Y ahí estaba yo, una vez más, iluminada por un gran foco
en el medio del escenario ante mil personas que ocupaban el teatro entero, que solo centraban su atención en mí, y en
cuales serían mis próximos movimientos.
Con agilidad crucé mis dos piernas y mis pies se alzaron
mecánicamente hasta ponerse sobre las puntas. Incliné mi cuerpo, levantado la
pierna izquierda y dejando la derecha en el suelo hasta conseguir una perfecta
línea vertical. Aguanté la posición dos segundos exactos y volví a apoyar las
puntas en el suelo. Bailé hasta llegar a la parte derecha del escenario, allí
me encontré con mi compañero, quien con un rápido movimiento me levantó
cogiéndome de la cintura y posando mi espalda en su hombro. Eché atrás los
brazos y la cabeza, como tanto había ensayado. Llegamos al otro extremos del
escenario y los demás bailarines salieron de detrás del telón para seguir con
la coreografía preparada
La función acabó y aplausos del público fueron recibidos
para todo el equipo.
