Cuatro coches patrulla entraron en la plaza y la
rodearon, subiendo así el pánico entre la gente que corría de un lugar a otro.
Yo aún no me había movido. Estaba bloqueada y no sabía cómo actuar. Mis ojos
revoloteaban por aquel sitio.
De cada coche salieron cuatro policías que, sin esperar, corrieron
hacia la gente, llevándola a dos furgonetas de las que no me había dado cuenta
cuando habían entrado allí. Busqué a mis amigos con la mirada, pero no les
encontraba. Todo lo que alcanza a ver y oír era gente sangrado y gritos.
Encontrarme en esa situación era agobiante y lo peor es que seguía sin
reaccionar. Solo podía ver a la gente tirada por el suelo, llevada a rastras
hacia los coches o corriendo, y luego estaba yo. La chica que se quedaba quieta.
Escuché un disparo que resonó en la noche de Londres, que
se mantuvo en el ambiente por un largo periodo de tiempo, creo. Mi sangre se
había helado al escucharlo y eso fue lo que me hizo darme cuenta de que tenía
que moverme y escapar. Sin embargo, no sabía a dónde. La plaza estaba rodeada,
había venido en el coche de Matt y estaba sola.
Di un paso hacia delante, preparada para correr, pero un
señor uniformado venía a paso apresurado hacia mí, con la porra en su mano
derecha levanta. Retrocedí rápidamente, chocando con el pequeño muro de la
pista en la que minutos antes Evelyn había estado. Perdí el equilibrio unos
cortos segundos. Por suerte, no llegué a caer al suelo. Alcé la vista de nuevo,
pudiendo comprobar que el policía estaba a menos de dos metros. Llegaban a mi
mente millones de escapatorias, pero ninguna reproducida por mis piernas. El
miedo se había apoderado de mi cuerpo, era incapaz de hacer nada. Cerré los
ojos, fuertemente, esperando el golpe que alguna parte de mi cuerpo iba a
recibir.
Entonces unos brazos se enredaron en mi cintura y, de
alguna manera, me levantaron del suelo. Los latidos de mi corazón se aceleraron
más de lo que ya estaban y abrí los ojos. Un solo brazo me elevaba unos
centímetros del suelo y corría conmigo, mi cuerpo pegado al suyo, esquivando a
todas las personas que se acercaban a nosotros y las que estaban en el suelo
heridas. Unos rizos me hicieron cosquillas en mi mejilla izquierda. Giré la
cabeza en ese sentido, para poder observar quien me llevaba corriendo. Un nudo
se me formó en la barriga.
-Styles-susurré.
Él pareció no darse cuenta de que yo le había llamado y
si lo había hecho hizo como si no.
Me relajé apenas unos segundos. Cuando volví a estar en
el suelo los gritos pasaron a estar en un segundo plano.
-Sube-me dijo, señalando a una moto negra situada en
frente de mí, mientras él se sentaba en ella.
Por una vez le hice caso y sin perder más tiempo me situé
detrás de él, cogiendo firmemente su cintura.
-¿Confías en mí?-le escuché preguntarme mientras introducía
la llave para encender el vehículo y el motor rugió.
-No-contesté sin titubear.
-Respuesta equivocada.
Le dio gas a la moto y nos abalanzamos por la plaza.
Harry serpenteaba entre la gente, sin reducir la velocidad. Me agarré todavía
más fuerte a su barriga y apoyé en su espalada mi cara, cerrando los ojos y
pensando en otra cosa que me hiciera olvidar donde estaba. Al final, acabé
contando los latidos de mi corazón desbocado.
No sé cuánto tiempo estuve encima de esa moto, pero sé
que en todo el recorrido mis ojos se mantuvieron cerrados. No sabía lo que
había pasado en la plaza, ni donde estábamos. Aún así hasta el momento en que
nos paramos y escuché como el motor se apagaba no me separé de la espalda de
Styles.
Poco a poco mis parpados se fueron abriendo y quité mis
manos de la cintura del chico. Me erguí en el asiento de cuero negro y miré
hacia los lados. Tarde un corto tiempo en saber que estaba en frente de mi
apartamento. Me bajé de la moto silenciosamente.
Mis ojos se dirigieron al cuarto piso, a la ventana del
salón de Evelyn, la luz estaba apagada. Ella no estaba en casa, en la acera
tampoco estaba en Honda Civic de Matt.
¿Y si les había pasado algo? ¿Y si a ellos les habían
cogido? ¿Y si ellos no habían tenido tanta suerte como yo? ¿Y si... y si… y
si…?
Un agudo pinchazo acudió a mi pecho, oprimiendo mi
corazón. Lágrimas se formaron en mis ojos, viajando rápidas hasta el principio
de mi boca y otras llegando al final de mi cara y cayendo al suelo.
-Amor, ¿qué pasa?
Bajó de la moto y vino junto a mí, pero di un paso atrás.
-Matt y Eve ¿dónde están?
Mi voz temblaba y los sollozos empezaban a ser mayores.
El simple hecho de perderles también a ellos… No, no podía ser así.
-Vi a Evelyn salir con un chico alto y moreno. Tranquila,
por favor.
Negué con la cabeza repetidas veces. La angustia que
sentía era tan grande que aunque me hubiera dicho eso, hasta no verles otra vez
no iba a poder relajarme.
Harry acortó la pequeña distancia que nos separaba en un
solo paso y cogió mi cara entre sus manos, mirando fijamente mis ojos. Azul
contra verde. Con sus pulgares quitó las lágrimas de mi cara.
-Están bien. Están bien. No llores más. Están bien.
Tras decir eso me envolvió en un abrazo y me acarició el
pelo que caía hasta mi espalda. Su barbilla apoyada en mi cabeza. Volví a
cerrar los ojos y me sumergí entre sus cálidos brazos.
-Están bien, Allison-me repitió, mientras yo conseguía
tranquilizar mi respiración.
-Gracias-murmuré contra su pecho y, entonces, noté como
besaba mi cabeza.
Escuché la rueda de un coche chirriar en la esquina de mi
calle. Separándome ligeramente de Styles, pero inconscientemente dejé que su
brazo siguiera en mis hombros, vi como el Honda Civic aparcaba en el sitio
libre a unos metros de nosotros, y antes
de que el motor se apagara la puerta del copiloto se abrió. Una ágil figura
salió de él corriendo hacia mí.
-Mierda, Ali. No sabias lo preocupada que estaba-me dijo
antes de envolver mi cuerpo en un abrazo en el que casi me deja sin
respiración.
-Estoy bien ¿y vosotros qué tal?
Matt, no sé en qué momento, había salido del coche y
ahora era él quien me abrazaba.
-Nosotros también. Conseguimos llegar al coche.
-Em… Allison…-murmuró Eve.
La miré para comprobar que señalaba al rizoso.
-¡Ah! Sí. A ver, Harry ella es Evelyn, aunque ya la
conoces, y Matt él es Harry.
Se dieron un apretón de manos y mis amigos me observaban
esperaban más explicaciones.
-Gracias a él salí de la plaza-aclaré.
-Sí, y será mejor que me marche ya ¿Nos vemos mañana,
amor?-bufé.
-No. Aunque me hayas traído a casa sigo sin confiar en ti.
-Tranquila, eso me lo dejaste claro antes en la moto,
pero vas a cambiar de parecer. Si te tengo que enamorar para que estés en mi
cama una noche, lo voy a hacer.
Mi boca se abrió al escuchar aquello. Ya había olvidado
su brusco temperamento, pero aquello había superado los límites.
-¿Pero qué clase de gilipollas eres tú? No te vuelvas a
acercar a ella.
Matt me había quitado de la boca exactamente lo que yo le
iba a decir y se había acercado peligrosamente a Styles.
-Matt, déjalo. No vale la pena.
-Hasta mañana, amor.
Me guiñó uno de sus ojos esmeralda y yo, en respuesta,
los puse en blanco. Él se volvió a subir a su moto y dándole gas, justo como lo
había hecho la vez anterior, se marchó.
Después de despedirnos, Carter se subió a su coche, y también
se fue a su apartamento, el cual estaba a unos veinte kilómetros del nuestro.
-Creo que me tienes que explicar muchas cosas, Ali.
-Lo sé, pero mañana. Estoy demasiado cansada.
Ella asintió y yo metí la llave en la cerradura de mi
puerta, cerrándola tras de mí.
***
El ruido del despertador me avisaba de que era hora de
empezar el domingo. Me dolía todo el cuerpo. Mis músculos estaban agarrotados y
por mucho que hubiera querido quedarme en la cama, tenía varias cosas que
hacer.
Me levanté tambaleándome y me estiré. Llovía en Londres,
algo bastante normal en la fecha en la que estábamos. Después de una larga
ducha me vestí con unos leggins negros, una camiseta blanca y una camisa a
cuadros rojos y azul marino. Me puse unos botines planos negros y me encaminé a
la cocina a por una manzana. Nunca había sido de esas personas que por la
mañana se toman un gran desayuno, mi estomago siempre estuvo cerrado y apenas
comía mucho a primeras horas del día.
Una vez me terminé mi manzana, me cogí una bufanda gris y
un gorrito del mismo color, dejándolo caer hacia atrás en mi cabeza. Alcancé un
bolso negro que tenía en el sillón del salón con todas mis cosas dentro y salí
de casa, con el paraguas en la mano.
No hacia tanto frío como ayer en la calle, pero aún así a
veces soplaban ráfagas de viento que te helaban. Caminé hacia el metro que
había a una manzana de mi apartamento, evadiéndome de todo.
El metro estaba bastante vacio para ser un domingo por la
mañana. Aunque la línea que yo tenía que coger no es que fuera muy utilizada. Solo
había cinco paradas y la última te dejaba en el orfanato. Mi destino.
Me bajé del tren, como era común no había nadie más que
yo. Casi todo el mundo se bajaba en la anterior.
Era un gran edificio de tres plantas, me lo conocía casi
mejor que las personas que trabajan allí. Entre por las puertas al pequeño
vestíbulo donde Mery estaba, como cada domingo, detrás del mostrador.
-Hola, Mery.
-¡Allison! ¿Qué tal?
Se levantó de la silla de madera y con una sonrisa se
acercó a mí y me abrazó. Mery era un soplo de aire fresco para todos los niños
que vivían aquí, lo sabía por propia experiencia. Pero en esos momento no
quería ponerme a recordar los duros años que estuve sola.
-Bien, muy bien ¿Tom?
-Está esperando es su habitación que vayas a verle.
-Pues no voy a hacerle esperar más.
Sonreí a la rizosa mujer y subí las escaleras para llegar
a la segunda planta. Tan solo tuve que dar unos diez pasos hasta tener en
frente de mí la habitación 204. Di un par de golpecitos suaves a la puerta y
después giré el pomo. Antes de abrir completamente ya tenía la pequeña figura
de pelo castaño alborotado cogiendo mis rodillas.
-¡Ali! ¡Ali!
Le envolví con mis brazos y le levanté del suelo. Di un
beso en su mejilla y entré a la sala.
-Hola, enano ¿qué tal estas?
Me senté en la pequeña cama y le coloqué encima de mis
piernas. Sus grandes ojos miel me miraron y una sonrisilla tímida asomó sus
labios.
-Muy bien. Te eché de menos.
-Y yo a ti, Tom, y yo a ti
Pasamos el resto de la mañana juntos. Jugando con sus
aviones por la habitación.
Tom era un niño de
seis años bastante inteligente. Era increíble la manera en la que discurría las
cosas y se daba cuenta del más mínimo detalle. Era imposible engañarle, porque
él sabía cuando lo hacías. Por ello no tenía mucho amigos allí, porque él sabía
con quien se tenía que juntar y no.
-¿Qué tal tu trabajo de bailarina, Ali?-me preguntó.
-Bastante bien. Ahora estoy haciendo el papel principal
en la compañía más importante de Inglaterra.
-Vaya… ¡Qué bien!-se lanzó otra vez a mis brazos, como
había hecho durante toda la mañana y, fijando en la hora de mi reloj, me di
cuenta de que tenía que marcharme o si no perdería el tren.
-Enano, es tarde y me tengo que ir ya casa.
Una mueca de tristeza cruzó su cara.
-¿Vas a volver el próximo domingo?
-Claro que sí, como siempre.
Asintió, como si estuviera diciendo que tenía permiso
para poder irme, y yo le di un fuerte beso en su mejilla.
-Hasta el domingo-me dijo antes de que yo le hiciera un
gesto con la mano de despedida y cerrara la puerta.
***
Apenas había acabado mis macarrones con tomate cuando
aporrearon la puerta de mi apartamento.
-¡Allison! Ábreme
-Eve…-murmuré poniendo los ojos en blanco
-¿Qué es que no puedes vivir sin mí?-dije con sarcasmo
una vez que la puerta estuvo abierta y ella sentada en mi sofá, haciendo señas
con la mano para que ocupara el sitio a su lado. Lo cual hice-¿qué pasa?
-Me tienes que contar algo ¿no?
-Y tú a mí-repliqué.
Ella me frunció el ceño y después suspiró.
-Sí, ayer besé a Matt. Me gusta Carter, no te lo dije. Lo
siento. Ahora tú.
Me empecé a reír, lo de esta chica no tenía solución.
Cuando me hube relejado le conté todo. Desde la fiesta, hasta como me había
sacado anoche de la plaza. Ella guardó silencio durante todo el relato, algo
particular en su carácter.
-¿Qué te parece? Ayúdame.
-Es que no lo sé, Ali. No le conozco. Ayer antes de
nuestra batalla, cuando le tenía en frente de mí, habló conmigo para relajarme.
No creo que sea un mal chico.
-¿Pero tú no oíste lo que me dijo ayer?-espeté.
-Sí, claro que lo oí. Estaba delante. Solo se lo tiene
muy creído, y sé cómo eres y que no vas a caer en su juego. Mira, cuando vea
que no tiene nada que hacer contigo, se olvidará de ti. Lo único que tienes que
hacer es pasar.
Era lo más sensato que había escuchado salir de la boca
de mi amiga en años. Era una gran idea que iba a llevar a cabo. Además, quizá
no le iba a volver a ver.
-Haré eso entonces.
-Es lo…
El timbre de mi apartamento interrumpió lo que Eve iba a
decir y extrañada me levanté. Tiré hacia abajo del pomo y abrí la puerta.
-Lo siento.
Harry apareció tras ella. Tenía el pelo y la ropa mojados
y gotas estaban cayendo en mi felpudo, pero no le di importancia a nada de eso.
No le quería volver a ver y allí estaba.
-¿Qué haces aquí?
-Pedirte perdón-guardé silencio-fui un estúpido por lo
que te dije ayer ¿verdad?
-¿Y te atreves a preguntarlo? Mira Styles, no sé lo que
quieres de mí…-no me dejó continuar porque habló.
-Escúchame. Ayer cuando volví a casa, me sentía como una
gran mierda, y no entendía por qué.
Pensé que si me iba a la cama por la mañana ya no tendría esa sensación, pero
estaba equivocado. Cuando desperté me seguía sintiendo el mayor hijo de puta de
la Tierra. Nunca había estado tan enfadado conmigo mismo y no me gusta. Nada.
Sé que tú no te merecías que te dijera eso, porque tú no eres así. No eres como
las otras. Así que te lo voy a poner muy fácil: una cena, para pedir perdón, y
desaparezco de tu vida, para siempre… A no ser que quieras lo contrario.
Todas esas palabras me cogieron desprevenida. Le miré y
me puse a un lado haciendo un gesto con la mano para que entrara.
-Yo creo que me voy a ir.
-Puedes quedarte, Eve. Es un poco impulsivo, pero no
muerde-bromeé.
-Que graciosa, amor. Que graciosa…
-No es por eso, quedé con Matt.
Cuando nos despedimos de Evelyn fui a por una toalla al
baño, la cual le lancé a Styles una vez que estuve en el salón. Le observé
mientras se secaba los rizos y su cara. La verdad es que tenía un atractivo
innegable, pero su carácter le fallaba.
-¿Y bien? ¿Aceptas?-me preguntó desde el sofá.
-¿Y después desapareces?
-Eso es lo que he dicho. No te quiero hacer daño, Ali.
Fruncí el ceño ¿Por qué me iba a hacer daño?
-¿De qué hablas?
-Habló de que tú vales más que las tías con las que me
acuesto, y por eso no quiero tratarte como a ellas. Pero no conozco otra manera
de comportarme.
Su sinceridad me abrumaba. Al menos él sabía lo
gilipollas era. Suspiré y cerré los
ojos.
-Acepto, Styles.




