jueves, 20 de junio de 2013

Capítulo 10


El camino de vuelta a casa había sido igual de silencioso que el de ida. Ninguno de los dos tenía nada que decir. Bueno, en realidad, yo tenía muchas cosas que decir, pero no encontraba las palabras adecuadas para poder hacerlo. Hasta entonces lo mejor era estar callada, o eso creía.

Giramos la última esquina que había antes de llegar a mi apartamento. El reloj del coche de Harry marcaba la una de la mañana. Íbamos a quedarnos algo más de tiempo. Sin embargo, el ambiente entre todos era demasiado tenso. Se notaba que algo iba mal y nadie quería seguir allí. Cualquier persona que no nos conociera lo hubiera notado.

El coche frenó en seco de repente y el cinturón impidió que saliera disparada del asiento. Miré hacia abajo con el corazón en un puño, como agradeciendo tener puesto el cinturón, y vi un brazo musculoso sobre mi barriga. Lo seguí con la mirada terminando en la cara de Styles, que como llevaba haciendo toda la noche me miraba seriamente.

-Lo siento-me dijo apartando la vista y el brazo de nuevo hacia la carretera, poniendo el freno de mano a la vez.
-¿Por qué?-pegunté en tono irónico-solo llevas siendo un insoportable toda la noche y todavía no sé la razón ¿Pero por qué lo ibas a sentir?
Apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y se giró para mirarme.  Alargó la mano para acariciarme la mejilla, pero antes de que me pudiera tocar me aparté. Suspiró.
-Solo… perdóname.

Sus palabras solo aumentaron mi enfado.

-¡No! Quiero una explicación. No puedes hacer siempre lo que te da la gana y después que no pase nada. Ese será tu mundo, pero no el mío.

Me quité el cinturón rápidamente y salí del coche, sin mirar atrás. Aquello era tan parecido a la noche de nuestra cena…

Cuando cerré la puerta con fuerza esperé a que Harry bajara del coche, o hiciera algo, cualquier cosa. Lo que sea para saber que el lunes iba a seguir estando ahí, pero la respuesta que obtuve me redujo el corazón a un montón de pedacitos pequeños y rotos. El motor del R8 sonó potente, rompiendo la tranquilidad de la noche y el coche se esfumó por el final de la calle, dejando consigo una estela de humo combinado con las lágrimas que de mis ojos salían.

Sabía que parte del problema que se había creado era culpa mía y yo había decidido algo. Algo que dudaba pudiera hacer, no después de lo que acaba de pasar. Mi idiotez y orgullo lo habían llevado todo a un callejón oscuro y sin salida.

Esperé unos minutos más en la calle al coche de Jack, donde estaban Eve y Carter, pero no llegaba y el frío se estaba calando en mí. Cruzándome de brazos e intentando calentarme, entré dentro del moderno edificio, mientras me mentalizaba que ya no había nada que pudiera hacer. Mi vida volvería a ser igual de aburrida y monótona que siempre.

Llegué al piso de mi apartamento y entré en él con la cabeza gacha. Lo único de lo que tenía ganas era de comer un helado, tirarme en la cama y dormir largo y tendido hasta la mañana siguiente, o incluso la tarde. Aunque bien sabía que siendo domingo no podía hacer eso.

Al final, el cansancio y la tristeza me vencieron y me metí en la cama sin comer el helado. Quería echarme, llorar y dormir. Y eso fue exactamente lo que hice.

***
Otro día lluvioso y helado en Londres ¡Qué raro! Ni siquiera tenía ganas de salir de la cama. La vista que tenía desde ella de la calle no era muy acogedora. Era el típico día de quedarse en casa, con una manta, un chocolate caliente y viendo películas románticas con tus amigas. 

Aunque cuando por segunda vez la alarma de mi despertador sonó, me quité el edredón y salí hacia el armario tambaleándome ligeramente. Cogí lo primero que llegó a mis manos y me lo puse lo más rápido que pude, iba a llegar tarde a coger el tren y si lo perdía tendría que esperar media hora. Cuando estuve vestida me recogí el pelo en una trenza de lado y poniéndome mi bufanda salí corriendo de casa, sin pararme a cerrar con llave como normalmente hacía. Lo único en lo que mi cabeza pensaba era en Tom, el pequeñín de pelo castaño alborotado. ¡Dios, no podía perder el tren!

Bajé las escaleras de tres en tres, dando saltos, ni siquiera me podía permitir esperar al ascensor. En la calle hacía tanto frío como me imaginaba y mientras empezaba a caminar, a paso rápido, abrí el paraguas para resguardarme de las gotas que caían del cielo. Había el tráfico típico de una mañana de domingo en una de las ciudades más importantes que existían. Algo a lo que te acostumbras con el tiempo si no eres de aquí. Aunque estaba escuchando más bocinas de coches de las normales, así que giré la cabeza para comprobar cuál era la raíz de aquel escándalo, sin dejar de caminar.

-¡Amor, sube!

Por supuesto… ¿Cómo no iba a ser él el causante de todo aquello? Pero una cosa tenía segura, saber que no le había perdido me había hecho sonreír.

-Sé que quieres, vamos ¿No ves el tráfico que estás creando?

¿Qué yo estoy creando? Pero tendrá morro…

Intentando camuflar una sonrisa apretando mis labios en una fina línea, miré el reloj de mi muñeca y resoplando subí al coche. Teniendo cuidado con los coches que pasaban, cuyos conductores no me miraban muy contentos. Una vez que estuve en el asiento delantero volvió a ponerse en marcha, redirigiendo de nuevo el tráfico.

-Tú dirás-le miré, mordiéndome el labio inferior.

-Al orfanato…-murmuré, apartando la vista a por la ventana por la que corrían un montón de gotas de lluvia.
Escuché como Styles estuvo a punto de decirme algo, pero al final se quedó callado. Mejor, era lo que quería. Podía ser que había aceptado ir en su coche, pero solo porque iba a llegar tarde.

-¿Cómo sabías que iba a salir hoy de casa?

Volví la cabeza hacia él y me dio una mirada ladeando la cabeza, acompañada de su sonrisa.

-Evelyn-susurré y el asintió lentamente.

Esta chica no tenía remedio…

-No te va a ser tan fácil. Lo sabes, ¿verdad?-le dije sin apartar la vista de él.
-Te lo explicaré durante la comida, lo prometo-me miró y me guiñó un ojo, profundizando la sonrisa y sus dos hoyuelos apareciendo. En esos momentos parecía un niño pequeño y me encantaba.

Mi cuerpo lleno de anticipación, por la idea de que por fin iba a obtener algunas respuestas a las preguntas que llevaba haciéndome desde que le había conocido. Posiblemente él solo quería explicarme su comportamiento de anoche, pero no podía perder la oportunidad de sonsacarle algo más de él, de su vida, o, simplemente, como había hecho para saber todas esas cosas de mí. Eso era lo más importante de todo. Porque, al fin y al cabo, era algo a lo que seguía teniendo miedo. Algo de lo que desconfiaba.

***
Salimos del coche cuando él lo aparcó en frente del orfanato.

-Amor, ¿por qué aquí?
-Yo también tengo secretos, Styles.

No era el momento, ni lugar oportunos para contar eso y menos a él.

Me subí la cremallera de la chaqueta y empecé a caminar al interior del edificio, escuchando los pasos de Harry detrás de mí sobre los charcos que había por el suelo de cemento. Llegamos a la entrada y él estaba dispuesto a abrir, pero antes tenía que asegurar algo.

-Prométeme que no harás preguntas mientras estemos aquí, Harry-frunció el ceño y entrecerró los ojos, finalmente asintió y empujó la puerta para entrar.

El en vestíbulo, extrañamente, no estaba Mery. Caminé a la oficina que había detrás del mostrador donde ella se solía sentar y llamé un par de veces a la puerta, sin obtener respuesta. Aquello era realmente extraño.

-¿Qué pasa?
-Pues…-dudé un par de segundos-creo que algo no va bien.

Sin esperarle, sabiendo que me seguiría, subí las escaleras de madera hasta el segundo piso, hasta la habitación 204.

-¿Tom?-pregunté mientras abría poco a poco la puerta.

La habitación estaba completamente vacía y me empecé a preocupar seriamente. Este llevaba siendo mi horario de visita a Tom desde hacía tres años. Siempre el mismo ¿Qué estaba pasando?

-¡Tom!-salí corriendo de allí.
-¡Amor, espera!

Por el pasillo había varios niños que habían salido de sus habitaciones, pero no me paré a hacerles caso, solo me dedicaba a esquivarles. Bajé de nuevo al piso del vestíbulo, gritando el nombre de Mery, nadie venía.

-Ali, ¿se puede saber qué te pasa?
-No está, Harry.

El pánico de mi cuerpo, se mezclaba con la confusión y el agujero que se había creado al poder pesar una separación, sin ser avisada, entre el pequeño Tom y yo.

Aún recuerdo el día que yo salí de allí, del orfanato. Mery entró en mi habitación para despertarme, como hacía cada mañana, pero había algo diferente. La sonrisa de su cara era distinta a cualquiera de las otras veces que la había visto. Estaba feliz, más que de costumbre. Irradiaba un tipo de sentimientos que no sabía decir cual podía ser, pero que siempre mostraba cuando habían adoptado a un niño y se iría con su nueva familia. Supuse que esa persona sería Tom, mi adorable compañero de habitación. Ella nos levantó a los dos, avisándonos del desayuno y como siempre hacíamos bajamos en pijama al comedor.  Después me acuerdo de que todo pasó muy rápido. Mery no me dejó entrar a desayunar, me dijo que tenía que cambiarme e ir a la oficina de la directora, cosa que hice sin rechistar. Sabía que clase de persona era la directora de allí y era mejor no hacerla enfadar, acatar lo que decía al momento y estarse callado cuando estabas a su lado. Realmente era una mala persona. Pero, también, cuando entré al despacho había algo diferente. Los asientos de terciopelo rojos estaban ocupados por una pareja, una pareja que conocía bastante bien. Busqué por la habitación a mi moreno amigo, para encontrarle sentado en el único sillón, haciéndome señas para que fuera junto a él. En mi mente solo una pregunta rondaba ¿De verdad los padres de Matt me iban a adoptar? Era extraño, siempre habían sido muy amigos de mi madre y por lo tanto las dos familias éramos como hermanas, pero llegar a pensar en ellos como unos “padres”…

Y entonces estaba pasando lo mismo, Mery no estaba, Tom tampoco y yo… Yo estaba perdida.  Giré mi cabeza hacia la derecha y vi el odioso despacho de la directora, con la puerta traslucida. Caminé hacía allí sin vacilación, mientras Styles me llamaba por detrás. Agarré el pomo cuando lo tuve cerca y entré sin llamar, era la primera vez que hacía eso.

-¿Dónde está Tom?-pregunté sin dar un saludo primero.
-Srta. Young, debería saber usted que no me gusta que entre así en mi despacho.

Su chillona e insoportable voz ya estaba metida en mi cabeza, sonaba  como si fueran martillazos, y por supuesto que sabía acerca de sus preciadísimas reglas sobre cómo o no entrar en su despacho, pero a mí ya no me afectaban.

-Te he hecho una pregunta, Margaret

Incluso me daba asco oír salir su nombre de mis labios.

-Amor, cálmate.

Me giré para hacerle cara a él. Él no lo entendía, no tenía la más ligera idea de lo que significa Tom para mí, era como mi hermano pequeño.

-No te metas en esto, Harry. No lo hagas.
-Pero explícame que pasa.

Se acercó hasta poder colocar sus manos en mis hombros, bajándolas hasta mis manos y cogiéndolas. Un gesto que, de alguna manera, me tranquilizó. Estaba a punto de pasar mis manos por su cuello para abrazarle cuando un carraspeo me hizo darme cuenta de donde seguía estando. Así que me solté.

-Contésteme-dije, exigiendo mi respuesta.
-Está en el hospital, Allison.

Mis ojos y mi boca se abrieron de manera sincronizada y mi mundo pareció derrumbarse lentamente. La miré con las lágrimas que rápidamente se habían acumulado en mis ojos. No era la primera vez que Tom ingresaba en un hospital, solía tener ataques asmáticos muy fuertes, pero hacía dos años que no le pasaba nada y pensamos que ya se le había quitado. Por lo que se veía, estábamos equivocados.

-¿En el de siempre?-pregunté, obtuve un leve asentimiento y salí de allí tirándome de la mano de Harry.
-Vamos a St Thomas’ Hospital, Harry, por favor.
-No tardaremos mucho, conduciré rápido.

Y no me mintió, fuimos todo el camino a una velocidad extrema, pisaba el acelerador a fondo siempre que podía y más de una vez me imaginé al coche precipitándose contra algo, pero Harry conducía bien, sin duda.
Intentaba distraerme contándole la historia de Tom, quien era y como le conocí, afortunadamente no hizo preguntas de por qué yo estuve en ese orfanato, desde luego no estaba preparada para contárselas entonces. Algún día lo haría, sin embargo, antes, él tenía que responder a muchas de mis dudas.

Llegamos al hospital en la mitad de tiempo de lo que lo hubiéramos hecho yendo a una velocidad normal, y lo mejor fue que llegamos sin daños físicos.

Entré seguida de Styles, quien al ver cómo me paraba al dar el primer paso al interior dejó un beso suave en mi mejilla y cogió mi mano, entrelazando nuestros dedos.

-Vamos, amor, él te necesita ¿no?

Me alegraba que estuviera a mi lado, apoyándome. A veces podía ser un capullo, pero otras no se me ocurría a nadie mejor para tener junto a mí. Ni siquiera Matt o Evelyn y no entendía muy bien por qué. Aquello me trastocaba ligeramente.

-La habitación de Tom Jepherson, por favor-dije cuando el mostrador se encontraba delante de mí.

La mujer morena me miró por encima de sus gafas. Si algo había que odiara de los hospitales eran las recepcionistas, muchas de ellas eran demasiado maleducadas como para trabajar de cara al público y tenía la impresión de que había topado con una de esas personas.

-No puedo dar esa información.

¡Bingo! Que suerte tengo.

-Verá, señora…-la mano de Harry en mi hombro me paró.
-Espera ahí sentada mejor-me señaló unos asientos colocados a un par de metros y refunfuñando por lo bajo caminé hacía allí.

Observé como Styles hablaba con la señora, de alguna manera me parecía que la estaba seduciendo. Seguro que estaba poniendo esa voz tan ronca y sexy que le salía cuando hablaba muy cerca de mi cara. Apreté los dientes cuando él se inclinó para aproximarse aún más cerca y susurrarle algo en su oído, algo a lo que ella respondió con una risilla de colegiala enamorada. Pinchazos, de lo que sabía perfectamente eran celos, atacaban a mi corazón.

Poco después Styles se separó de ella y m hizo una seña con la mano para que volviera con él, de mala gana lo hice.

-Habitación 648-su tono de voz orgulloso.
-Genial-mascullé y caminé a los ascensores.
-No te pongas celosa-me dijo riendo.
-¿Quién ha dicho que lo esté?-alzó una ceja para después negar con la cabeza, divertido.

El ascensor parecía no llegar nunca y me estaba empezando a poner nerviosa. Noté el cuerpo de Styles tras mi espalda y después sus manos en mi cintura. Sus labios hacían cosquillas en mi oído cuando habló.

-Tranquila, amor, él va a estar bien.

domingo, 2 de junio de 2013

Capítulo 9


Volví a repetir el giro, levantando la pierna derecha y estirándola, formado un perfecto ángulo de 90º, para así coger más impulso. Pero como las otras cinco veces caí al suelo,  antes de completar el primer de los dos giros.

-Mierda-maldije.

Encogí mis rodillas y las abracé, haciéndome un ovillo, intentando protegerme a mí misma de un peligro que, en principio, no existía.

Una mano apareció en frente de mi cara y la cogí, en un simple gesto volvía a estar sobre mis dos pies.

-Otra vez-me dijo con voz severa.
-Es imposible, no me sale Harry.

Alzó una ceja y se cruzo de brazos, claramente molesto por mi rendición. Pero ¿qué iba a hacer? No quería volver a hacerme daño, mi trasero ya sentía el dolor de cada caída.

Vi a Styles alejarse hacía el otro lado de la sala, dejándome a mí sola en el medio de la habitación y él pegado a una pared.

-Corre-una mueca confusa apareció en mi cara.

¿Corre? ¿Qué significaba eso? Con él todo eran preguntas, siempre.

Lo comprendí al segundo siguiente, cuando Harry rápidamente había empezado a caminar la distancia que nos separaba, a paso ligero. Él quería que escapara. Di media vuelta, al ritmo de la canción que en ese instante sonaba If you could see me now ¿Cómo había hecho eso?

Alcancé el pomo de la puerta y, como no estaba cerrada, solo tuve que tirar y acto seguido correr. La siguiente pregunta era a dónde. Mi casa no era del todo grande, lo justo para una sola persona, y Styles la conocía entera. Menos… menos mi habitación. Corrí todo el camino de frente, sin mirar atrás. Él quería que corriera, yo lo iba a hacer.

Hice un giro rápido al llegar a mi salón y me metí en el siguiente pasillo y en ese momento me di cuenta: estaba yendo en el sentido contrario. No estaba pensando con claridad, el por qué ni yo lo sabía.

Volví al salón y entré en la cocina, pasando por la puerta del final de esta. De nuevo eché a correr mientras escuchaba los pasos y la risa silenciosa de Styles detrás de mí. Él estaba cerca. Ya podía ver la entrada de mi habitación y sonreí triunfal. La fría superficie  del pomo entró en contacto con mi mano, pero no fue lo único que mi cuerpo toco. Un musculoso brazo apresó mi cintura, descorriendo el camino ya hecho. Gruñí.

-Bájame-exigí, pero en respuesta solo obtuve una sonora carcajada-imbécil-susurré.
-Te he oído.
-Eso es lo que pretendía.

De repente, sentí sus rizos rozando mis pestañas y después sus labios sonriendo en mi mejilla. El calor a ellas, llegó tan rápido como él separándose de mí. 

Mi cuerpo fue dejado con suavidad encima del sillón ¿Cuándo habíamos vuelto allí?

-¿Por qué me has mandando hacer eso?-se encogió de hombros, a la vez que ocupaba el sitio vacio junto a mí.
-Para que te des cuenta de que hay cosas imposibles, como escapar de mí, y otras tan simples, como hacer un doble giro sin caerse al suelo. Además, me aburría.

Su razonamiento no tenía sentido, excepto la última parte. Aún así decidí no contestar. No había mucho que decir después de aquello. Pero una duda corría por mi mente, una duda que necesitaba una respuesta, y quizá él la supiera.

-¿Por qué no me sale?
-No crees lo suficiente en ti. Por si no te has dado cuenta, ese mismo giro lo has hecho conmigo al lado y los ojos cerrados ayer, amor.

Le miré seria, esa confesión me había trastocado. No podía estar hablando en serio. Bueno, aunque con Styles cerca, todo era serio. Era real.

Mi mente seguía procesando la información dada. Tampoco había mucho que pensar, pero, en el poco tiempo que había pasado con Harry, había aprendido a analizar todas las palabras que salían de su boca. Buscándoles un doble significado o un sentido. Pero esta vez no había nada detrás de sus palabras, había sido muy claro: yo solo hacía el giro bien cuando él estaba pegado a mí, guiándome. Lo que automáticamente hacia que yo confiara en él, al menos cuando se trataba del baile, y el problema era que yo no quería. No quería confiar en él, ni cuando bailábamos, ni en ningún otro aspecto de la vida. Pero también sabía que a eso me había expuesto cuando le pedí su ayuda. En aquel momento le había dejado la puerta abierta para entrar en mi vida, y eso era precisamente lo que él estaba haciendo. Colarse en ella.

-¿Qué piensas, amor?-le miré, aún un poco en mi mundo.
-En ti…

Abrí los ojos al segundo de darme cuenta de lo que había dicho, pero era demasiado tarde. Styles lo había escuchado perfectamente. Prueba de ello, su característica sonrisa.

-No, quiero decir… Yo pensaba en…-el timbre sonó tres veces, ese era el aviso de que Evelyn estaba detrás. Bendita sea.

Me acerqué a la puerta, a la vez que con una goma me hacia una desordenada coleta.

-Esto no se va a quedar así-escuché antes de abrir la puerta y, sin querer, sonreí.
-Hola, Eve-me estrujó y al ver por encima de su hombro, la cara sonriente de Matt apareció-¡Carter!-resopló y corrí hacia él. Sus brazos me levantaron del suelo en el abrazo.
-Hacía mucho que no te veía, pequeña.
-¡Styles, hola!

Vaya, parecía que Eve ya le había visto. Sentí el brazo tenso de Matt alrededor de mi hombro y tuve que reprimir la risa. Me hacía gracia que Carter fuera tan protector conmigo, más de lo normal, cuando Harry estaba cerca.

Vi la escena que se producía delante de mis ojos, Styles y Eve se abrazaban, a modo de saludo, y volvían a ocupar los asientos en mi sofá mientras hablaban animadamente. Cada día me sorprendía más la facilidad de palabra de mi amiga y bueno el rizoso tampoco se quedaba muy atrás. Fui a la cocina, dejando a Matt un poco confundido cerrando la puerta.

 Cogí un vaso y lo puse debajo del grifo, llenándolo de agua.

-¿Qué hace aquí?
-Pensé que Eve te lo diría-le contesté, al mismo tiempo que llevaba el vaso a la boca y bebía el líquido fresco. La verdad era que estaba muy cansada.
-Y lo hizo, pero no la creí. Te estás confundiendo, Ali.
-Es la única manera que tengo de no perder la mejor oportunidad en mi vida. Entiéndelo-besé su mejilla y volví al salón.
-¿Entonces quieres venir con nosotros mañana?

Casi se podía escuchar los engranajes de mi mente, pensando a donde se supone que iríamos mañana. Mañana sería sábado, yo no tenía ensayos, Evelyn tampoco y Matt no trabajaba… Ensayos, ensayos, ensayos… ¡Jack! Habíamos quedado con Jack y Eve le estaba invitando a venir con nosotros.

Desde detrás de Harry le hice señas a Eve para que rectificara, pero cuando me vio solo me guiñó un ojo. Estaba claro que no iba a cambiar de opinión.

-Sí, por qué no. ¿A dónde iríamos?-mierda.

Estaba a punto de matar a Evelyn. Por alguna razón ella quería que Harry viniera con nosotros, razón que creía imaginarme.

-No lo sé, vamos con Jack, el amigo de Ali.
-¡Ah! ¿El idiota?-me miró y asentí, un poco cabreada con la palabra que había dicho para dirigirse al él-entonces iré seguro. No me lo perdería. ¿A qué hora?
-A las ocho va a pasar Jack a buscarnos en su coche-contesté de mala gana. De verdad que no entendía este cambio de última hora. Iba a tener que hablar seriamente con Evelyn, de lo que tenía o no tenía que hacer.
-Pero tú iras conmigo en la moto ¿Verdad, amor?

Iba a contestar rápidamente, tenía muy clara la respuesta. Pero le miré y ese fue el gran error. Sus profundos ojos verdes esperaban que hablara. Su mirada parecía traspasarme, parecía ver más allá de lo que yo le mostraba, y en ese momento me sentí desnuda.

Quería decirle que no y eso sería lo que una chica inteligente haría, pero sus ojos… Sus ojos eran más fuertes que yo, me podían.

Prometo aprender a  saber superar su mirada.

-Está bien-respondí, al final, resignada.
-Mal, Allison-la voz ronca de Matt resonó suave en mi oído.

Sabía que estaba mal, pero me había hecho una promesa.

La iba a cumplir.

***
Mi gorrito negro completaba el conjunto del sábado. Mis piernas vestían unos pitillos negros y llevaba puesta una camiseta de manga corta blanca, encima de esta un jersey fino rosa palo. Unos botines de tacón, negros también, cubrían mis pies y por último una chaqueta rosa que me llegaba algo más arriba de los muslos.

El timbre de casa sonó y acto seguido me apresuré al salón y cogí el bolso, sin olvidarme por supuesto del casco. No me molesté en mirar quien era, más que nada porque ya lo sabía.
Abrí la puerta del portal y vi el flamante R8 de Harry, con él apoyado en el capo y cruzado de brazos. Al verme sonrió.

Mi atención fue rápidamente desviada hacia el chico rubio separado unos metros de él.

-Ali, estás preciosa-me dijo mientras se acercaba a mí y me envolvía en sus brazos.
-Gracias, rubio. Tú no estás nada mal tampoco.

Cuando me soltó, ya que el abrazo había durado algo más de lo que la acción requería, vi que Styles no había cambiado su posición, pero su cara, como a menudo hacía, había cambiado a ser seria. Tenía el ceño fruncido y me miraba inquisitivamente.

-Hola-dije, pero solo recibí un movimiento de cabeza en mi dirección. ¿Pero qué le pasaba a este?

Esperamos unos minutos más a que Eve y Matt bajaran. Durante ese corto periodo de tiempo nadie habló y me sentía demasiado incómoda. Al final, decidí romper con el silencio. Me estaba poniendo muy nerviosa.

-Styles ¿no íbamos a ir en tu moto?
-Sí-su voz no podía haber sido más cortante, pero no me iba a amedrentar. Le exigiría explicaciones y las iba a conseguir. Estaba cansada de que las cosa siempre fueran como él quería.
-¿Entonces…?-le incité a seguir.
-A lo mejor llovía-miré al cielo para comprobar que tenía razón, nubes negras se cernían sobre nosotros-preferí el coche.

***
Las calles de Londres solo estaban alumbradas por la luz artificial de las farolas y por las calles paseaban jóvenes, aunque siendo sábado noche eso no me extrañaba. Algunos iban cogidos de la mano, otros iban en grupos riéndose o simplemente hablando.

 El coche de Styles seguía al de Jack, donde iban Matt y Eve también. Me preguntaba de que estarían hablando o si estarían teniendo una conversación tan “animada” como Harry y yo. Desde que nos habíamos montando en su coche no habíamos abierto la boca. Él se había puesto al volante y condujo en silencio y eso me estaba recordaba a la vez que me había invitado a cenar. No me gustaba que se comportara así conmigo, tan serio y enfadado, y menos si no tenía una buena razón para hacerlo.

Paramos en un semáforo y le observé, dándome cuenta de que él hacía lo mismo. Le aguanté la mirada, un poco mosqueada porque no me había dirigido una mísera palabra. Me frustraba demasiado no saber qué problema tenía conmigo. Cuando escuchamos el bocinazo del coche detrás del nuestro, Harry volvió la vista a la carretera y arrancó.

-Vale, se acabo. O me dices que te pasa o me bajo del coche y vuelvo caminando a mi casa.

No me contestó y hubiera pensando que no le dio importancia a mis palabras si no fuera porque sus manos apretaron el volante, quedando sus nudillos blancos. Le puse mi mano encima de una de las suyas, la cual apartó.

-Harry…
-¡Joder, Allison, qué no me pasa nada!
-¿Allison? ¿En serio?
-¿Es tu nombre, no?                                 
-Sí-acabé.

Estaba demasiado sorprendida para pensar con claridad y que me hubiera llamado así no mejoraba las cosas. Me sacaba de mis casillas. No entendía porque entonces me molestaba tanto que me llamara por mi nombre, pero lo que todavía me enfadaba más era no saber la razón.

En todo lo que quedaba de trayecto no volvimos a hablarnos y, por lo menos yo, no le dirigí una sola mirada más, por mucho que eso fuera lo que quería. Antes incluso de que él acabara de aparcar, me bajé del coche dando un portazo y yendo con mi amigos.

Sabía que había sido una mala idea que Evelyn le invitara a venir con nosotros. Él estaba fuera de lugar con todo mi mundo, igual que yo lo estaba en el suyo. No sabía en qué estaría pensando cuando le pedí ayuda.

-¿Y esa cara?-me preguntó Evelyn cuando estuve a su lado.

Hice un movimiento con la mano, diciéndole que no pasaba nada. No quería ponerme a contarlo allí. Miré al cartel del club, para darme cuenta que no era una discoteca.

-¿Un Karaoke? ¿De verdad?-arqueé una ceja. Divertida por la idea de Jack.
-¡Pues claro!-contestó animado-mis amigos están dentro, vamos.

Escuché como Evelyn y Carter hablaban con Styles, pero no me paré a entender lo que decían. Más que nada porque en ese momento no quería saber nada que tuviera relación con Harry. Solo quería pasar una buena noche.

Entramos en el establecimiento, estaba repleto de gento y unos focos apuntaban a un pequeño escenario donde había dos chicas cantando una canción que me sonaba, pero no sabía el nombre. Jack nos llevó a una de las múltiples mesas redondas que había en el local. Allí se encontraban dos chicos y una chica.

-Ya era hora, tío-dijo unos de los chicos, el moreno.
-Lo siento, había tráfico.

Hicimos las presentaciones. El chico moreno se llamaba Blake, y el castaño Derek, la chica que según su comportamiento deduje era la novia de Blake se llamaba Lara. A simple vista parecían buena gente y siendo amigos de Jack seguro que lo eran.

-Así que tú eres Allison-me dijo Derek sonriendo.
-Ali para los amigos-contesté devolviéndole la sonrisa.
-O amor-escuché pronunciar a Matt irónicamente.

En vez de decirle que se callara o algo parecido, mi cuerpo actuó por sí solo y dirigió mis ojos a Harry, quien miraba a la mesa con los dientes apretados, lo que hacía que se le notara el hueso de la mandíbula. Si tan mal se lo iba a pasar, ¿por qué había venido?

-¿Estáis juntos?-preguntó Lara.
-¡No!-se apresuró a contestar Eve, dándole un sonoro beso a Matt. Dejando claro quien estaba con quien.

Negué con la cabeza mientras me reía de los repentinos celos de mi amiga.

Hablamos un poco más, intentado retener toda la información sobre las personas que acabamos de conocer. Eran gente muy peculiar, pero  sin duda graciosa.

No sé cómo, pero en un momento estaba en el escenario, Eve a mi lado sonriendo y la gente mirándonos.
La música empezó a sonar, una canción que conocía perfectamente y que además describía mis sentimientos en ese momento a la perfección.  

One and Only

Me bajé del escenario en el momento en que la última nota sonó, sin mirar a nadie. No podía seguir allí de pie, fingiendo que no pasaba nada. Porque yo no sabía fingir.

Había sido una mala idea, la peor de todas, dejar que él entrara en mi vida y tenía miedo de que se fuera. Ya no podía volver atrás, no podía volver a mí anterior vida. No después de que Harry irrumpiera en ella tal y como lo había hecho, y me hubiera ensañado en que había algo más ahí fuera. Algo que, con su ayuda, aún estaba descubriendo.

No podría olvidarme de salir de un ensayo y encontrarle esperándome, sonriéndome.  Tampoco podría olvidar nuestros paseos en motos, porque eran eso: nuestros, todos y cada uno de ellos diferentes. Ni las peleas por cualquier tontería. Mi “cena algo” y su “no, ya cené”. Sus repentinos cambios de humor. Como su cuerpo enseñaba al mío nuevos movimiento. Cuando sus labios pegados a mí oído me decían que hacer mientras mis ojos estaban cerrado. La manera en la que pronunciaba “amor” y lo mucho que me gustaba que lo hiciera. Todas las veces que mi respiración se aceleraba y escalofríos corrían por mí cuerpo al sentirle cerca, mis ganas de besarle en esos momentos.

Simplemente no podría olvidarlo.