viernes, 26 de abril de 2013

Capítulo 5


Cuatro coches patrulla entraron en la plaza y la rodearon, subiendo así el pánico entre la gente que corría de un lugar a otro. Yo aún no me había movido. Estaba bloqueada y no sabía cómo actuar. Mis ojos revoloteaban por aquel sitio.

De cada coche salieron cuatro policías que, sin esperar, corrieron hacia la gente, llevándola a dos furgonetas de las que no me había dado cuenta cuando habían entrado allí. Busqué a mis amigos con la mirada, pero no les encontraba. Todo lo que alcanza a ver y oír era gente sangrado y gritos. Encontrarme en esa situación era agobiante y lo peor es que seguía sin reaccionar. Solo podía ver a la gente tirada por el suelo, llevada a rastras hacia los coches o corriendo, y luego estaba yo. La chica que se quedaba quieta.

Escuché un disparo que resonó en la noche de Londres, que se mantuvo en el ambiente por un largo periodo de tiempo, creo. Mi sangre se había helado al escucharlo y eso fue lo que me hizo darme cuenta de que tenía que moverme y escapar. Sin embargo, no sabía a dónde. La plaza estaba rodeada, había venido en el coche de Matt y estaba sola.

Di un paso hacia delante, preparada para correr, pero un señor uniformado venía a paso apresurado hacia mí, con la porra en su mano derecha levanta. Retrocedí rápidamente, chocando con el pequeño muro de la pista en la que minutos antes Evelyn había estado. Perdí el equilibrio unos cortos segundos. Por suerte, no llegué a caer al suelo. Alcé la vista de nuevo, pudiendo comprobar que el policía estaba a menos de dos metros. Llegaban a mi mente millones de escapatorias, pero ninguna reproducida por mis piernas. El miedo se había apoderado de mi cuerpo, era incapaz de hacer nada. Cerré los ojos, fuertemente, esperando el golpe que alguna parte de mi cuerpo iba a recibir.

Entonces unos brazos se enredaron en mi cintura y, de alguna manera, me levantaron del suelo. Los latidos de mi corazón se aceleraron más de lo que ya estaban y abrí los ojos. Un solo brazo me elevaba unos centímetros del suelo y corría conmigo, mi cuerpo pegado al suyo, esquivando a todas las personas que se acercaban a nosotros y las que estaban en el suelo heridas. Unos rizos me hicieron cosquillas en mi mejilla izquierda. Giré la cabeza en ese sentido, para poder observar quien me llevaba corriendo. Un nudo se me formó en la barriga.

-Styles-susurré.

Él pareció no darse cuenta de que yo le había llamado y si lo había hecho hizo como si no.
Me relajé apenas unos segundos. Cuando volví a estar en el suelo los gritos pasaron a estar en un segundo plano.

-Sube-me dijo, señalando a una moto negra situada en frente de mí, mientras él se sentaba en ella.

Por una vez le hice caso y sin perder más tiempo me situé detrás de él, cogiendo firmemente su cintura.

-¿Confías en mí?-le escuché preguntarme mientras introducía la llave para encender el vehículo y el motor rugió.
-No-contesté sin titubear.
-Respuesta equivocada.

Le dio gas a la moto y nos abalanzamos por la plaza. Harry serpenteaba entre la gente, sin reducir la velocidad. Me agarré todavía más fuerte a su barriga y apoyé en su espalada mi cara, cerrando los ojos y pensando en otra cosa que me hiciera olvidar donde estaba. Al final, acabé contando los latidos de mi corazón desbocado.

No sé cuánto tiempo estuve encima de esa moto, pero sé que en todo el recorrido mis ojos se mantuvieron cerrados. No sabía lo que había pasado en la plaza, ni donde estábamos. Aún así hasta el momento en que nos paramos y escuché como el motor se apagaba no me separé de la espalda de Styles.

Poco a poco mis parpados se fueron abriendo y quité mis manos de la cintura del chico. Me erguí en el asiento de cuero negro y miré hacia los lados. Tarde un corto tiempo en saber que estaba en frente de mi apartamento. Me bajé de la moto silenciosamente.

Mis ojos se dirigieron al cuarto piso, a la ventana del salón de Evelyn, la luz estaba apagada. Ella no estaba en casa, en la acera tampoco estaba en Honda Civic de Matt.

¿Y si les había pasado algo? ¿Y si a ellos les habían cogido? ¿Y si ellos no habían tenido tanta suerte como yo? ¿Y si... y si… y si…?

Un agudo pinchazo acudió a mi pecho, oprimiendo mi corazón. Lágrimas se formaron en mis ojos, viajando rápidas hasta el principio de mi boca y otras llegando al final de mi cara y cayendo al suelo.

-Amor, ¿qué pasa?

Bajó de la moto y vino junto a mí, pero di un paso atrás.

-Matt y Eve ¿dónde están?

Mi voz temblaba y los sollozos empezaban a ser mayores. El simple hecho de perderles también a ellos… No, no podía ser así.

-Vi a Evelyn salir con un chico alto y moreno. Tranquila, por favor.

Negué con la cabeza repetidas veces. La angustia que sentía era tan grande que aunque me hubiera dicho eso, hasta no verles otra vez no iba a poder relajarme.

Harry acortó la pequeña distancia que nos separaba en un solo paso y cogió mi cara entre sus manos, mirando fijamente mis ojos. Azul contra verde. Con sus pulgares quitó las lágrimas de mi cara.

-Están bien. Están bien. No llores más. Están bien.

Tras decir eso me envolvió en un abrazo y me acarició el pelo que caía hasta mi espalda. Su barbilla apoyada en mi cabeza. Volví a cerrar los ojos y me sumergí entre sus cálidos brazos.

-Están bien, Allison-me repitió, mientras yo conseguía tranquilizar mi respiración.
-Gracias-murmuré contra su pecho y, entonces, noté como besaba mi cabeza.

Escuché la rueda de un coche chirriar en la esquina de mi calle. Separándome ligeramente de Styles, pero inconscientemente dejé que su brazo siguiera en mis hombros, vi como el Honda Civic aparcaba en el sitio libre a unos metros de nosotros, y  antes de que el motor se apagara la puerta del copiloto se abrió. Una ágil figura salió de él corriendo hacia mí.

-Mierda, Ali. No sabias lo preocupada que estaba-me dijo antes de envolver mi cuerpo en un abrazo en el que casi me deja sin respiración.
-Estoy bien ¿y vosotros qué tal?

Matt, no sé en qué momento, había salido del coche y ahora era él quien me abrazaba.

-Nosotros también. Conseguimos llegar al coche.
-Em… Allison…-murmuró Eve.

La miré para comprobar que señalaba al rizoso.

-¡Ah! Sí. A ver, Harry ella es Evelyn, aunque ya la conoces, y Matt él es Harry.

Se dieron un apretón de manos y mis amigos me observaban esperaban más explicaciones.

-Gracias a él salí de la plaza-aclaré.
-Sí, y será mejor que me marche ya ¿Nos vemos mañana, amor?-bufé.
-No. Aunque me hayas traído a casa sigo sin confiar en ti.
-Tranquila, eso me lo dejaste claro antes en la moto, pero vas a cambiar de parecer. Si te tengo que enamorar para que estés en mi cama una noche, lo voy a hacer.

Mi boca se abrió al escuchar aquello. Ya había olvidado su brusco temperamento, pero aquello había superado los límites.

-¿Pero qué clase de gilipollas eres tú? No te vuelvas a acercar a ella.

Matt me había quitado de la boca exactamente lo que yo le iba a decir y se había acercado peligrosamente a Styles.

-Matt, déjalo. No vale la pena.
-Hasta mañana, amor.

Me guiñó uno de sus ojos esmeralda y yo, en respuesta, los puse en blanco. Él se volvió a subir a su moto y dándole gas, justo como lo había hecho la vez anterior, se marchó.

Después de despedirnos, Carter se subió a su coche, y también se fue a su apartamento, el cual estaba a unos veinte kilómetros del nuestro.

-Creo que me tienes que explicar muchas cosas, Ali.
-Lo sé, pero mañana. Estoy demasiado cansada.

Ella asintió y yo metí la llave en la cerradura de mi puerta, cerrándola tras de mí.

***
El ruido del despertador me avisaba de que era hora de empezar el domingo. Me dolía todo el cuerpo. Mis músculos estaban agarrotados y por mucho que hubiera querido quedarme en la cama, tenía varias cosas que hacer.

Me levanté tambaleándome y me estiré. Llovía en Londres, algo bastante normal en la fecha en la que estábamos. Después de una larga ducha me vestí con unos leggins negros, una camiseta blanca y una camisa a cuadros rojos y azul marino. Me puse unos botines planos negros y me encaminé a la cocina a por una manzana. Nunca había sido de esas personas que por la mañana se toman un gran desayuno, mi estomago siempre estuvo cerrado y apenas comía mucho a primeras horas del día.

Una vez me terminé mi manzana, me cogí una bufanda gris y un gorrito del mismo color, dejándolo caer hacia atrás en mi cabeza. Alcancé un bolso negro que tenía en el sillón del salón con todas mis cosas dentro y salí de casa, con el paraguas en la mano.

No hacia tanto frío como ayer en la calle, pero aún así a veces soplaban ráfagas de viento que te helaban. Caminé hacia el metro que había a una manzana de mi apartamento, evadiéndome de todo.

El metro estaba bastante vacio para ser un domingo por la mañana. Aunque la línea que yo tenía que coger no es que fuera muy utilizada. Solo había cinco paradas y la última te dejaba en el orfanato. Mi destino.
Me bajé del tren, como era común no había nadie más que yo. Casi todo el mundo se bajaba en la anterior.
Era un gran edificio de tres plantas, me lo conocía casi mejor que las personas que trabajan allí. Entre por las puertas al pequeño vestíbulo donde Mery estaba, como cada domingo, detrás del mostrador.

-Hola, Mery.
-¡Allison! ¿Qué tal?

Se levantó de la silla de madera y con una sonrisa se acercó a mí y me abrazó. Mery era un soplo de aire fresco para todos los niños que vivían aquí, lo sabía por propia experiencia. Pero en esos momento no quería ponerme a recordar los duros años que estuve sola.

-Bien, muy bien ¿Tom?
-Está esperando es su habitación que vayas a verle.
-Pues no voy a hacerle esperar más.

Sonreí a la rizosa mujer y subí las escaleras para llegar a la segunda planta. Tan solo tuve que dar unos diez pasos hasta tener en frente de mí la habitación 204. Di un par de golpecitos suaves a la puerta y después giré el pomo. Antes de abrir completamente ya tenía la pequeña figura de pelo castaño alborotado cogiendo mis rodillas.

-¡Ali! ¡Ali!

Le envolví con mis brazos y le levanté del suelo. Di un beso en su mejilla y entré a la sala.

-Hola, enano ¿qué tal estas?

Me senté en la pequeña cama y le coloqué encima de mis piernas. Sus grandes ojos miel me miraron y una sonrisilla tímida asomó sus labios.

-Muy bien. Te eché de menos.
-Y yo a ti, Tom, y yo a ti

Pasamos el resto de la mañana juntos. Jugando con sus aviones por la habitación.

Tom era un niño de seis años bastante inteligente. Era increíble la manera en la que discurría las cosas y se daba cuenta del más mínimo detalle. Era imposible engañarle, porque él sabía cuando lo hacías. Por ello no tenía mucho amigos allí, porque él sabía con quien se tenía que juntar y no.

-¿Qué tal tu trabajo de bailarina, Ali?-me preguntó.
-Bastante bien. Ahora estoy haciendo el papel principal en la compañía más importante de Inglaterra.
-Vaya… ¡Qué bien!-se lanzó otra vez a mis brazos, como había hecho durante toda la mañana y, fijando en la hora de mi reloj, me di cuenta de que tenía que marcharme o si no perdería el tren.
-Enano, es tarde y me tengo que ir ya casa.

Una mueca de tristeza cruzó su cara.

-¿Vas a volver el próximo domingo?
-Claro que sí, como siempre.

Asintió, como si estuviera diciendo que tenía permiso para poder irme, y yo le di un fuerte beso en su mejilla.

-Hasta el domingo-me dijo antes de que yo le hiciera un gesto con la mano de despedida y cerrara la puerta.

***
Apenas había acabado mis macarrones con tomate cuando aporrearon  la puerta de mi apartamento.

-¡Allison! Ábreme
-Eve…-murmuré poniendo los ojos en blanco
-¿Qué es que no puedes vivir sin mí?-dije con sarcasmo una vez que la puerta estuvo abierta y ella sentada en mi sofá, haciendo señas con la mano para que ocupara el sitio a su lado. Lo cual hice-¿qué pasa?
-Me tienes que contar algo ¿no?
-Y tú a mí-repliqué.

Ella me frunció el ceño y después suspiró.

-Sí, ayer besé a Matt. Me gusta Carter, no te lo dije. Lo siento. Ahora tú.

Me empecé a reír, lo de esta chica no tenía solución. Cuando me hube relejado le conté todo. Desde la fiesta, hasta como me había sacado anoche de la plaza. Ella guardó silencio durante todo el relato, algo particular en su carácter.

-¿Qué te parece? Ayúdame.
-Es que no lo sé, Ali. No le conozco. Ayer antes de nuestra batalla, cuando le tenía en frente de mí, habló conmigo para relajarme. No creo que sea un mal chico.
-¿Pero tú no oíste lo que me dijo ayer?-espeté.
-Sí, claro que lo oí. Estaba delante. Solo se lo tiene muy creído, y sé cómo eres y que no vas a caer en su juego. Mira, cuando vea que no tiene nada que hacer contigo, se olvidará de ti. Lo único que tienes que hacer es pasar.

Era lo más sensato que había escuchado salir de la boca de mi amiga en años. Era una gran idea que iba a llevar a cabo. Además, quizá no le iba a volver a ver.

-Haré eso entonces.
-Es lo…

El timbre de mi apartamento interrumpió lo que Eve iba a decir y extrañada me levanté. Tiré hacia abajo del pomo y abrí la puerta.

-Lo siento.

Harry apareció tras ella. Tenía el pelo y la ropa mojados y gotas estaban cayendo en mi felpudo, pero no le di importancia a nada de eso. No le quería volver a ver y allí estaba.

-¿Qué haces aquí?
-Pedirte perdón-guardé silencio-fui un estúpido por lo que te dije ayer ¿verdad?
-¿Y te atreves a preguntarlo? Mira Styles, no sé lo que quieres de mí…-no me dejó continuar porque habló.
-Escúchame. Ayer cuando volví a casa, me sentía como una gran mierda,  y no entendía por qué. Pensé que si me iba a la cama por la mañana ya no tendría esa sensación, pero estaba equivocado. Cuando desperté me seguía sintiendo el mayor hijo de puta de la Tierra. Nunca había estado tan enfadado conmigo mismo y no me gusta. Nada. Sé que tú no te merecías que te dijera eso, porque tú no eres así. No eres como las otras. Así que te lo voy a poner muy fácil: una cena, para pedir perdón, y desaparezco de tu vida, para siempre… A no ser que quieras lo contrario.

Todas esas palabras me cogieron desprevenida. Le miré y me puse a un lado haciendo un gesto con la mano para que entrara.

-Yo creo que me voy a ir.
-Puedes quedarte, Eve. Es un poco impulsivo, pero no muerde-bromeé.
-Que graciosa, amor. Que graciosa…
-No es por eso, quedé con Matt.

Cuando nos despedimos de Evelyn fui a por una toalla al baño, la cual le lancé a Styles una vez que estuve en el salón. Le observé mientras se secaba los rizos y su cara. La verdad es que tenía un atractivo innegable, pero su carácter le fallaba.

-¿Y bien? ¿Aceptas?-me preguntó desde el sofá.
-¿Y después desapareces?
-Eso es lo que he dicho. No te quiero hacer daño, Ali.

Fruncí el ceño ¿Por qué me iba a hacer daño?

-¿De qué hablas?
-Habló de que tú vales más que las tías con las que me acuesto, y por eso no quiero tratarte como a ellas. Pero no conozco otra manera de comportarme.

Su sinceridad me abrumaba. Al menos él sabía lo gilipollas era. Suspiré y cerré  los ojos.

-Acepto, Styles.

viernes, 19 de abril de 2013

Capítulo 4



La cara de Eve era un poema, tenía la sonrisa más boba que le había visto nunca y estaba tan feliz por ella… La verdad me alegraba estar aquí, y volviera las veces que fuera necesario solo para ver esa cara.
Continuamos caminando mientras Evelyn nos seguía deleitando con todo lo que sabía de esas batallas callejeras. Estaba tan contenta que conseguía que yo también lo estuviera, aunque solo había ido porque me sentía obligada. Pero quizá no fuera tan malo estar allí después de todo.

Entonces escuché el sonido de una voz aguda, sin duda alguna: era de una chica, a través de unos grandes altavoces.

-Bienvenidos a las batallas de baile de la ciudad. Todos aquellos que creéis que vais a ganar, volver a pensarlo y preparaos, empezamos en treinta minutos.

Miré a los lados para ver si conseguía identificar quien había dicho aquello, pero no pude. Todo el lugar estaba tan lleno de gente que era imposible saber que había unos metros más allá de tu posición.
Con toda la discreción que poseía me coloqué al lado de Matt.

-Carter, no me mires solo escúchame -le dije en un tono de voz lo suficientemente alto como para que solo me oyera él, pero no le miré. Tenía que estar con la vista al frente para no se notará que hablaba con él-me voy a ir por unos pocos minutos y tú le vas a decir a Eve todo y cuando digo todo es todo. Buena suerte.

Antes de que pudiera replicarme algo me separé de ellos, dejándoles más intimidad y caminé hacia un grupo de personas que formaban un círculo. En el medio de este dos chicos se en fretaban, a modo de calentamiento, bailando la música que salía de unos grandes altavoces.

No me sentía tan fuera de lugar como la última vez que estuve frente a un conjunto de personas vestida s con ropa ancha, quizá era porque yo iba igual. Era un poco absurdo que la ropa que llevara puesta determinara mi estado de comodidad, pero yo me sentía así.

Justo cuando estaba a punto de meterme entre las personas del círculo recordé lo que me había pasado la primera vez y retrocedí automáticamente y, otra vez, me daba cuenta de que yo estaba fuera de lugar. En el único sitio en el que encajaba a la perfección era en una sala, pequeña y con espejos, música de fondo y un par de zapatillas de ballet rosas. No había otro sitio, solo ese.

Caminé sin rumbo por la gran plaza, evitando a toda costa donde había estado con Matt y Evelyn antes, y rezando porque Carter echara valor y hablara con ella, tenía que hacerlo y se lo he dejado en bandeja. Me permití imaginármelos como pareja unos segundos. Definitivamente serian la cosa más perfecta del mundo, aunque sus personalidades fueran tan diferentes.

Eve vivía para el baile, al igual que yo, pero de maneras distintas, y Matt lo detestaba. Él no sabía bailar, quizás los pocos pasos que le enseñé yo en las fiestas después de nuestras actuaciones pero le sacabas de allí y nada más, mientras que a Evelyn podías ponerle cualquier tipo de música que siempre encontraría movimientos que quedaran bien en cada segundo de la canción. En una palabra: increíble. Aunque como siempre “Ella no tiene el mismo estilo que tú, Allison”. Eso es lo que no paraba de repetir la Sra. Lee cuando le proponía que mi amiga hiciera mi papel ¡Claro que no tenía el mismo estilo que yo! Nadie es igual, en nada. Pero lo que me enfadaba era lo que escondían esas palabras, un claro: “Tú eres mejor que ella, Allison” y eso no era verdad. No digo que ella fuera mejor, solo que nunca se paró a observarla bailar como lo hacía conmigo, por lo que no podía determinar quien era mejor que quien.

Estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me di cuenta de lo mucho que me había alejado. Seguía en la plaza, pero no sabía exactamente en qué parte. En frente de mi tenía una pequeña barra donde se vendía bebidas y había bastante gente con copas en la mano que no deberían seguir con ellas de lo mal que estaban ya, y solo eran las diez de la noche.

Seguí mi camino para poder volver con mis amigos. Esperaba que Matt le hubiera dicho todo y si no lo ha hecho se lo voy a reprochar. Cuando creí saber donde estaba metida y como regresar, alguien me cogió de la muñeca y se puso delante de mí.

-Cielo ¿A dónde vas tan deprisa?

Un chico castaño y de ojos marrones profundos era quien me hablaba, y por el tono de la voz sabía que no quería ser solo mi amigo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo e intenté maquinar algo en mi cabeza rápidamente para escabullirme de él.

-Me esperan mis amigos-dije sonriendo.

Amabilidad, amabilidad, amabilidad, amabilidad, amabilidad… Era todo lo que me repetía. Era lo que siempre había aprendido, después del baile, claro.

-Podemos divertirnos tú y yo-me contestó acercándose un poco más a mí, y yo di un paso hacia atrás negando con la cabeza.

Noté como un brazo pasaba sobre mis hombros y luego unos labios presionando suavemente mi cabeza
.
-Hola, amor.

Ahogué un pequeño grito. Esa voz, ese mote. Otra vez él… Sin embargo, era extraño como lo había dicho, ni se pareció a la última vez que me llamó así. En su voz intercepté… ¿ira? No lo sé.

Le miré. Sus pantalones sueltos creaban arrugas al final de sus piernas y dejaban ver la goma de sus bóxers, tenía puesta una sudadera en la que entraba dos veces yo, pero él estaba serio. Observaba de una forma matadora al chico que estaba en frente y me apegó más a su cuerpo. Entonces caí en la cuenta: de alguna manera estaba marcándome como si fuera suya, y darme cuenta de eso me enfadó.

-Lo siento, Styles. No sabía que estaba ocupada-y en menos de un segundo me sentí como un objeto, una casa en alquiler.

¿Ocupada, yo?

El chico dio media vuelta y caminó. Cuando vi que se perdía entre la gente me deshice del brazo de Styles y me giré. Él imitó mis movimientos, pero aún estaba serio.

-¿Tú que tienes un imán de idiotas o qué?
-Creo que sí. Tengo uno delante-le contesté borde

Esa sonrisa que había visto la primera vez se fue formando en su cara ante mi comentario, exponiéndome sus perfectos dientes blancos y sus dos hoyuelos.

-¿Qué haces aquí? No te pega mucho este sitio-me dijo con clara diversión.
-Mi amiga va a participar. Además, no tengo por qué darte explicaciones ¿Y tú qué es que me sigues?
-Ya te gustaría que yo hiciera eso, amor.

Su sonrisa no desaparecía y yo no entendía que le resultaba tan gracioso.

-No me llames así.

Apenas llevaba unos minutos con él y ya no le soportaba. Era exasperante.

-¿Y cómo te llamo? ¿Ali?
-Allison-contesté de mala gana.
-No, me gusta más amor.

Puse los ojos en blanco. Era imposible discutir con él, solo me ponía de peor humor.

Me di la vuelta para poder marcharme de allí y volver con Matt y Eve, su batalla no tardaría en empezar, pero antes de dar el primer paso el rizoso me agarró la muñeca y tiró de mi, volviendo a girarme.

-Ten cuidado. Este sitio es peligroso. No es como los caminos de algodón por los que tú andas, y no me gustaría tener que estar pendiente de ti toda la noche.

Mis mejillas enrojecieron, pero no de vergüenza. Estaba furiosa.

¿Caminos de algodón? Mi vida no había sido fácil, nunca. Él no sabía nada de mí, ni de mi pasado.
Antes de decir o hacer algo que no debería me solté del agarre de su mano, e iba a volver a intentar caminar, pero Styles acercó su boca a mi oído.

-Por cierto, con esta ropa-pasó su dedo lentamente por mi barriga descubierta-te ves muy, muy caliente.

Me separé de él, la sangre pasaba hirviendo por mi cuerpo y sin pensar lo que hacía estrellé mi mano en su mejilla, con toda la fuerza que tenía. Abrió los ojos, mirándome totalmente sorprendido, con una mueca de dolor en la cara. Se acarició el lugar donde  se estaba empezando a crear la marca de mis dedos.

-Jamás me vuelvas a tratar así-dije.

Con picor en la mano avancé, alejándome de ese completo idiota, y me di cuenta de que todo el mundo nos había estado observando. Parecían asombrados con lo que acababa de hacer, pero no les hice caso. Ni a las caras con la boca abierta, ni a los murmullos que ciertas chicas formaban mirándome, a nada. Solo quería volver con mis amigos y, tan pronto como pudiera, irme a casa.

Mi paso era rápido y no me volví a atrás para comprobar el estado de Styles, pero me lo imaginé rodeados de chicas, ya que vi como una multitud de ellas caminaban en el sentido contrario al mío.

Sin darme cuenta Eve y Matt estaban en frente de mí y yo primero dirigí mi vista a Carter quien simplemente negó con la cabeza. “Eres tonto” articulé con la boca y después, mientras giraba la cabeza para prestar atención a mi amiga, entreví como se encogió de hombros.

-¡Estás loca! Acabas de darle una ostia a Styles.

Eve y su vocabulario… Un momento ¿Acababa de decir Styles? La miré expectante ¡Acababa de decir Styles!

-¿De qué le conoces?-pregunté angustiada al saber que podía ser ella quien me diera respuestas, pero no me estaba haciendo caso. Miraba por encima del hombro donde me suponía seguía el cúmulo de personas-¿Evelyn de qué le conoces?-repetí, zarandeándola para que volviera a hablar conmigo.
-Todo el mundo le conoce aquí, Ali. Él es el que suele ganar la batalla en la categoría de solos. No me puedo creer lo que acabas de hacer, nadie se atreve siquiera a cuestionarle y bueno como bien puedes comprobar-me giró para que pudiera ver la escena-tiene a todas comiendo de su mano.

Un grupo de unas diez chicas, con diez kilos de maquillaje, ropa ajustada y tacones le rodeaba, y yo lo único que podía pensar era en lo bajo que estaban cayendo en ese momento. Por lo menos ya entendía a que viene su ese carácter tan prepotente y arrogante.

-¿Qué más sabes de él?-me giré y ella me observó sin entender nada, pero no hizo preguntas.
-Poco más. Sé que se llama Harry, pero todo el mundo le llama Styles, y que tiene veintiún años. Nadie sabe nada más ¿Por qué?

Me planteé unos segundos responder a esa pregunta. Por una parte debería decírselo, pero algo dentro de mí me decía lo contrario. Opté por la opción que más sensata me pareció en ese momento.

-Fue él quien me envió la nota aquel día.
-¿Qué?-esta vez fue Matt quien habló-¿Cómo sabe dónde vives?
-No lo sé, Matt.

Vi como se pasaba una mano por el pelo. Eso no era una buena señal viniendo de él, significaba que estaba enfadado.

-Te juro que como se acerqué un poco a ti, Allison, lo mato. Te lo juro.
-Matt, Matt-me acerqué a él y cogí su cara entre mis manos-no va a pasar nada ¿Vale? Si quisiera algo ya lo hubiera hecho.
-¿Fue él quién te impidió llegar a casa aquel día?-preguntó Evelyn.
-Más o menos-ellos entrecerraron sus ojos e intercambiaron unas miradas-os lo explicó mañana. Tú concéntrate en tu batalla, tienes que ganar a Harry esté año. Puedes hacerlo, confió en ti. Voy a apostar por ti.
-Haré lo que pueda, a lo mejor ni llego a enfrentarme con él. Pero como se dé la ocasión, voy a devolverle lo que sea que te haya hecho, porque si no me equivoco es la primera vez que pegas a alguien.

Dios, Evelyn estaba enfada, muy enfadada y yo miré por encima de mi hombro para comprobar que la gente ya volvía a estar dispersa, aunque podía notar como algunas miradas curiosas todavía me observaban. Era un poco incómodo, pero supuse que era inusual que le plantaran cara al “rey” y egocéntrico del grupo.

La misma voz aguda que había escuchado la primera vez, volvió a retumbar por la gran plaza.

-Espero que todo el mundo esté preparado. Ya sabéis como va esto y si no, pues os jodéis como el resto. Como todos los años empezamos con los solos, la primera batalla de la noche: nuestro veterano Will Turner, con una pequeña novata, Evelyn Olsen.

Miré a mi amiga que tenía los ojos cerrados, claramente nerviosa.

-Sé cómo se mueve, pero va a ser difícil. Haré lo que esté en mi mano.
-Tranquila vas a ser genial. Como siempre ¿Recuerdas? Estoy contigo-le cogí la mano y apreté fuertemente.
Antes de que se fuera, Matt solo le digo un simple “buena suerte” y cuando se fue hacia la pista hablé.
-Eres tonto-repetí las palabras que le había dicho minutos atrás.
-Lo intenté, pero no pude.

Negué con la cabeza, crispada por todo. En menos de media hora habían pasado tantas cosas, y la mayoría no me gustaba recordarlas. Como pudimos nos metimos entre la gente colocada a los alrededores de la pista de baile. La forma era cuadrada y las personas estábamos detrás de un muro que me llegaba un poco más alto de las rodillas. En el interior del cuadrilátero había unos postes de piedra, de una altura, estimé de algo más de un metro y plataformas, también de piedra, que se elevaban del suelo unos cuarenta centímetros. Supuse que todo eso era utilizado para hacer pasos de baile.

Los dos estaban en la pista, frente a frente. El tal Will era bastante más alto que mi amiga, su pelo rizado y moreno, los ojos no pude llegar a apreciarlos. Tenía una sonrisa de suficiencia en la cara que me hacía pensar lo muy seguro de sí mismo que estaba. Evelyn dale lo que se merece, me dije. Y como si ella supiera lo que me había pensado me miró asintiendo. Era la primera vez que la veía tan concentrada en algo.

-Hagan sus apuestas ahora-dijo la voz de la chica a la que no había puesto cara.

De repente el dinero pasaba de manos en manos, y todo acaba en un chico que lo guardaba y apuntaba ágilmente en una libreta. Todo lo que escuchaba era el nombre de Will.

-Apuesto 50 libras por Evelyn.

Alcé bastante la voz para que se me pudiera escuchar y, por alguna razón, los gritos cesaron y todo el mundo me miraba en silencio. El chico se me acercó y le tendí el dinero. Nadie más hizo alguna apuesta.

Una vez que el chico salió de la pista, el Dj, colocado en una improvisada mesa de mezclas, pero que tenía pinta de ser buena, dejó sonar la música, una canción que no reconocí. Aunque no necesitaba saber cual era para ver como Eve se movía sin ningún problema, desconocía el nombre de los pasos que estaba haciendo, pero bailaba increíblemente bien. Sin embargo, el chico le respondió inmediatamente, y así estuvieron más de cinco minutos. Hasta el momento en el que Eve pareció cansarse de ese juego. Subió al poste de piedra e hizo una voltereta hacia atrás. El corazón se me paró y contuve la respiración cuando ella estaba en el aire, lo peor se me pasó por la cabeza, pero cuando hizo una caída perfecta en el suelo exhalé un suspiro. Siguió con más pasos mucho más fuertes y decisivos que los anteriores, hasta quedar en frente de Will y cogerse la camiseta con las dos manos moviéndola hacia delante, el típico gesto de “aquí estoy yo” y el moreno solo hizo un movimiento con la mano, dando a entender que Eve había ganado. El público estalló en gritos y salté el muro corriendo a mi amiga y abrazándola

-Ha sido increíble-ella solo sonrió y poco después se acercó Matt cogiéndola de la cintura y elevándola del suelo. Le dijo algo en el oído que no llegué a escuchar y abandonamos la pista.
-Increíble lo que la novata ha hecho. Quizá de serios problemas hoy. Pero ahora es tiempo de la segunda batalla: nuestro campeón por tres veces consecutivas Harry Styles contra Axel Smith.

Abrí los ojos, aquello me interesaba.

Harry apareció en la pista, se había quitado la sudadera y ahora llevaba una camiseta de tirantes negra que marcaba sus músculos ¿Cómo podía no sentir frío con esa ropa? Axel entró en la pista, poco decidido. Styles giró la cabeza y sus ojos chocaron con los míos, sonrió y me guiñó uno de ellos ¿Qué es que no había tenido suficiente con lo anterior? Irritada le saqué mi dedo corazón de la mano y dejé de mirarle.

Se hizo el mismo proceso que en la vez anterior: apuestas y música. Y ellos comenzaron a bailar a la vez, pero creo que el rizoso apenas tardó un minuto en acabar. Sus movimientos eran precisos, se notaba que sabía lo que hacía y con un par de pasos de baile desde el suelo acabó con Axel.

-¿Es bueno verdad?-me dijo Eve susurrándome en el oído, yo no era capaz de pronunciar nada. Lo que acaba de pasar delante de mí fue… alucinante.

Todo iba genial. Eve no perdió una sola batalla y yo y Matt conseguimos ganar bastante dinero apostando por ella. En una ocasión aposté por Styles y, obviamente, gané. Lo que hacía ese chico no tenía palabras.

-¡Eve estas en semifinales!-pronunció Matt abrazándola.
-Y eres la única chica-añadí.

Le tendí la botella de agua que le había comprado y que ella me agradeció con un beso en mi mejilla cuando acabó de beber el líquido fresco me la devolvió de nuevo.

-Y estamos en semifinales chicos. Siguiente baile a manos de: nuestra ya no tan novata Evelyn Olsen y Harry Styles. Suerte pequeña, la necesitarás-era esa voz, era esa voz, era esa voz. Era la hora.

Me fijé en Evelyn estaba temblando y la notaba asustada.

-Puedes con él-la alenté, y ella negó repetidas veces con su cabeza.
-No, no puedo ¿Tú lo has visto? Ha acabado todas sus batallas en menos de tres minutos, Ali. No puedo.

En un abrir y cerrar de ojos Matt la apartó de mi lado y cogió su cara en su manos.

-Escúchame. Quizás él sea bueno, quizás no ganes, pero has llegado hasta aquí. Demuestra lo que vales. Yo confió en ti. Nosotros confiamos en ti.

Observé a Carter asombrada, cuando le salía la vena sentimental me daban ganas incluso a mí de enamorarme de él. En menos de un segundo vi como Eve juntaba sus labios con los de él y sonriendo miré hacia abajo ¡Por fin!

-Evelyn, te estamos esperando.
-Gracias-volví a observarles y Eve me arrebató el agua de las manos y bebió el resto de un trago. Corriendo se metió en la pista.
-Quita esa sonrisa de la cara y vamos a apoyarla, Carter.

Eve se puso delante de Harry, mirándole fijamente mientras se hacían las apuestas y vi como intercambian algunas palabras que parecieron relajar a mi amiga y estuvieron hablando entre ellos. Me moría por saber que estaban diciendo. En el momento menos inesperado la música empezó a sonar, muchísimo más fuerte que todas las veces anteriores, cogiéndoles incluso a ellos desprevenidos. Se separaron unos metros y sus cuerpos se movieron. Parecían marionetas movidas por unos hilos.

Pero de repente todo cambió. La música se paró, fue remplazada por sirenas. Los grandes focos que alumbraban la pista sobre la noche se apagaron y se vieron destellos rojos y azules y entonces me giré. Las personas corrían de un lugar a otro, pero yo lo vivía a cámara lenta. Los ruidos de gritos se hicieron lejanos, y no entendía que pasaba. Matt me dijo algo, que no llegué a entender, y se separó de mi lado corriendo, pero no se adonde. Mis piernas no respondían.

¿Qué estaba pasando?

sábado, 13 de abril de 2013

Capítulo 3



Sus palabras me habían congelado. Era como si mi cuerpo se hubiera convertido en un pedazo de hielo. Lo que dijo me había traspasado la piel y se estaba colocando bajo ella.

Él no había vuelto a hablar pero tampoco había mucho que decir. Solo tenía que esperar por mi reacción. Lentamente di media vuelta sobre mis talones y le miré a los ojos. La sonrisa de antes no había desaparecido de su cara. Es más: se había hecho más grande, mostrando dos hoyuelos en sus mejillas.

-Habías sido tú-me atreví a decir, pero su expresión no cambió. Seguía siendo tranquila-¿Cómo sabes mi dirección? ¿Cómo lo sabes?-Styles ladeó la cabeza y soltó una muda risa, pero siguió sin contestar.

Esa situación era ridícula. Estaba discutiendo en medio de alguna parte con un chico que no conocía de nada, pero al parecer él si me conocía bastante bien, y eso me sacaba de quicio.

El único efecto que vi en él fue que cambio la sonrisa por una mueca seria y empezó a caminar pasando por mi lado y saliendo del callejón en el estábamos.

Me costó unos segundos reaccionar y cuando lo conseguí comencé a correr hasta el chico rizoso que casi estaba doblando la esquina para volver a la calle. Le agarré por el brazo haciéndole girar hacia mí.

-Si no me lo dices llamo a la policía-le dije en el tono más serio que pudiera tener y, mientras, abrí la cremallera de la mochila negra para tener acceso a mi móvil.
-Ah ¿sí? ¿Y qué les vas a decir? ¿Qué te salvé de que te violaran?-me preguntó cuando ya tenía el móvil en mis manos.

Sentí un agudo pinchazo en mi corazón, esas palabras me habían dolido. A parte de ser imbécil era brusco.

-Eres un mierdas-sus cejas se alzaron ante mi comentario y después se encogió de hombros.
-Cosas peores me han dicho, amor-le miré con mala cara.

Ese apelativo me pareció repulsivo. No era que no me gustara que me llamaran “amor”, pero que lo hiciera una persona que se estaba ganando todo mi odio por momentos me producía náuseas.

-No me vuelvas a llamar así, Styles-le escuché reírse y me crucé de brazos-no entiendo que es tan gracioso.

Sus ojos volvieron a mí cuando los abrió, y una sonrisa mostraba sus perfectos dientes blancos. El silencio volvió a invadirnos. Su mirada fija en la mía, y su semblante había cambiado en menos de segundo para volver a ser serio. No el serio cuando le había visto cuando ahuyentó a aquel hombre. Este no era tan mordaz.

Empecé a escuchar un sonido, pero no le hice caso. Los ojos esmeralda que tenía frente a mi me tenían hipnotizada.

-¿No vas a contestar?

Volví del sitio donde quiera que estuviera y miré el móvil que tenía sobre mi mano. En la pantalla táctil se leía el nombre de Carter.                                                                                                                                                                          
-Quizá sea la policía-se burló.

Puse los ojos en blanco y sacándole el dedo corazón de mi mano me di la vuelta para descolgar.

-Ya nos veremos, amor.
-Púdrete-le contesté y solo escuché una risa ahogada detrás de mí. Descolgué el teléfono.
-¿Ali? Allison ¿Dónde estás?-la voz de Matt rayaba la desesperación al otro lado de la línea, pero antes de poder hablar  un tono ronco en mi oído resonó.
-Ese no me parece vocabulario para una bailarina del The Royal Ballet-y dicho esto le vi alejarse por delante de mí. Otra vez estaba confundida por ese hombre.

¿Por qué sabía todo eso de mí?

-Maldita sea, Allison ¡Contéstame!
-Estoy bien, Matt. No te preocupes-le escuché suspirar.
-¿Dónde estás? Voy a buscarte.

***
Lo único que se escuchaba en la pequeña cafetería era el murmullo producido por la gente que estaba allí. Frente a mí estaba Matt con su café y la mirada baja. Desde que habíamos llegado no me habló. Por alguna razón me había citado allí y cuando me tenía delante no me habla, pero tenía que darle tiempo. Si algo había aprendido en los diecinueve años que llevo junto a Matt, es que si no hablaba él, era mejor esperar. Así que eso hice, fui paciente hasta que alzó la cabeza y sus ojos se centraron en mi cara

-Ayer, cuando te fui a buscar, me dijiste que no querías hablar sobre nada. Por lo que esperé. Ahora ¿me dices que pasó? ¿Y por qué a casi a las diez de la noche no habías llegado a casa?-me llevé la mano a la frente.

Lo que yo quería era poder olvidar la noche de ayer. No sabía si debería contarle la verdad  o dejarlo como estaba. Por una parte si le decía lo ocurrido sabía que iba a buscar al desgraciado que casi… bueno, eso. También insistiría en encontrar a mister ojos preciosos para agradecerle primero el haber evitado lo que me estuvo a punto de pasar, y después reprocharle el comportamiento que tuvo conmigo, y todo lo que quería era poder alejarme de la pasada noche, y de Styles . Así que fui por el camino fácil y decidí mentirle.

-Se me hizo tarde, Carter. Eso es todo-resopló y observó el techo de la cafetería, como pidiendo paciencia, y luego volvió a mirarme.
-Sabes que no me gusta que me llames por mi apellido-otra vez el silencio nos envolvió y di un sorbo a mi cappuccino -¿Qué te dijo Evelyn al llegar a casa? Estaba preocupada por ti-sonreí, agradecida por el cambio de tema.
-Me hizo un tercer grado ¿Te puedes creer que estaba en la puerta de mi apartamento?-él se rió.
-Por supuesto que me lo creo, es Eve. Por cierto ¿cómo es que hoy no tienes ensayo?-negué con la cabeza.
-No lo sé. Jack solo me dijo que no había.
-¿Jack?-me preguntó confuso.
-Mi compañero de baile-le aclaré.

Un asentimiento provino de él y yo miré a la calle. Veía a todas esas personas vestidas con capas y capas de ropa paseando por la acera, de un lado a otro, y eso me producía risa. Tampoco hacía tan mal tiempo, todavía. No me quería imaginar que harían cuando el verdadero frio llegara.

Vi una cabeza rizosa entre la gente y rápidamente en mi mente apareció la imagen de Styles. Me centré en esa persona y cada vez estaba más segura de que era él. Mis pulsaciones se aceleraron y mi respiración se volvió dificultosa. Mi mano temblaba mientras vi como el rizoso se giraba para encontrar su cara con la mía. Un suspiro salió de mis labios al comprobar que estaba equivocada. Me estaba empezando a obsesionar.
 Él solo sabía mi dirección y donde bailaba. No hay de qué preocuparse ¿verdad? Me reí ante el patético pensamiento que acababa de tener ¡Claro que tenía que preocuparme! Yo no quería volver a saber de él y lo peor era que cuando ese imbécil quisiera verme lo haría. Nada se lo impedía. Lo tenía todo a su favor, y eso me ponía los pelos de punta.

-Ali ¿te pasa algo?-me preguntó Matt haciendo que volviera a prestarle atención.
-No es nada-gesticulé con mis manos mientras daba el último sorbo a mi café.
-Eve me dijo que este sábado quería salir a celebrar tu nuevo trabajo. Sin embargo, creo que solo es una escusa para salir de fiesta-una sonrisa de lo más boba salió de sus labios.
-¿Cuándo le vas a decir a Evelyn que llevas enamorado de ella dos años?-mi pregunta le pilló desprevenido y sus mejillas se volvieron rojas.
-No sigas por ese camino, Ali-susurró
-¡Oh! ¡Por Dios! Tienes que decírselo y el sábado me parece un buen día para que lo hagas-Matt solo me hizo una mueca y puso toda su atención a la taza de café vacía colocada en frente de él.

Los días fueron pasando. Sin más apariciones de Styles, ni notas anónimas a altas horas de la noche, y yo no me había vuelto a acordar de él para nada. Era como si hubiera pasado a formar parte de mi pasado y solo hacia tres días que no le veía, pero lo agradecía. Mucho.

Mis ensayos iban bastante bien. Estábamos trabajando en el primer acto de la obra y los pasos no eran muy difíciles. Apenas había levantamientos y en casi todas las escenas actuaba sin Jack, solo tenía bailarines tras de mí. A pesar de todo eso, Grace siempre me decía que no tenía que estar tan rígida. Sin embargo cuando le hacía caso me replicaba que una cosa era estar como un palo y otra hacer mal los pasos. Era un tanto frustrante saber que no lo estaba haciendo bien mientras que los demás eran extremadamente perfectos en todo. Jack procuraba ayudarme, dándome trucos. Algunas veces salían y otras… bueno, otras era mejor no verlas.

Estaba frente a mi espejo. Mi vestido turquesa me llegaba hasta algo más arriba de mis rodillas, ese color me resaltaba los ojos y me gustaba. Los tacones negros, en el talón tenían un poco de plateado brillante, pero apenas se veía. Las puntas de mi pelo, como siempre ondulado,  me hacían cosquillas en la mitad de mi espalda, me cogí dos mechones pasándolos adelante. Alcancé el rímel que estaba sobre el pequeño tocador de caoba de mi habitación y con delicadeza lo pasé sobre mis pestañas. Me separé del espejo y me observé. Mis ojos  se habían amplificado con la fina raya negra que tenía en el parpado superior y mis pestañas largas les daban una sensación de profundidad. Sonreí.

Perfecta.

El sábado podía empezar.

Escuché el timbre de la puerta y me dirigí a ella con una energía que hacía mucho no tenía. La abrí alegremente y vi a Evelyn y Matt detrás. Antes de poder hacer algún movimiento una bola de ropa chocó con mi cara y cayó a mis manos.

-Póntela-me ordenó Eve. Le miré sin comprender nada y después mis ojos se posaron en Carter que solo se encogió de hombros.
-Pero…
-Rápido-me dijo.

Le hice caso y me metí en mi habitación mientras escuchaba como la puerta se cerraba. Extendí la ropa que me había lanzado Eve en la cama y la observé. Eran unos pantalones vaqueros pitillos oscuros de cintura baja. La camiseta era rosa chicle ajustada, de manga corta y  dejaría ver parte de mi plana barriga. Había un par de playeros blancos de la marca Adidas ¿Para qué quería esto un sábado?

Mientras me iba vistiendo intentaba encontrar sentido a este cambio repentino, pero no tenía ni idea de por qué había cambiado mi vestido por aquello. Cuando acabé fui al salón y contemplé la indumentaria de Eve, era muy parecida a la mía. Lo único que cambiaba eran sus pantalones los cuales eran anchos, al igual que sus playeros. Matt, en cambio, iba como siempre: sus típicos pantalones vaqueros un poco caídos y sudadera negra de la misma marca que mis playeros

-¿Qué hago así vestida?-pregunté.

Eve me miró, sus ojos marrones brillaban y supe en ese momento que lo me iba a pedir no era bueno.

-¡Nos vamos a las batallas de baile de la ciudad!-abrí los ojos como platos.

Se había vuelto loca, eso es lo que me vino a la mente. Mi amiga estaba loca. Sabía que era impulsiva, pero esto era demasiado.

-¡No!-fue todo lo dije.
-Por favor, Ali-se acercó a mí y me cogió la manos haciendo pucheros-por fin tengo la edad suficiente para participar, y sabes que se me da bien bailar hip-hop. Por favor.

Por supuesto que sabía que ese tipo de música la bailaba bien. Genial, diría yo, pero no podía ser. Esas batallas no.

-Son ilegales Evelyn ¡Ilegales!-le repliqué.

Ella no dijo nada solo seguía con su cara de cachorro. Miré a Matt en busca de ayuda.

-Yo ya estoy convencido, Ali.
-Por supuesto que si…-susurré con sarcasmo. Eso de que Matt estuviera loco por Eve no me resultaba nada práctico en esta clase de situaciones. Aunque cuando por fin el moreno cogiera valor para decirle que la quería serían la pareja perfecta.
-Por favor-volvió a suplicarme.

Puse los ojos en blanco, si es que al final iba a aceptar. Siempre lo hacía y eso ella lo sabía. Bufé mirándola y asintiendo para dar a entender mi afirmativa respuesta.

-¡Gracias!-se lanzó a abrazarme y yo le correspondí, ya con una sonrisa en mis labios. Da igual lo que esta pequeña loca hiciera, siempre sacaba una mueca alegre en mi cara.
-Solo una cosa-le separé de mi y le cogí por los hombros mirando fijamente sus ojos-nada más que digan quien es el ganador  y, en el caso de que seas tú, te den el dinero, nos vamos.
-Acepto.

Claro que iba a aceptar, no lo quedaba otra opción.

-Venga, vamos. Que van a empezar y no voy a estar allí.

Negando con la cabeza me acerqué a la puerta. Cogí una chaqueta y salimos a la fría noche de Londres. Me acerqué a Matt por detrás y le susurré.

-Carter, esto no va a quedar así-se rió y me pasó un brazo por mi hombro acercándome a él y abrazándome momentáneamente.

Caminamos unos pocos minutos hasta el Honda Civic de Matt. Una vez allí tuvimos la pelea de siempre: quien iba de copiloto. Al final conseguí que Eve se pusiera en el asiento delantero y yo me senté detrás.
El trayecto desde nuestro edificio hasta donde se celebraban, por decirlo de alguna manera, las batallas era bastante largo. Cuando nos pusimos en marcha comencé a repasar lo poco que sabía de ese acto ilegal.
Según lo que leí por alguna parte, las batallas se dividían en dos: solos y grupos. Por lo general casi todo el mundo que participaba lo hacía en la categoría de grupos, los cuales era mixtos. También sabía que antes de una batalla se hacían apuestas entre los espectadores. Cada vez que ganaras una batalla te acercabas más a la final y si te eliminaban, digamos que se acababa el “juego”.

Yo desde pequeña aprendí a mantenerme alejada de todo ese lado oscuro del baile y entonces ahí estaba. En un coche de camino a las batallas porque a mi mejor amiga se le había antojado participar. Bueno “antojado”, la verdad es que esa palabra estaba mal utilizada. Ella siempre quiso probar, pero nunca podía porque la edad límite eran los dieciocho, los cuales había cumplido hacía apenas dos meses atrás, y de alguna manera yo sabía que no iba a pasar por alto esta competición de bailes callejeros.
Llegamos después de tres cuartos de hora. La plaza en la que nos encontrábamos era amplia, pero estaba en un lugar alejado del centro y era poco transitado. Estaba repleto de personas que llevaban más o menos la misma ropa que yo. Algunos iban vestidos iguales, lo que quería decir que serian de un mismo grupo, y las personas iban de un lugar a otro.

Miré hacia atrás para ver como Evelyn salía del coche acompañada de Matt y se acercaban a mí, que sin darme cuenta ya me había alejado unos metros.
Observé a mí alrededor y la verdad era que no me gustaba ese sitio. No me transmitía nada de confianza y me sentía bastante insegura.

Cuando mis amigos estuvieron a mi lado fuimos a inscribir a Eve que estaba eufórica. No paraba de hablar y de contarnos cosas acerca de la competición. Aunque yo no le prestaba mucha atención podía comprobar cómo Matt estaba absorto en lo que ella le decía y no sabía muy bien si era porque de verdad le interesaba o por el simple hecho de que era Eve quien le hablaba.

Una vez que el nombre de Evelyn Olsen estuvo en la lista, y de que ella hubiera pagado la cuota inicial que ascendía a 20 libras, le dieron las instrucciones de que se mantuviera cerca de la improvisada pista de baile y esperara a oír su nombre.

Después de todo esto nos adentramos entre la gente que cada vez se hacía mayor.

martes, 9 de abril de 2013

Capítulo 2


Eve miraba con atención el pequeño trozo de papel que tenía entre sus manos, como si estuviera buscando un mensaje en clave escondido en él. Se revolvió en el sillón de cuero blanco de mi salón antes de dirigir sus ojos a mí.

-Es extraño-fue todo lo que atinó a decir.
-No sé qué pensar-le contesté.

Ella me miraba sin decir nada, aunque tampoco lo necesitaba. Sabía que estaba preocupada por lo que pudiera pasarme y yo temía por mí, pero tenía que controlar ese sentimiento delante de Evelyn. Ella ya era bastante paranoica como para viera que yo también estaba empezando a tener miedo.

-Ayer ¿pasó algo? ¿Viste algo raro o poco común?-negué con la cabeza,
-Todo fue normal. Pero lo que me preocupa es por qué sabe mi nombre-ella esbozó una sonrisa, sin embargo no transmitía felicidad.
-Eso es lo de menos, Ali. En la fiesta todo el mundo sabía tu nombre. Lo que yo me preguntaría sería cómo sabe tu dirección-las pulsaciones se me aceleraron rápidamente al darme cuenta de aquello. Una cosa era mi nombre pero ¿saber dónde vivo? Eso era más grave-¿hablaste con Matt?
-Sí, hoy por la mañana. Le conté lo que había pasado, pero estaba en el taller trabajando. Me dijo que cuando saliera venía-Eve asintió pero una mueca acompañó ese acto-¿qué pasa?-le pregunté extrañada.
-No te quiero dejar sola, pero tengo ensayo y la Sra. Lee me matará si llego tarde de nuevo-resopló.
-Vete anda, tampoco creo que Carter tarde mucho en llegar. Me iré a bailar a la sala para matar el tiempo.
-Cualquier cosa llámame-puse mis ojos en blanco, exasperada por toda la preocupación que llenaba a mi amiga.

Si de verdad estuviera en peligro la persona que envió la nota pudo hacerme daño ayer por la noche y no fue así. Ese pensamiento me tranquilizaba, aunque no lo suficiente ya que en mi interior seguía esa pequeña chispa de temor hacia lo que pudiera pasarme en un futuro, pero quizás solo le estaba dando vueltas a un tema que no lo merecía y le estaba dando más importancia de la que tenía.

Eve cogió la bolsa de deporte que había dejado tras el respaldo del sillón, se la colgó del hombro y besó mi cabeza.

-Nos vemos mañana. A ver que me depara el primer ensayo sin ti.
-Y eras tú la que me decías que no hiciera drama-repliqué.

Con una mirada llena de odio abrió la puerta y cuando salió cerró con un portazo. Cuando digo que no sabe controlar la fuerza es por algo…

Dirigí mis pies por el pequeño pasillo, a la puerta que se encontraba al fondo. Giré el pomo cuando la tuve delante de mí y entré a la pequeña sala llena de espejos y una barra alargada pegada a la pared. Me sonreí.
Se podría decir que esa sala era mi yo. Me describía a la perfección. Vivía para el baile, eso era lo que mi pasado me había enseñado a querer y era la única manera de mantenerme en contacto con ella…

Antes de ponerme sentimental fui a una esquina de la sala, donde estaban mis zapatillas de ballet. Me senté en el suelo y me quité los calcetines para cambiarlos por los pequeños zapatos de tela rosa con la punta endurecida. Me acerqué al estéreo y lo encendí, sin mirar siquiera la canción que sonaría.

River flows in you comenzó. Cerré mis ojos, pensando mis movimientos y sin darme cuenta mis pies estaban de puntillas y mi cuerpo bailaba por la sala. Me coloqué en frente del espejo y bajé mis pies. Subí la pierna derecha hasta mi rodilla y volví a poner en punta el pie izquierdo, y hábilmente hice un giro.

 ***
Estaba en frente de aquel imponente edificio blanco que se daba un aire a templo griego. A unos metros de mi tenía la gran puerta de cristal.

Respiré hondo, alcé la cabeza y caminé decidida a la entrada. Empujé la puerta y se abrió.

El vestíbulo era enorme, pero apenas tenía muebles. Estaba impecable, incluso te podías ver reflejado en suelo. Caminé hasta un mostrador que se encontraba allí. Una mujer joven, con el pelo rubio recogido en una perfecta coleta de caballo alta estaba sentada tras él. Cuando estuve delante de ella alzó la cabeza y una sonrisa salió de sus labios.

-Bienvenida a The Royal Ballet ¿Puedo ayudarla en algo?-me extrañó que me tratara de “usted” en vez de “tú” y fruncí el ceño. No estaba acostumbrada a eso.
-Sí-conseguí decir-verá, vengo a los ensayos de la función de Navidad-mi tono de voz tímido. Ni siquiera sabía el nombre de la obra que iba a representar y eso me hacía estar en desventaja porque hacía que me expresara de una manera equivoca.
-Tú eres la nueva ¿verdad? La Sra. Watson me habló de ti-asentí  y mostré una pequeña sonrisa-sube a tercer nivel. Es el estudio cuatro.
-Gracias.

Después de mirar el reloj que se posicionaba en la pared colocada en frente de mí, y ver que la aguja más larga casi llegaba al número doce y, con lo cual, iban a ser las cuatro, eché a correr, lo más glamurosamente posible, si se puede encontrar algo de glamur en correr. Puesto que no podía esperar al ascensor subí las escaleras pegando saltos hasta el tercer piso. Llegué a un pasillo ancho y largo, pegados a las paredes había sillones granates. Aunque no me podía parar para un descanso, ganas no me faltaban: subir esas escaleras de aquella manera fue horrible.

Caminé a paso ligero por el pasillo desértico fijando mí atención en los carteles que había junto a la pared con números, hasta que encontré el que ponía cuatro.

-Justo a tiempo-susurré antes de abrir la puerta y encontrarme en una sala gigante, con una pared cubierta de espejos y el suelo de parqué, ese que está claro que es encerado cada día.
-Allison-mi nombre salió de los labios de Grace, quien me hizo una señal para que fuera junto a ella. Hice lo que me pidió y llegué a su lado. Hasta ese momento no había caído en la cuenta de lo llena que estaba la sala. Había unas cuarenta personas. Eran ochenta ojos que solo se fijaban en mí, lo que conseguía ponerme realmente nerviosa-bueno, como os estaba comentado, Allison-sonreí-va a ser quien protagonice nuestra obra de Navidad junto a Jack-fruncí el ceño.

¿Jack? ¿Ese no era el chico de la fiesta? Una cabeza rubia se abrió pasó entre el cúmulo de gente para dejarme ver que estaba en lo cierto.

-Será todo un placer-pronunció y acto seguido se puso a mi lado.

Las dos horas del ensayo se alargaron a tres, pero tampoco hicimos mucho. Solo hablar de dinero y por fin descubrir que bailaríamos, la verdad salí un poco decepcionada. La obra en la que sería el papel principal era El Cascanueces nunca había interpretado esa, pero me esperaba algo más. Aunque la Sra. Watson dijo que iba a ver cambios en el argumento, aún así pensé que The Royal Ballet haría algo más sorprendente que esa obra.

Cuando a las siete por fin nos dejaron libres Jack insistió en enseñarme las instalaciones. No era lo que más me apetecía en ese momento pero por ser amable le dije que si.

-Y esta es nuestra última parada: el salón de actos-me dijo, y después abrió la alta puerta marrón, para dejarme ver un gran teatro.

Los colores predominantes eran el rojo y amarillo oro. El techo estaba muy arriba ya que había unos cinco pisos con palcos, pero mis ojos no centraron su atención en eso, mis ojos miraban el escenario situado a unos cincuenta metros, el escenario en el que dentro de un mes y medio estaría actuando.

-Increíble-fue todo lo que pude decir.
-Lo sé, la primera vez que vine me pregunté qué hacía yo aquí-caminé por el pasillo ancho que separaban las butacas del lado izquierdo del derecho y al escuchar lo que dijo di media vuelta-pero después todo se hace más fácil. Solo tienes que esperar a actuar la primera vez sobre el escenario. Al principio los nervios te comen por dentro aunque según bailas te olvidas de donde estas-en ese momento no le creí. Era imposible que te olvidaras de que había como mínimo mil personas mirándote y que no te podías permitir ningún fallo.

Subí al escenario y miré al frente. La sensación que invadió mi cuerpo fue indescriptible

-Debería irme a casa. Es tarde-dictaminé después de girar sobre mi misma un par de veces y darme cuenta de que aquello era real. De que yo estaba allí.
-Sí, tienes razón. Por cierto, mañana no tenemos ensayos. La Sra. Watson tiene una reunión importante, pero como saliste tan rápido no te lo pudo decir-asentí y me coloqué la mochila, donde llevaba mi ropa de ballet metida, sobre un hombro.

Después de darle las gracias por enseñarme el edificio entero me despedí y salí por la puerta de cristal. Era bastante tarde, casi las ocho y no había cenado, y mi estómago rugiendo no lo había pasado desapercibido.
Se notaba que noviembre acaba de entrar. La temperatura había bajado considerablemente en los últimos meses y no tardaría en empezar a nevar. Algo que adoraba del invierno era ver las calles cubiertas de nieve, las familias juntas paseando y esas comprar apresuradas de última hora. Ese pensamiento me hizo sonreír mientras me adentraba en una pequeña cafetería que había en la calle por la que pasaba. Me senté en una mesa pegada a la gran cristalera y esperé.

No había mucha gente dentro, por no decir que solo había una pareja a un par de mesas de mí. Apenas dos minutos después de sentarme una camarera me tomó nota. Pedí un chocolate caliente y un pequeño bocadillo de pollo, lechuga, tomate y mahonesa.

Observaba la calle por la gran cristalera de la cafetería y no sabía muy bien porque mientras hacía esa sencilla acción sonreía. Cuando acabé por fin no notaba el vacio en mi barriga y salí después de pagar la cuenta, un poco excesiva para lo que había tomado.

Paseaba tranquilamente por las calles de Londres para llegar a mi edificio. No quedaba lejos, solo veinte minutos yendo despacio, por lo que preferir caminar y disfrutar del aire de la noche.

No había casi gente por la calle y de repente empecé a escuchar música. Al principio solo era un pequeño sonido, apenas audible, pero según más me acercaba al final de la calle más fuerte se hacía. Llegué a la intersección. Solo había tres posibilidades: seguir de frente, ir a la izquierda o a la derecha. Esta última es de donde provenía la música, no sabía si debía hacer lo que iba a hacer pero giré a la derecha. Caminé sin rumbo, solo estaba guiada por el sonido que cada vez se hacía más claro. Llegué a la esquina y seguí por ahí. Empecé a ver personas todas juntas formando un círculo. Usaban ropa ancha y sus pantalones dejaban ver más de la mitad de su ropa interior. Horrible fue la palabra que me vino a la mente. Mi cabeza me decía que tenía que alejarme, que me estaba metiendo en la boca del lobo, pero yo no le hice caso, solo seguí.
Cuando menos lo esperé la canción estruendosa paró y el pánico me invadió al ver como un hombre alto, moreno y con el pelo alborotado se giró y una sonrisa de lo más asquerosa salió de sus labios al verme.

-Hola, preciosa-me dijo y solo eso me hizo temblar.
-Yo… yo creo que me he confundido de camino-di media vuelta para poder salir de ahí lo más rápidamente posible, pero fue en vano. Una mano agarró mi muñeca con fuerza haciéndome soltar un gruñido de dolor. Con un movimiento brusco tiró de mí y me pegó a su cuerpo. Su dedo se paseaba por mi mejilla lentamente.
-¿Qué hace alguien como tú por aquí?-me revolví incómoda en su agarre mirando por el rabillo del ojo su sonrisa burlona y su dedo seguía moviéndose, ahora en mi cuello-¿Te ha comido la lengua el gato?-escalofríos recorrieron mi cuerpo y miré al frente. No había nadie ¿Cuándo se habían ido todas las personas que antes estaban allí?
-Déjame irme-conseguí decir, después de que en los primeros intentos las palabras se me quedaran trabadas en la garganta.
-¿Por qué? Solo acabamos de empezar-escuchar eso solo aumento el miedo que corría en mi interior y él volvió a apretar el agarre en mi muñeca, produciendo un pequeño grito de mis labios. Su dedo trazaba una línea imaginaria por mi cuello.

Cerré los ojos, rezando porque alguien viniera y me ayudara. De repente su dedo dejó mi cuello y me permití, por un momento, soltar un suspiró, pensando que eso se había acabado. Pero entonces fue su mano la que colocó en mi garganta, apretando ligeramente. Noté como juntaba su nariz a mi pelo, oliendo profundamente.

-Tienes un buen olor-tragué saliva mientras mi miedo aumentaba por momentos.
-Suéltala-pronunció una voz grave y ronca detrás de mí.

Me quedé helada y mi opresor soltó un gruñido, inconfundiblemente estaba molesto porque le interrumpieran. Sin embargo en mi cuerpo no se podía registrar ningún tipo de sentimiento. Dio media vuelta conmigo, pero no pude levantar la cabeza ya que su mano haciendo presión en mi nuca me lo impedía.

-Ya viene Styles a salvar el día-¿Styles? Ese apellido o… nombre, lo que fuera, me sonaba, aunque no sabía de qué exactamente.
-Te he dicho que la sueltes-su voz no era la misma que antes. Retenía furia y entonces sentí todavía más miedo por ese hombre desconocido.

La persona  que me tenía agarrada me soltó la muñeca y el cuello, me cogió del brazo y bruscamente me empujó hacia delante, haciéndome caer en el suelo. Aún sin levantar la cabeza.

-Solo por esta vez-dijo y acto seguido escuché pasos alejarse.

Me atreví a mirar al chico que había conseguido que el otro se marchara y me dejara libre. Alcé la cabeza y entonces me arrepentí de hacerlo. Era el chico de la fiesta. Pude comprobar el profundo color verde de sus ojos, esos  que me habían mirado. Los rizos despeinados llenaban su cabeza y una sonrisa cruzaba sus labios. Había cambiado el traje por unos tejanos ajustados con una camisa a cuadros azules y una chaqueta verde que tenía pinta de ser calentita.

Tambaleándome intenté levantarme del suelo y la mano del chico rizoso agarró suavemente mi brazo ayudándome a volver a estar sobre dos piernas. Cogí la mochila que estaba a un metro de mí y la colgué de mi hombro.

-¿Estás bien?-su tono de voz había vuelto a ser el grave, ronco y tranquilo de la primera vez que lo había escuchado.
-Sí-contesté segura-gracias, creo. Yo me tengo que ir, ya es tarde y… Adiós-estaba nerviosa y no sabía por qué.

Para mi sorpresa el tal Styles me soltó y me dejó caminar libremente.

-No creo que sean horas para que andes sola por ahí-estaba dándole la espalda cuando dijo aquello, así que me paré en seco y volví a mirarle.
-Puedo cuidarme solita-le repliqué y una pequeña carcajada salió de sus labios que mostraban una sonrisa pícara. Di un par de pasos hacía él y me quedé mirándole. Sus brillantes ojos fijos en los míos.
-Eso me lo has demostrado hace menos de dos minutos-su tono burlón me desesperó y puse los ojos en blanco.
-Imbécil-fue todo lo que salió de mi boca antes de volver a retomar mi camino.
-Te dije que nos volveríamos a encontrar, Allison.

Me paré pero sin volverme, solo me quedé ahí quieta, como una estatua, con los ojos abiertos de par en par.

Había sido él.

miércoles, 3 de abril de 2013

Capítulo 1


Paseaba por el gran salón, recibiendo felicitaciones de todas las personas que me veían y a las que no conocía. Me sentía rara, era como una desconocida en un sitio nuevo. Lo único que salía de mi boca era “gracias” o una simple sonrisa, porque no sabía que más decir y tampoco sabía lo que se suponía que tenía que hacer. 

Miré hacia abajo y observé una arruga en el final de mi vestido rojo, suavemente, o al menos intentándolo, pasé mi mano por allí y la quité. Sin embargo me faltaba mucha práctica para que el movimiento que acaba de hacer fuera delicado y estiloso. Sí, definitivamente, yo estaba fuera de lugar en esa fiesta.

Seguí mi camino, aunque tampoco sabía muy bien a donde ir. Un camarero con un esmoquin negro se paró delante de mí con una bandeja plateada, en la que encima había cinco copas alargadas con un líquido amarillento transparente, y se veía como burbujas ascendían a la superficie. Me hizo un movimiento con la cabeza, ese sí que fue delicado y estiloso,  invitándome a coger una de las copas. Vacilante acepté y alcancé una de ellas, y una vez hecho esto, el camarero, como si fuera un robot con instrucciones exactas, se alejó, dejándome el camino despejado otra vez.

La música de fondo se detuvo por un momento y entonces escuché el sonido que mis tacones negros hacían al caminar. Ese sonido siempre me gustó, así que lo disfruté hasta que otra melodía, esta vez de piano, reemplazó al anterior. Llevé la copa que antes había cogido a mi boca, probando aquella bebida, pero el sabor amargo y ácido que obtuve me hizo alejarlo rápidamente y buscar a mi alrededor donde poner aquello. Encontré una mesa no muy lejos de mí y me acerqué a ella posando la copa y yéndome rápidamente. No quería saber nada que tuviera que ver con eso. Todavía tenía ese repugnante sabor en mi boca y no era algo que agradeciera.

-Allison-al escuchar mi nombre hice un ágil giro. Quizás no era la mejor en fiestas elegantes, pero por lo menos moviéndome tenía una gracia natural.

Miré en la dirección en la que la voz provenía y mi profesora de ballet era la que había pronunciando mi nombre. Una señora de cincuenta años, con el cabello canoso y corto. En lo que se refiere a clases era muy estricta y perfeccionista, pero siempre pensé que fuera de ellas era una buena persona, y le debía muchas cosas que había conseguido. Otra mujer, creo que de sus mismos años o mayor, estaba a su lado. Tenía el pelo corto y rizado, castaño, claramente teñido. Su cara tenía arrugas, pero la sensación que me transmitió al verla fue de tranquilidad.

Me acerqué a ellas, apenas se alejaban un par de metros.

-Sra. Lee-dije cuando estuve a su lado.
-Quería presentarte a la directora del The Royal Ballet,  una de las compañías de ballet más importantes de Reino Unido: Grace Watson-me quedé impresionada ¿Estaba yo realmente delante de ella? No me hacía falta presentación alguna, sabía perfectamente quien era Grace Watson.

Estiré mi brazo hasta su mano suspendida en el medio de las dos, cogiéndola y apretando suavemente.

-Es un placer conocerte. Me quedé muy sorprendida al ver tu trabajo sobre el escenario hoy, pareces muy joven ¿Cuántos años tienes?-su voz, al contrario que su cara, era fría y seca y por un momento tuve miedo. Me sentí pequeña e insignificante.

Me permití unos segundos para contestar. No sabía si era bueno o malo ser joven en el mundo del baile, pero me había dicho que había hecho un buen trabajo. Volví mis ojos a los de la Sra. Watson.

-Tengo diecinueve años-le respondí, un tanto sonrojada.
-Vaya…-no estaba muy convencida de si ese “vaya” había sido en el buen o mal sentido y me estaba empezando a incomodar. Afortunadamente mi profesora cortó ese silencio que se había creado.
-Aún siendo tan joven hace maravillas sobre el escenario, de eso no hay duda.
-No se lo niego. Quizá le falta un poco de originalidad y soltarse más, pero creo que no me equivoco si te hago esta propuesta: ¿Quieres actuar, en el papel principal, en nuestra obra de Navidad?-mi cabeza, que estaba mirando al suelo, se alzó bruscamente, creando un leve crujido, que solo yo escuché, y una sonrisa empezó a formarse en mi cara.
-Pues claro, sería una tonta si dijera que no-le contesté sin apenas valorar las pegas de su propuesta, pero en ese momento no tenía ninguna, y no creo que si las hubiera pensado se me hubieran ocurrido. Estaba en un estado demasiado eufórico.

Rápidamente me avergoncé del tono de mi voz, era el de una niña pequeña con un regalo nuevo, y me hizo parecer inmadura. Sin embargo en la cara de Grace apareció una sonrisa, la primera que había visto provenir de ella, y me gustaba mucho más de esa manera, pero cuando la volví a escuchar hablar volvió a aparecer la mujer cortante.

-Bueno pues los ensayos comienzan la semana que viene, concretamente el martes a las cuatro de la tarde. Normalmente duraran dos horas todos los días, pero quizás alguna vez nos salgamos de ese horario. Los únicos días que no hay ensayo son: sábados, domingos y lunes. En cuanto al dinero que se te pagará lo hablaremos detenidamente el martes ¿Alguna pregunta?-me quedé callada, buscando alguna duda o inconveniente, que no encontré. Así que mi cabeza se movió de lado a lado.
- Entonces te espero el martes. Pido puntualidad.
-No se preocupe, allí estaré. Adiós-me fui dejando a las dos mujeres hablando animadamente.
-¡Ali!-unos brazos me envolvieron el cuello-has estado genial.

Cuando me liberé del agarre me giré para poder ver a mi mejor amiga con una gran sonrisa en la cara.

-Siempre me dices lo mismo, Eve-ella me hizo una mueca.
-Bueno pero es que hoy ha sido increíble. Por cierto, ¿esa no es Grace Watson?-asentí sonriente-¿y esa sonrisa?
-¡Me ha dicho que me quiere en su obra de Navidad!

Su boca se abrió al igual que sus ojos, que me miraban expectantes, pero el único movimiento que hizo fue volver a pegarme a su cuerpo. En un abrazo mucho más fuerte que el anterior. Esta chica no sabía controlar su fuerza, pero era una gran bailarina. Siempre pensé que debería protagonizar alguna obra, pero la Sra. Lee no estaba de acuerdo conmigo. Más de una vez quise cederle mi puesto, aunque nunca me dejaron.

Giré mi cabeza hacia el lado derecho y a lo lejos, casi pegado a la pared, había un chico que me observaba detenidamente. Paré mis ojos sobre los suyos, eran verdes o quizás azules. Con la distancia no podía estar segura. Su expresión era seria, no había un atisbo de una sonrisa. Su labios tenían un toque rosado y eran gruesos, pero sin excederse. Estaba enfundado en un traje negro, la chaqueta abierta y con una camisa blanca, le daba una impresión elegante pero casual. 

Nuestros ojos no perdieron la conexión un solo segundo, hasta que Evelyn, que había seguido hablando, me zarandeó un par de veces.

-Ali… Allison ¿estás ahí?-volví mi cabeza a la de ella.
-Sí, sí, no te preocupes-le contesté.

Volví a mirar a donde había estado el chico misterioso apenas unos segundos atrás, pero ya no se encontraba allí.

-Qué extraño…-susurré
-¿Qué dices?-me llevé la mano a la frente y negué con la cabeza, restándole importancia a lo que acababa de pasar-estas muy rara, Ali
-No es nada. Es que estoy emocionada porque la Sra. Watson me ofreció el papel principal y  no sé si estoy preparada para eso.

Recé para que no se notara la mentira que acababa de salir por mi boca

-¡Estás loca! Eres impresionante y lo vas a hacer genial. Eso es lo que menos te tiene que preocupar, tienes un talento natural-¡Bingo! Me dije
-Gracias, Eve. Voy a echar de menos las clases contigo ¿Quién va a ser ahora la que saque de quicio a la profesora?-hice pucheros  y Evelyn se rió de mi ocurrencia
-Te acaban de dar una gran oportunidad. Aprovéchala. Además, vivo en el mismo edificio que tú ¡No es el fin del mundo!-me cogió la mano y me arrastró hasta la pista de baile.

Estuvimos un par de horas balanceando nuestras caderas al ritmo de la música. De vez en cuando hombres, que no conocía de nada, decían mi nombre y me felicitaban. Otros me pedían un baile, y aunque mucha gracia no me hacía, aceptaba. La amabilidad era importante.

Volvía a estar con Eve, después de que un tal Jack, un chico de unos veintidós años, hablará sobre mi actuación hoy durante diez minutos. Una conversación, que según mi parecer, fue aburrida y muy monótona. Había intentado escabullirme, pero después me enteré de que iba a ser uno de mis compañeros en The Royal Ballet, por lo que me quedé charlando con él hasta que me dejo libre.

-Te la robo-dijo una voz detrás de mí. Una voz que reconocería donde fuera.
Con un rápido movimiento me rodeó la cintura y me hizo girar sobre mi misma hasta tenerme justo en frente de su cara.
-Ya pensé que no ibas a venir…-le repliqué por la tardanza.
-Fui a ver la actuación, pero después tuve que marcharme. Aunque ya estoy aquí, Ali-le pasé mis brazos por su cuello y nos pusimos a bailar en el momento que una canción lenta sonaba-estuviste genial.
-Gracias, parece ser que la directora de The Royal Ballet piensa lo mismo que tú y me quiere en su obra ¿Te lo puedes creer? ¡Es The Royal Ballet!
-Por supuesto que me lo creo. Eres una gran bailarina y no solo de ballet. El lírico en general se te da bien. Lo vas a hacer genial-me abrazó, como dándome ánimos y confianza. Aunque lo ánimos me sobraban, la confianza en mí era algo que me faltaba.

Siempre había sido una de esas chicas a las que les dices cualquier cosa mala sobre ellas, y se la cree. Le destroza por dentro, poco a poco. Por suerte para mí Eve y Matt siempre han estado ahí.

Matt era mi mejor amigo, creo que desde que tengo uso de razón. Tenía un año más que yo y siempre ha sido como mi hermano. Nunca me ha dejado sola, pero en mi defensa diré que yo tampoco a él
Eve, en cambio, la conocí cuando ingresé en la escuela de Ballet, en la que entonces estaba. Teníamos carácteres bastantes distintos, y creo que eso fue lo que nos hizo encajar tan bien. Ella se podría decir que es la loca e irresponsable amiga y yo la que la vigila para que no se meta en mucha líos.

Seguí bailando entre los brazos de Matt, y al mirar por encima de su hombro volví a encontrarme con el chico de antes, un poco más cerca, pero aún así no pude distinguir el color de sus ojos, aunque si se podía ver un brillo en ellos. A diferencia de la vez anterior una sonrisa pícara asomaba sus labios al comprobar que yo también le miraba e hice una mueca de fastidio. Aún así continué observándole. Su pelo era castaño y no estaba muy segura de si era rizado o solo lo tenía alborotado.

La voz de Matt en mi oído me sacó de mis pensamientos.

-Ali ¿pasa algo?-me preguntó con un cierto tono de preocupación en su voz. Volví a mirarle. Sus ojos azules en los míos esperando mi respuesta.
-¿Conoces al chico qué está detrás de ti?-él hizo un ademán de girar la cabeza hacia atrás, pero se lo impedí posando mi mano en su mejilla-mira disimuladamente-cogiéndome la mano me hizo girar dos veces sobre mi misma y cambiamos la posición, ahora era yo quien estaba de espaldas al chico.
-¿Así es lo suficientemente disimulado para ti?-asentí despacio.
Quizá le faltaba un poco de perfección al giro, pero no me iba a poner a discutir la técnica allí.
-No hay nadie, Allison-fruncí el ceño y me giré para comprobar que Matt estaba en lo cierto-¿te encuentras mal?-negué con la cabeza y el soltó un suspiro.

La noche pasó más rápida de lo esperado. Sin más apariciones del chico misterioso y con muchas felicidades de gente desconocida que me había dicho su nombre, pero de los cuales mañana no me acordaría ni de la mitad.

Por fin estaba en casa, con los tacones por alguna parte del salón, ya que nada más entrar los tiré.
Mis pies caminaban descalzos por el frio suelo de parqué. Estaba agotada y no tardaría en meterme en la cama, pero antes tenía que comer algo. Me acerqué a la cocina y abrí el frigorífico, lo observé unos segundos. Cogí un yogurt griego de fresa, mi favorito desde siempre, y cerré la puerta de la nevera. Abrí un cajón y sin mirar atrapé una cucharilla metálica. Cuando acabé fui hasta la puerta de mi habitación, pero el timbre sonó.

¿Quién sería a las tres de la mañana? Se me ocurrió Eve, pero ella se había ido antes que yo porque mañana tenía que madrugar y Matt quedó descartado debido a que él no vivía en este edificio
.
Cuando tuve la puerta en frente de mi agarré el pomo y dubitativamente lo moví despacio hacia abajo y poco a poco la puerta se abrió. Detrás de ella no había nadie, asomé mi cabeza y miré a los lados, pero nada. Me lo habré imaginado, pensé. Sin embargo cuando iba a volver a cerrarla miré hacia abajo y sobre el felpudo había una pequeña hoja doblada por la mitad.

Extrañada me agaché y la alcancé. La desdoblé y lo que leí dentro de ella me dejó sin palabras.

Allison, me gustó verte sobre el escenario esta noche. No tardaremos en volver a encontrarnos