El camino de vuelta a casa había sido igual de silencioso
que el de ida. Ninguno de los dos tenía nada que decir. Bueno, en realidad, yo
tenía muchas cosas que decir, pero no encontraba las palabras adecuadas para
poder hacerlo. Hasta entonces lo mejor era estar callada, o eso creía.
Giramos la última esquina que había antes de llegar a mi
apartamento. El reloj del coche de Harry marcaba la una de la mañana. Íbamos a
quedarnos algo más de tiempo. Sin embargo, el ambiente entre todos era demasiado
tenso. Se notaba que algo iba mal y nadie quería seguir allí. Cualquier persona
que no nos conociera lo hubiera notado.
El coche frenó en seco de repente y el cinturón impidió
que saliera disparada del asiento. Miré hacia abajo con el corazón en un puño,
como agradeciendo tener puesto el cinturón, y vi un brazo musculoso sobre mi barriga.
Lo seguí con la mirada terminando en la cara de Styles, que como llevaba
haciendo toda la noche me miraba seriamente.
-Lo siento-me dijo apartando la vista y el brazo de nuevo
hacia la carretera, poniendo el freno de mano a la vez.
-¿Por qué?-pegunté en tono irónico-solo llevas siendo un
insoportable toda la noche y todavía no sé la razón ¿Pero por qué lo ibas a
sentir?
Apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y se giró para
mirarme. Alargó la mano para acariciarme
la mejilla, pero antes de que me pudiera tocar me aparté. Suspiró.
-Solo… perdóname.
Sus palabras solo aumentaron mi enfado.
-¡No! Quiero una explicación. No puedes hacer siempre lo
que te da la gana y después que no pase nada. Ese será tu mundo, pero no el mío.
Me quité el cinturón rápidamente y salí del coche, sin
mirar atrás. Aquello era tan parecido a la noche de nuestra cena…
Cuando cerré la puerta con fuerza esperé a que Harry
bajara del coche, o hiciera algo, cualquier cosa. Lo que sea para saber que el
lunes iba a seguir estando ahí, pero la respuesta que obtuve me redujo el
corazón a un montón de pedacitos pequeños y rotos. El motor del R8 sonó
potente, rompiendo la tranquilidad de la noche y el coche se esfumó por el
final de la calle, dejando consigo una estela de humo combinado con las
lágrimas que de mis ojos salían.
Sabía que parte del problema que se había creado era
culpa mía y yo había decidido algo. Algo que dudaba pudiera hacer, no después
de lo que acaba de pasar. Mi idiotez y orgullo lo habían llevado todo a un callejón
oscuro y sin salida.
Esperé unos minutos más en la calle al coche de Jack,
donde estaban Eve y Carter, pero no llegaba y el frío se estaba calando en mí.
Cruzándome de brazos e intentando calentarme, entré dentro del moderno
edificio, mientras me mentalizaba que ya no había nada que pudiera hacer. Mi
vida volvería a ser igual de aburrida y monótona que siempre.
Llegué al piso de mi apartamento y entré en él con la
cabeza gacha. Lo único de lo que tenía ganas era de comer un helado, tirarme en
la cama y dormir largo y tendido hasta la mañana siguiente, o incluso la tarde.
Aunque bien sabía que siendo domingo no podía hacer eso.
Al final, el cansancio y la tristeza me vencieron y me
metí en la cama sin comer el helado. Quería echarme, llorar y dormir. Y eso fue
exactamente lo que hice.
***
Otro día lluvioso y helado en Londres ¡Qué raro! Ni
siquiera tenía ganas de salir de la cama. La vista que tenía desde ella de la
calle no era muy acogedora. Era el típico día de quedarse en casa, con una
manta, un chocolate caliente y viendo películas románticas con tus amigas.
Aunque cuando por segunda vez la alarma de mi despertador
sonó, me quité el edredón y salí hacia el armario tambaleándome ligeramente.
Cogí lo primero que llegó a mis manos y me lo puse lo más rápido que pude, iba
a llegar tarde a coger el tren y si lo perdía tendría que esperar media hora.
Cuando estuve vestida me recogí el pelo en una trenza de lado y poniéndome mi
bufanda salí corriendo de casa, sin pararme a cerrar con llave como normalmente
hacía. Lo único en lo que mi cabeza pensaba era en Tom, el pequeñín de pelo
castaño alborotado. ¡Dios, no podía perder el tren!
Bajé las escaleras de tres en tres, dando saltos, ni
siquiera me podía permitir esperar al ascensor. En la calle hacía tanto frío
como me imaginaba y mientras empezaba a caminar, a paso rápido, abrí el
paraguas para resguardarme de las gotas que caían del cielo. Había el tráfico
típico de una mañana de domingo en una de las ciudades más importantes que
existían. Algo a lo que te acostumbras con el tiempo si no eres de aquí. Aunque
estaba escuchando más bocinas de coches de las normales, así que giré la cabeza
para comprobar cuál era la raíz de aquel escándalo, sin dejar de caminar.
-¡Amor, sube!
Por supuesto… ¿Cómo no iba a ser él el causante de todo
aquello? Pero una cosa tenía segura, saber que no le había perdido me había
hecho sonreír.
-Sé que quieres, vamos ¿No ves el tráfico que estás creando?
¿Qué yo estoy
creando? Pero tendrá morro…
Intentando camuflar una sonrisa apretando mis labios en
una fina línea, miré el reloj de mi muñeca y resoplando subí al coche. Teniendo
cuidado con los coches que pasaban, cuyos conductores no me miraban muy
contentos. Una vez que estuve en el asiento delantero volvió a ponerse en
marcha, redirigiendo de nuevo el tráfico.
-Tú dirás-le miré, mordiéndome el labio inferior.
-Al orfanato…-murmuré, apartando la vista a por la
ventana por la que corrían un montón de gotas de lluvia.
Escuché como Styles estuvo a punto de decirme algo, pero
al final se quedó callado. Mejor, era lo que quería. Podía ser que había
aceptado ir en su coche, pero solo porque iba a llegar tarde.
-¿Cómo sabías que iba a salir hoy de casa?
Volví la cabeza hacia él y me dio una mirada ladeando la
cabeza, acompañada de su sonrisa.
-Evelyn-susurré y el asintió lentamente.
Esta chica no tenía remedio…
-No te va a ser tan fácil. Lo sabes, ¿verdad?-le dije sin
apartar la vista de él.
-Te lo explicaré durante la comida, lo prometo-me miró y
me guiñó un ojo, profundizando la sonrisa y sus dos hoyuelos apareciendo. En
esos momentos parecía un niño pequeño y me encantaba.
Mi cuerpo lleno de anticipación, por la idea de que por
fin iba a obtener algunas respuestas a las preguntas que llevaba haciéndome
desde que le había conocido. Posiblemente él solo quería explicarme su
comportamiento de anoche, pero no podía perder la oportunidad de sonsacarle
algo más de él, de su vida, o, simplemente, como había hecho para saber todas
esas cosas de mí. Eso era lo más importante de todo. Porque, al fin y al cabo,
era algo a lo que seguía teniendo miedo. Algo de lo que desconfiaba.
***
Salimos del coche cuando él lo aparcó en frente del
orfanato.
-Amor, ¿por qué aquí?
-Yo también tengo secretos, Styles.
No era el momento, ni lugar oportunos para contar eso y
menos a él.
Me subí la cremallera de la chaqueta y empecé a caminar
al interior del edificio, escuchando los pasos de Harry detrás de mí sobre los
charcos que había por el suelo de cemento. Llegamos a la entrada y él estaba
dispuesto a abrir, pero antes tenía que asegurar algo.
-Prométeme que no harás preguntas mientras estemos aquí,
Harry-frunció el ceño y entrecerró los ojos, finalmente asintió y empujó la
puerta para entrar.
El en vestíbulo, extrañamente, no estaba Mery. Caminé a
la oficina que había detrás del mostrador donde ella se solía sentar y llamé un
par de veces a la puerta, sin obtener respuesta. Aquello era realmente extraño.
-¿Qué pasa?
-Pues…-dudé un par de segundos-creo que algo no va bien.
Sin esperarle, sabiendo que me seguiría, subí las
escaleras de madera hasta el segundo piso, hasta la habitación 204.
-¿Tom?-pregunté mientras abría poco a poco la puerta.
La habitación estaba completamente vacía y me empecé a
preocupar seriamente. Este llevaba siendo mi horario de visita a Tom desde
hacía tres años. Siempre el mismo ¿Qué estaba pasando?
-¡Tom!-salí corriendo de allí.
-¡Amor, espera!
Por el pasillo había varios niños que habían salido de
sus habitaciones, pero no me paré a hacerles caso, solo me dedicaba a
esquivarles. Bajé de nuevo al piso del vestíbulo, gritando el nombre de Mery,
nadie venía.
-Ali, ¿se puede saber qué te pasa?
-No está, Harry.
El pánico de mi cuerpo, se mezclaba con la confusión y el
agujero que se había creado al poder pesar una separación, sin ser avisada,
entre el pequeño Tom y yo.
Aún recuerdo el día que yo salí de allí, del orfanato. Mery
entró en mi habitación para despertarme, como hacía cada mañana, pero había
algo diferente. La sonrisa de su cara era distinta a cualquiera de las otras
veces que la había visto. Estaba feliz, más que de costumbre. Irradiaba un tipo
de sentimientos que no sabía decir cual podía ser, pero que siempre mostraba
cuando habían adoptado a un niño y se iría con su nueva familia. Supuse que esa
persona sería Tom, mi adorable compañero de habitación. Ella nos levantó a los
dos, avisándonos del desayuno y como siempre hacíamos bajamos en pijama al
comedor. Después me acuerdo de que todo
pasó muy rápido. Mery no me dejó entrar a desayunar, me dijo que tenía que
cambiarme e ir a la oficina de la directora, cosa que hice sin rechistar. Sabía
que clase de persona era la directora de allí y era mejor no hacerla enfadar,
acatar lo que decía al momento y estarse callado cuando estabas a su lado. Realmente
era una mala persona. Pero, también, cuando entré al despacho había algo
diferente. Los asientos de terciopelo rojos estaban ocupados por una pareja,
una pareja que conocía bastante bien. Busqué por la habitación a mi moreno
amigo, para encontrarle sentado en el único sillón, haciéndome señas para que
fuera junto a él. En mi mente solo una pregunta rondaba ¿De verdad los padres
de Matt me iban a adoptar? Era extraño, siempre habían sido muy amigos de mi
madre y por lo tanto las dos familias éramos como hermanas, pero llegar a
pensar en ellos como unos “padres”…
Y entonces estaba pasando lo mismo, Mery no estaba, Tom
tampoco y yo… Yo estaba perdida. Giré mi
cabeza hacia la derecha y vi el odioso despacho de la directora, con la puerta
traslucida. Caminé hacía allí sin vacilación, mientras Styles me llamaba por
detrás. Agarré el pomo cuando lo tuve cerca y entré sin llamar, era la primera
vez que hacía eso.
-¿Dónde está Tom?-pregunté sin dar un saludo primero.
-Srta. Young, debería saber usted que no me gusta que
entre así en mi despacho.
Su chillona e insoportable voz ya estaba metida en mi
cabeza, sonaba como si fueran
martillazos, y por supuesto que sabía acerca de sus preciadísimas reglas sobre
cómo o no entrar en su despacho, pero a mí ya no me afectaban.
-Te he hecho una pregunta, Margaret
Incluso me daba asco oír salir su nombre de mis labios.
-Amor, cálmate.
Me giré para hacerle cara a él. Él no lo entendía, no
tenía la más ligera idea de lo que significa Tom para mí, era como mi hermano
pequeño.
-No te metas en esto, Harry. No lo hagas.
-Pero explícame que pasa.
Se acercó hasta poder colocar sus manos en mis hombros,
bajándolas hasta mis manos y cogiéndolas. Un gesto que, de alguna manera, me
tranquilizó. Estaba a punto de pasar mis manos por su cuello para abrazarle
cuando un carraspeo me hizo darme cuenta de donde seguía estando. Así que me
solté.
-Contésteme-dije, exigiendo mi respuesta.
-Está en el hospital, Allison.
Mis ojos y mi boca se abrieron de manera sincronizada y
mi mundo pareció derrumbarse lentamente. La miré con las lágrimas que
rápidamente se habían acumulado en mis ojos. No era la primera vez que Tom
ingresaba en un hospital, solía tener ataques asmáticos muy fuertes, pero hacía
dos años que no le pasaba nada y pensamos que ya se le había quitado. Por lo
que se veía, estábamos equivocados.
-¿En el de siempre?-pregunté, obtuve un leve asentimiento
y salí de allí tirándome de la mano de Harry.
-Vamos a St Thomas’
Hospital, Harry, por favor.
-No tardaremos mucho, conduciré rápido.
Y no me mintió, fuimos todo el camino a una velocidad
extrema, pisaba el acelerador a fondo siempre que podía y más de una vez me
imaginé al coche precipitándose contra algo, pero Harry conducía bien, sin
duda.
Intentaba distraerme contándole la historia de Tom, quien
era y como le conocí, afortunadamente no hizo preguntas de por qué yo estuve en
ese orfanato, desde luego no estaba preparada para contárselas entonces. Algún
día lo haría, sin embargo, antes, él tenía que responder a muchas de mis dudas.
Llegamos al hospital en la mitad de tiempo de lo que lo
hubiéramos hecho yendo a una velocidad normal, y lo mejor fue que llegamos sin
daños físicos.
Entré seguida de Styles, quien al ver cómo me paraba al
dar el primer paso al interior dejó un beso suave en mi mejilla y cogió mi
mano, entrelazando nuestros dedos.
-Vamos, amor, él te necesita ¿no?
Me alegraba que estuviera a mi lado, apoyándome. A veces
podía ser un capullo, pero otras no se me ocurría a nadie mejor para tener
junto a mí. Ni siquiera Matt o Evelyn y no entendía muy bien por qué. Aquello
me trastocaba ligeramente.
-La habitación de Tom Jepherson, por favor-dije cuando el
mostrador se encontraba delante de mí.
La mujer morena me miró por encima de sus gafas. Si algo
había que odiara de los hospitales eran las recepcionistas, muchas de ellas
eran demasiado maleducadas como para trabajar de cara al público y tenía la
impresión de que había topado con una de esas personas.
-No puedo dar esa información.
¡Bingo! Que suerte
tengo.
-Verá, señora…-la mano de Harry en mi hombro me paró.
-Espera ahí sentada mejor-me señaló unos asientos
colocados a un par de metros y refunfuñando por lo bajo caminé hacía allí.
Observé como Styles hablaba con la señora, de alguna
manera me parecía que la estaba seduciendo. Seguro que estaba poniendo esa voz
tan ronca y sexy que le salía cuando hablaba muy cerca de mi cara. Apreté los
dientes cuando él se inclinó para aproximarse aún más cerca y susurrarle algo
en su oído, algo a lo que ella respondió con una risilla de colegiala
enamorada. Pinchazos, de lo que sabía perfectamente eran celos, atacaban a mi
corazón.
Poco después Styles se separó de ella y m hizo una seña
con la mano para que volviera con él, de mala gana lo hice.
-Habitación 648-su tono de voz orgulloso.
-Genial-mascullé y caminé a los ascensores.
-No te pongas celosa-me dijo riendo.
-¿Quién ha dicho que lo esté?-alzó una ceja para después
negar con la cabeza, divertido.
El ascensor parecía no llegar nunca y me estaba empezando
a poner nerviosa. Noté el cuerpo de Styles tras mi espalda y después sus manos
en mi cintura. Sus labios hacían cosquillas en mi oído cuando habló.
-Tranquila, amor, él va a estar bien.

