asentí levemente. Ni siquiera me había dado cuenta de que le tenía junto a mí.
-Bueno, chicos, hoy tenemos muchas cosas que hacer-creo que incluso el tono de su voz había cambiado. Seguía siendo un poco cortante, pero no tanto como veces anteriores-Jack, Allison, venid aquí-fruncí el ceño y fui dubitativa hasta posicionarme a su lado izquierdo, mientras que Jack se puso en el derecho, dejando a la Sra. Watson en el medio. Nos puso una mano sobre los hombros a los dos y nos miró, sin quitar esa sonrisa, que me estaba empezando a poner nerviosa, de la cara-tengo una gran noticia. Es muy probable que la reina, Isabel II, venga a ver nuestra obra.

Giré la cabeza hacia la izquierda, en un movimiento muy brusco ¿La reina? ¿Qué? Eso significaba más presión aún. Tomé aire profundamente un par de veces, con los ojos cerrados, y me mentalicé de que no ocurría nada, que solo era la reina, y que todo iba a salir estupendamente bien.

-Perfecto, ya podemos empezar.

Nos dio unas palmaditas suaves en la espalda y seguimos donde lo habíamos dejado la semana pasada: el primer acto. Intenté hacer caso del consejo que me había dado Jack, y la verdad era que mis movimientos ya no eran tan rígidos, pero aún así no eran perfectos. Saber eso me frustraba. Mucho.

A las siete nos dejaron libres, tal y como marcaban los horarios, y cuando me dirigía a los vestuarios para poder cambiarme, Grace pronunció mi nombre, lo que me hizo girarme para comprobar que quería.

-Tengo algo que decirte-comentó, mirándome seria. Cualquier rastro de la adorable señora que había sido en los ensayos había desaparecido, y temblé.
-Sí, claro. Dígame-me atreví a decir.
-No sé qué habrás hecho este fin de semana, pero has mejorado-solté un inaudible suspiro y relajé mis hombros-aún así, has de saber que te queda mucho camino, y que si dentro de poco no veo esos cambios tendré que dar tu papel a otra persona. No nos podemos permitir ningún fallo. Tienes que aprender a relajarte cuando bailas, Allison-asentí apretando mis labios en una fina línea.
-Veré lo que puedo hacer.
-Eso no me sirve, quiero cambios y los quiero ya-dicho eso, dio media vuelta y se fue alejando, haciendo ruido con sus altos tacones en el suelo del pasillo. Dejé escapar el aire que tenía contenido cuando desapareció por la esquina.

Estaba claro que relajar el muslo no era suficiente, tenía que hacer algo si quería conservar mi puesto en esa compañía, y desde luego eso era lo que quería. De camino a los vestuarios para poder cambiarme mi mente estuvo estudiando las posibilidades que tenía. Ninguna se me ocurría. Quizás Eve me podía enseñar cómo ser más suelta, pero la única vez que probamos algo parecido fue un completo desastre.  Bufé.

Una vez cambiada, salí del edificio sin ninguna solución.

-¡Ali, espera!-de mala gana me paré. Lo único que quería era volver a casa y darme un baño de agua caliente.
-¿Qué pasa, Jack?
-Baja esos humos, pequeña-me dio un ligero toque en la nariz con su dedo y me hizo arrugarla y soltar una diminuta sonrisa-así estás más guapa-negué con la cabeza.
-¿Querías algo?-pregunté sin dejar de sonreír, lo que parecía hacerle gracia a él.
-Sí, me gustaría saber si te apetecería…-antes de que pudiera acabar de hablar me distrajo una voz detrás de mí.
-Amor-me giré bruscamente para encontrarme, a unos metros de mí, a una pareja unos cinco años mayor que yo, hablando entre ellos alegremente.

Tenía la solución al problema.

¡La tenía!

-¿Ali, estás ahí?-volví a girarme para verle.
-Sí, lo siento, tengo prisa.
-¿Eso es un sí?-entrecerré los ojos mientras ladeaba la cabeza-Si te gustaría comer mañana conmigo antes del ensayo, yo invito.
-Claro.
-Pues a la una en Harrods-asentí y rápidamente me despedí para irme a la estación de metro más cercana.

Tenía una ligera idea de adonde tenía que ir, pero solo era una corazonada. Era el único lugar donde podía encontrarle, sino estaba allí toda oportunidad de quedarme en The Royal Ballet desaparecería.
Por el camino le mande un WhatsApp a Eve para decirle que llegaría tarde a casa, que no se preocupara. Me la conocía como la palma de mi mano, y si no avisaba se pondría histérica. Aunque no viviéramos en el mismo apartamento siempre, o casi siempre, cenábamos juntas.

Miré Internet para ver la línea me llevaría hasta el destino que quería, por suerte era una de las que pasaba cada poco tiempo. Cuando llegué a la estación me compré una bolsa de golosinas a todas prisa. Eran las siete menos cuarto, tenía hambre.

Tuve que correr unos metros para no perder el tren, pues ya estaba en la vía cuando a mi me quedaban unos cuantos metros para llegar. Me senté un sitio libre y me fui comiendo poco a poco las gominolas, la mayoría eran corazones y pulpitos, desde que había descubiertos estos últimos era una completa adicta a ellos.

Media hora después bajé del tren y recé para que mi corazonada fuera cierta. Tal y como había buscado en Google el tren me había dejado a una sola calle de la plaza de las batallas. Con el pulso acelerado caminé hacia ella.

Me quedé quieta en una de las entradas y observé el gran círculo rodeado de bares. La última y única vez que estuve aquí, era de noche y no pude apreciar cómo era. Pero el suelo estaba hecho de piedra en diferentes colores de marrón, no había ningún banco y no era nada acogedor. Ese lugar parecería desértico si no fuera por una chica pelirroja, de pelo largo y rizado, que se encontraba allí con su móvil, me pregunté qué hacía sola ahí.

Suspiré, no quería preguntar pero la única forma de encontrarle, y todo el mundo le conocía, por lo menos eso era lo que parecía, así que era mi oportunidad.

-Perdona-dije cuando estuve a su lado, tocando su hombro izquierdo con una de mis manos.
-¿Si?-hice una mueca ante su cara de fastidio y su tono borde, pero un segundo después me di cuenta de esa voz me sonaba, me sonaba mucho ¡Claro! Estaba hablando con la chica que anunciaba por el megáfono las batallas. Por fin le ponía cara.
-Quería preguntarte si sabías donde está Harry, Harry Styles-ella rió.
-Vuelve a tu casa, niña pija.

Genial, pensé. Me tocaba la “dura” del grupo.

-Te he hecho una pregunta-repliqué.
-Joder, que pesada… Un momento-entrecerró los ojos y me miró como si yo fuera un bicho raro-tú eres la que le pego una ostia ¿Verdad?-abrí los ojos y pestañeé sorprendida, después asentí-eres mi ídolo.
-¿Cómo?
-Ya era hora de que alguien le pusiera las cosas claras-se encogió de hombros y después sonrió, dejando a la vista unos perfectos dientes blancos-no suelo dar esta información, pero ¿ves aquel bar?-señaló uno en el que encima había un cartel verde, en grandes letras blancas se leía “Morgans”-está ahí.

Un soplo de esperanza me invadió.

-Gracias-dije antes de ir caminando, casi corriendo, hasta el bar.

En la puerta los nervios salieron a florecer, y cuando mi mano entro en contacto con la superficie fría de ella, casi exploto. Todavía podía dar la vuelta. Al fin y al cabo yo había sido la que había querido que desapareciera de mi vida, pero necesitaba su ayuda. Por mucho que odiara admitirlo: le necesitaba. 

Cogí aire y sin pensarlo más empujé la puerta.

El bar en cuestión, era un tugurio. Apenas había luz, aunque fuera ya era de noche. Las paredes estaban pintadas en un color oscuro, verde creo, que solo hacía que el bar pareciera aún más oscuro. La barra parecía hecha de roble, con varios taburetes altos delante de ella. También había unas cuantas mesas esparcidas sin ningún tipo de orden. Se escuchaba música, pero eran tan baja que no pude reconocer la canción, aunque pienso que aunque la escuchara tampoco sabría cual era. Había unos cuatro hombres y tres mujeres, a primera vista. Observé atentamente el lugar buscando a Styles. En menos de un segundo divisé una cabeza rizosa en el extremo izquierdo de la barra, y me dirigí a paso firme hasta ella, obviando los ojos curiosos de las personas que se encontraban allí.

-Styles.

Él se giró, dejándome ver una copa con un líquido transparente, que seguro que no era agua, en su mano derecha y una chica rubia tras él. Me miró confundido, y yo intenté estar lo más seria posible.

-¿Amor?

No entendía por qué me alegraba que utilizara el apelativo y no mi nombre, pero lo hacía y me hizo sonreír.

-Necesito tu ayuda.
-¿En qué lio te has metido?-eso me hizo ensanchar todavía más mi sonrisa.
-Oye, que te necesite no significa que sea porque estoy metida en un lio.
-Que bien suena eso. Me necesitas-alcé una ceja y mordí mi labio inferior
-No la cagues-se levantó del asiento y tuve que alzar la cabeza para no poder el contacto con sus ojos esmeralda. Me hizo un movimiento de cabeza hacia la salida y por un momento pensé que me estaba echando, hasta que pasó su brazo por mi hombro.
-Styles-escuché decir por detrás, y él se giró, lo que hizo que yo también, porque no soltó mi hombro-¿Te vas con ella?-preguntó, y pude notar cierto asco hacia a mí.
-Sí, ¿pasa algo?
-Pensé que… No sé, lo de ayer…
-Ayer fue ayer, June. Hoy es hoy.

La rubia me miró, estaba claro que estaba enfadada, y eso me hizo acercarme más al cuerpo de Harry, y él me apretó contra él. Cuando la tal June pasó por mi lado chocó su hombro con el mío, moviéndome hacia atrás, pero Styles consiguió mantenerme en equilibrio.

-Vaya, amor, estás metida en problemas-le miré incrédula, pero él solo tenía esa sonrisa tan característica suya.

Salimos fuera, y todavía no había quitado su brazo de mi hombro, pero cuando el frio de la noche Londinense nos azotó lo quité.

-Ya decía yo que estaba durando mucho-reí-cuéntame ¿Qué pasa?
-Me tienes que enseñar a bailar.
-Amor, siento decirte esto pero… ya sabes bailar-le pegué un pequeño golpe en el hombro.
-No seas tonto, tengo que aprender a no ser tan rígida en mis movimientos.

Él parecía divertido cuando le dije eso, y sus dos hoyuelos se formaron en sus mejillas cuando profundizo la sonrisa.

-¿Y estás dispuesta a que yo, alguien en quien no confías, sea tu profesor?

No lo sabía ¿Lo estaba? ¿Me quedaba otra opción? Caminamos en silencio, mientras yo meditaba la respuesta en mi cabeza. Había ido hasta allí, eso significaba algo ¿no? Me di cuenta de que tenía su moto negra en frente de mí, como olvidarla. Me senté en el asiento de atrás y miré a Styles, quien me observaba detenidamente. Nuestros ojos se cruzaron.

Sonreí.

Ya sabía la respuesta.

-Todo puede cambiar.

lunes, 6 de mayo de 2013

Capítulo 6


Dentro de exactamente diez minutos mi  interfono debería sonar, anunciado que Styles estaba abajo esperándome para pasar juntos la última vez que le iba a ver. Según su promesa.

Saber eso me daba una sensación de tranquilidad que hace mucho no sentía. Todo se iba esfumar con esa noche: los recuerdos de él, las batallas, la policía, la angustia, el dolor… Todo. Y yo volvería a mi tranquila vida, era lo único que quería.

A partir de mañana mi rutina sería la misma: de martes a viernes, ensayos. El sábado libre. El domingo lo ocupaba Tom. Y los lunes, como el de hoy, prefería que fuera espontaneo.

Salí de mi habitación, para encontrarme con unos acaramelados Matt y Evelyn en mi sofá. Carraspeé y ellos separaron sus labios, sonriéndome.

-Sois asquerosos-reí.                             
-Y tú estás preciosa-me contestó Eve.

Llevaba puesto un simple pantalón corto plateado, con una camiseta de tirantes gruesos de color turquesa. Unos tacones del mismo color que esta y una cartera negra, al igual que la chaqueta. Lo más probable era que me congelara al dar el primer paso fuera de mi edificio, pero me gustaba el conjunto y no lo iba a cambiar. Me había pasado la tarde entera buscándolo y, aunque no entendía muy bien por qué, casi me desespero por no encontrar nada apropiado.

Sin embargo, tenía que haberme puesto un simple pantalón vaquero y una camiseta. Él había dicho una cena, nada de tener que ir arreglada, pero algo dentro de mí quería hacer que cuando Harry me viera, se quedara sin palabras, y yo no quería sentir eso. Yo le odiaba, bueno quizás eso era un sentimiento demasiado grande, pero no me agradaba estar a su lado. Siempre acabaría diciendo algo hiriente. Por lo menos, eso fue lo que pasó las últimas veces que le tuve cerca y entablamos conversación. Lo que me deparará esta noche iba a ser todo un reto.

-No me convence nada eso de que te vayas con él a cenar, Ali. No me da buena espina.
-¿Quieres dejar de comportarte como mi padre, Matt? No va a pasar nada.
-Bueno, aún así, cualquier cosa llámame, por favor-asentí.

Cogí el perfume colocado en el mueble de la entrada, Magic Woman. Me eché con delicadeza un poco por el cuello y las muñecas y volví a dejarlo en su sitio.

-Me imaginé que te pondrías un vestido-me dijo Evelyn con una sonrisa-supongo que estaba equivocada.

Me miré y luego me encogí de hombros.

-Yo también lo pensé, pero si voy a ir en moto prefiero llevar pantalón.

En ese momento escuché el pitido agudo del interfono y mi vista se dirigió primero al reloj, y después al aparato que apenas dos segundos atrás había sonado. Mi corazón se aceleró con cada paso que daba hasta él y con mi mano temblorosa lo cogí y lo puse en mi oreja.

-¿Sí?-pregunté tímida.
¿Por qué estaba tan nerviosa? Sabía perfectamente quien era. Con un simple “ya voy” hubiera servido.
-Estoy abajo, amor.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando escuché su voz. Incluso a través del telefonillo pude percibir la sonrisa de su cara, y no estoy muy segura de si eso me enfadó o me tranquilizó. Quizás un poco de ambas. Coloqué el auricular en su sitio y me volví a hacia mis amigos.

Me despedí de Matt y Eve, mientras ellos subían las escaleras, para ir al apartamento de ella, y yo las bajaba.

Fui a un paso lento, deteniéndome un par de segundos en cada escalón. No sabía muy bien porque lo hacía ¿Para ganar tiempo? Eso daba igual. Al fin y al cabo solo retrasaba en el momento de verle, y creo que eso era exactamente lo que pretendía.

Empecé a vagar por mis pensamientos, pero todos acaban en la misma persona. Harry.

Si pensaba en el baile, acababa en la plaza de las batallas. Si pensaba en Matt, me acordaba de que no le caía bien Styles. Si pensaba en Evelyn me venía a la mente que si no fuera por ella, yo, seguramente, no estaría bajando las escaleras para encontrarme con él.

Sin embargo, de alguna manera tenía que acabar esta rara historia con él. Este podría ser nuestro punto final.

-Joder, amor. Estás… joder-el pulso se me aceleró al escucharle, y más cuando lo que dijo había sido aquello.

Estaba tan metida en mis pensamientos, que ni si quiera me había enterado de que ya me encontraba en la calle. Ni el frío que entonces sentía me había hecho darme cuenta de ello.

Observé a Harry. Vaqueros ajustados color negro ligeramente caídos, pero no demasiado. Una camisa blanca, con los dos primeros botones desabrochados, y encima una americana.

Estaba totalmente distinto a como le había visto en la batalla. Ese conjunto le quedaba mucho mejor.
Sus ojos aún no habían encontrado los míos. Estaban mirando mis piernas descubiertas, y un pequeño rubor apareció en mis mejillas. Antes de que el color rojo pudiera ir a más, decidí hablar y captar su atención en mi cara, y no en otra parte de mi cuerpo.

-Gracias, supongo.
-¿Supones?-frunció el ceño, dejando de mirar mis piernas, por fin.
-No estoy acostumbrada a que me digan “Joder, amor. Estás… joder”-hice un burdo intento de imitar su voz, que le produjo una sonrisa. Aunque empezaba a pensar que eso no era muy difícil-me suelen decir “Estás preciosa”-me encogí de hombros.
-Y pensé que el creído, prepotente era yo.
-Añade imbécil a la lista-le contesté en un tono sarcástico.

Iba a ser una noche muy larga.

Me hizo un gesto con la mano y señaló hacia un coche. Un Audi plateado, un R8 siendo más concretos ¿Me quería decir alguien de dónde sacaba el dinero este hombre? Porque barato, lo que se dice barato, ese coche no era precisamente.

-¿No vamos en la moto?
-Pensé que preferirías el coche-se encogió de hombros y apartó la vista de mí.

Sacó del bolsillo el llavero y le dio al pequeño botón rojo, acto seguido el coche hizo un sonido. Se acercó a la puerta y la abrió con la mano derecha, poniendo la izquierda tras su espalda. Me reí de su acto, pero siguiéndole el juego asentí, sonreí y me metí en el vehículo.

El trayecto en el coche solo estuvo ocupado por el sonido de la radio. No estaba segura de que se supone que íbamos a hablar, y tampoco sabía a dónde me llevaría. Me estaba empezando a arrepentir de haber aceptado aquello.

Al cabo de media hora Styles, aparcó su súper coche y bajó para volver a abrirme la puerta.
Una vez en la acera pasó su mano por mi cintura y me pegó a él, pensé en separarme, pero su toqué era extrañamente reconfortante y cómodo.

Había una cola bastante larga para entrar en el restaurante y yo miré a Styles, con el ceño fruncido. Él pasó su dedo suavemente por mi mejilla un segundo y después me guiñó el ojo. Un pequeño cosquilleó se formó en mi barriga que se alargó más de lo que me hubiera gustado.

Entramos al restaurante dejando atrás el cúmulo de personas. La decoración era bastante moderna. Las mesas tenían un mantel de tela blanca y los asientos eran negros. 

El brazo del rizoso me llevó hasta una mesa con forma cuadrada, para dos. Las sillas estaban colocadas una en frente de la otra y los platos, cuadrados también, y cubertería, ya estaban colocados. Incluso el agua estaba servida en las copas.

-¿Tú conoces a mucha gente, verdad?-me atreví a preguntar cuando nos encontramos sentados, y fue una manera de romper el silencio entre nosotros.
-La necesaria-entrecerré los ojos, pero cuando me encontré con los suyos, los volví a abrir.
-Ya entiendo. Tú sabes todo de mí, pero yo no puedo echar un vistazo en tu vida por una simple noche-reproché.

Al escucharme pronunciar eso, su cara se convirtió en una expresión seria al instante. No era la primera vez que le veía cambiar tan rápido de emociones, pero era incapaz de acostumbrarme.

-¿Qué?-pregunté.

Bajó la mirada a su plato y negó con la cabeza. Sentí un nudo en la barriga, era la primera vez que veía a Harry triste, o al menos algo que se le parecía, y tenía la necesidad de volverle a ver sonreír.

Iba a volver a preguntar cuando un camarero se acercó y nos quitó los platos, dejándonos otros con la comida ya puesta. ¿Pero… qué…? Si todavía no habíamos ni pedido.

-Lo pedí yo, cuando hice la reserva. No es la primera vez que vengo. Solo pruébalo. Te gustará-afirmó.

De toda lo que me había dicho, en mi mente solo se repetía: “No es la primera vez que vengo”. No entendía por qué, pero esa frase me molestaba. Seguramente él había traído aquí a otra de sus conquistas, y ahí estaba, sentada con él, en ese restaurante, como tantas otras.

-No es lo que piensas, amor-ladeé la cabeza, dando a entender que no sabía a lo que se refería. Aunque tenía una ligera idea, quería escucharlo de él. Suspiró-eres la primera chica a la que traigo-sonreí y él me imitó. Volvía a ser el mismo.

Fuimos comiendo el primer plato entre risas y bromas. Al final resultó que no iba a ser tan malo como me temía. Es más me resultaba fácil estar junto a él. Quizá Eve tuviera razón y era un buen chico, pesé a su carácter algunas veces.

-Y al final le bajé los pantalones, calzoncillos incluidos-acabé de contarle la historia que me pasó con un chico, cuando tenía quince años. Aunque no incluí el sitio en el que había pasado. El orfanato.
-No me lo creo. Es imposible que tú hayas hecho eso, amor.
-¿Me estás llamando mentirosa?-me dio una sonrisa de lado y asintió.

Observé la mesa con los ojos y rápidamente cogí un pequeño trozo de pan y se lo tiré. Él se rió igual que un niño pequeño y me contagió la risa. Así empezó una guerra de pequeñas bolitas de pan.

-Vale, vale ¡Tregua!-me dijo riendo.
-Está bien, está bien.

Nos trajeron el postre. Era un brownie de chocolate, con helado de vainilla encima y caramelo. Se me hizo la boca agua con solo verlo, pero solo nos trajeron uno. Así que miré a Styles alzando una ceja.

-¿Lo compartes conmigo, amor?-me tendió una cucharilla, la cual atrapé.
-Por supuesto.
-¿Ves? Nos podemos llevar bien.

Cogió el primer trozo del dulce y después me miró alegre. Puso la cucharilla justo en frente de mi boca.

-Pruébalo-sonreí y entreabrí mis labios, dejando paso al brownie.
-¡Dios! Está riquísimo.

Cerré los ojos, deleitándome con el sabor del postre. Realmente estaba genial. Le escuché reírse y volví a visualizarle.

-¿Qué pasa?-pregunté alzando una ceja.
-Tienes chocolate en el labio, amor.

Me ruboricé y pasé mi dedo por la esquina izquierda.

-No, ahí no. Aquí.

Levantó la mano y con su pulgar quitó el chocolate de la esquina opuesta, pero después pasó el dedo, delineando el contorno de mi labio inferior. Mirándolo fijamente. Bajé la vista al plato, tímida por el contacto que acabábamos de tener.

Comimos el resto del delicioso postre en silencio. De vez en cuando levantaba la cabeza para encontrarme a un Harry observándome detenidamente, y, en respuesta,  mis mejillas adoptaban un tono rosado que intentaba esconder con mi largo pelo cuando volvía a bajar la cabeza.

Mi mente se preguntaba por qué me hacía sentir así, tan tímida e insegura de mi misma, por qué se me aceleraba el corazón cuando notaba su mirada encima de mí, y la más importante de todas: ¿Iba a querer que desapareciera una vez que me hubiera dejado en mi portal?

Cuando Styles hubo pagado la cuenta que nos trajeron, me atreví a aguantarle la mirada más de los dos segundos que había conseguido desde que habíamos empezado el brownie. El resultado no fue del todo bueno, pues llevé mis ojos a una esquina del restaurante a los cinco segundos. Ese profundo color verde despertaba algo en mí, y no me sentía cómoda con ello.

-Amor, ¿cuántos años tienes?

Esa pregunta me cogió desprevenida. Es decir, ¿no se supone que sabe todo, o la gran mayoría, de mí?
Negué con la cabeza.

-No te lo voy a decir-dije aún mirando el plato, y pude escuchar como resopló.
-19, naciste el 20 de Mayo-contestó, seguro.

Abrí los ojos de par en par y rápidamente me fije en él. Estaba sonriendo ¿Qué le hacía gracia?

¿Pero cómo lo sabía? Todo esto era un completo laberinto sin salida.
-¿Si lo sabes por qué me preguntas?-mi tono de voz enfadado.
-Quería comprobar si confiabas en mí lo suficiente como para decirme eso-me reí irónicamente.

Todo rastro de un buen final esa noche se había acabado en ese momento. No podía seguir fingiendo que éramos amigos, o intentábamos serlo, cuando él sacaba a relucir todo lo que sabía de mí sin que se lo hubiera dicho.

-Llévame a casa. Esto se acabo aquí. Es hora de que desaparezcas de mi vida-me levanté de la silla y empecé a caminar a la salida.
-No, espera-me alcanzó cuando ya estaba en la calle.

Me cogió la muñeca y me hizo girarme.

-¿Qué hice mal?-preguntó a escasos centímetros de mi cara
-Nada. Pero no puedo confiar en ti. No puedo. Alguien a quien acabas de conocer no espera que lo sepas todo de ella, y es justo lo que pasa. Y cuando me acuerdo de que sabes todo eso de mí, me entra miedo. No sé lo que me puedes hacer y no sé como lo sabes.

Su cara se volvió triste al escucharme decir eso, y soltó mi brazo, alejándose un poco de mí.

-¿Me tienes miedo?-susurró.
-No, pero no confió en ti, y eso es suficiente. Además ¿ese era el trato no? Una cena y desaparecías.
-A no ser que quisieras lo contrario.
-Pero no es lo que quiero.

Su mirada fija en la mía. Nos estábamos retando silenciosamente, y yo no iba a cambiar mi opinión. Lo tenía demasiado claro.

Con la cabeza, Styles me señaló el coche y nos metimos en él. Esta vez sin el detalle de abrirme la puerta, pero eso lo esperaba.

El trayecto, como el otro, fue igual de silencioso. Pero había algo diferente, la sensación de tensión entre nosotros era casi palpable.

 Harry, estaba muy rígido en su asiento, intentado mantenerse lo más alejado de mí. Aunque yo tampoco me quedaba muy atrás. Mi cuerpo estaba completamente pegado a la puerta del copiloto. Y está vez ni la radio se escuchaba.

Miraba por la ventana, viendo las calles pasar solo alumbradas por la luz artificial de las farolas. Me gustaba la noche, si no fuera por la peligrosidad de ella, y más en una ciudad grande como Londres. Pero definitivamente era la parte del día que más me gustaba.

Antes de lo que me esperaba el coche estaba en frente de mi casa.

¿Me despedía o no? ¿Salía del coche sin más? ¿Le decía algo más?

Miré a Styles, y para mi sorpresa él tenía sus ojos en mí.

-Allison…-murmuró, poniendo su mano en mi rodilla.

Escuchar mi nombre salir de sus labios, y no el apelativo que me había dado, me estremeció. No sé lo que iba a decirme, pero si empezaba así no quería saberlo.

-Adiós, Harry.

Salí del coche sin dejarle decirme nada y cerré, apresurándome a entrar en casa.