Paseaba por el gran salón, recibiendo felicitaciones de
todas las personas que me veían y a las que no conocía. Me sentía rara, era
como una desconocida en un sitio nuevo. Lo único que salía de mi boca era “gracias”
o una simple sonrisa, porque no sabía que más decir y tampoco sabía lo que se
suponía que tenía que hacer.
Miré hacia abajo y observé una arruga en el final de mi
vestido rojo, suavemente, o al menos intentándolo, pasé mi mano por allí y la
quité. Sin embargo me faltaba mucha práctica para que el movimiento que acaba
de hacer fuera delicado y estiloso. Sí, definitivamente, yo estaba fuera de
lugar en esa fiesta.
Seguí mi camino, aunque tampoco sabía muy bien a donde
ir. Un camarero con un esmoquin negro se paró delante de mí con una bandeja
plateada, en la que encima había cinco copas alargadas con un líquido
amarillento transparente, y se veía como burbujas ascendían a la superficie. Me
hizo un movimiento con la cabeza, ese sí que fue delicado y estiloso, invitándome a coger una de las copas.
Vacilante acepté y alcancé una de ellas, y una vez hecho esto, el camarero,
como si fuera un robot con instrucciones exactas, se alejó, dejándome el camino
despejado otra vez.
La música de fondo se detuvo por un momento y entonces
escuché el sonido que mis tacones negros hacían al caminar. Ese sonido siempre
me gustó, así que lo disfruté hasta que otra melodía, esta vez de piano,
reemplazó al anterior. Llevé la copa que antes había cogido a mi boca, probando
aquella bebida, pero el sabor amargo y ácido que obtuve me hizo alejarlo
rápidamente y buscar a mi alrededor donde poner aquello. Encontré una mesa no
muy lejos de mí y me acerqué a ella posando la copa y yéndome rápidamente. No
quería saber nada que tuviera que ver con eso. Todavía tenía ese repugnante
sabor en mi boca y no era algo que agradeciera.
-Allison-al escuchar mi nombre hice un ágil giro. Quizás
no era la mejor en fiestas elegantes, pero por lo menos moviéndome tenía una
gracia natural.
Miré en la dirección en la que la voz provenía y mi
profesora de ballet era la que había pronunciando mi nombre. Una señora de
cincuenta años, con el cabello canoso y corto. En lo que se refiere a clases
era muy estricta y perfeccionista, pero siempre pensé que fuera de ellas era
una buena persona, y le debía muchas cosas que había conseguido. Otra mujer,
creo que de sus mismos años o mayor, estaba a su lado. Tenía el pelo corto y
rizado, castaño, claramente teñido. Su cara tenía arrugas, pero la sensación
que me transmitió al verla fue de tranquilidad.
Me acerqué a ellas, apenas se alejaban un par de metros.
-Sra. Lee-dije cuando estuve a su lado.
-Quería presentarte a la directora del The Royal Ballet,
una de las compañías de ballet más
importantes de Reino Unido: Grace Watson-me quedé impresionada ¿Estaba yo
realmente delante de ella? No me hacía falta presentación alguna, sabía
perfectamente quien era Grace Watson.
Estiré mi brazo hasta su mano suspendida en el medio de
las dos, cogiéndola y apretando suavemente.
-Es un placer conocerte. Me quedé muy sorprendida al ver
tu trabajo sobre el escenario hoy, pareces muy joven ¿Cuántos años tienes?-su
voz, al contrario que su cara, era fría y seca y por un momento tuve miedo. Me
sentí pequeña e insignificante.
Me permití unos segundos para contestar. No sabía si era
bueno o malo ser joven en el mundo del baile, pero me había dicho que había
hecho un buen trabajo. Volví mis ojos a los de la Sra. Watson.
-Tengo diecinueve años-le respondí, un tanto sonrojada.
-Vaya…-no estaba muy convencida de si ese “vaya” había
sido en el buen o mal sentido y me estaba empezando a incomodar.
Afortunadamente mi profesora cortó ese silencio que se había creado.
-Aún siendo tan joven hace maravillas sobre el escenario,
de eso no hay duda.
-No se lo niego. Quizá le falta un poco de originalidad y
soltarse más, pero creo que no me equivoco si te hago esta propuesta: ¿Quieres
actuar, en el papel principal, en nuestra obra de Navidad?-mi cabeza, que
estaba mirando al suelo, se alzó bruscamente, creando un leve crujido, que solo
yo escuché, y una sonrisa empezó a formarse en mi cara.
-Pues claro, sería una tonta si dijera que no-le contesté
sin apenas valorar las pegas de su propuesta, pero en ese momento no tenía
ninguna, y no creo que si las hubiera pensado se me hubieran ocurrido. Estaba
en un estado demasiado eufórico.
Rápidamente me avergoncé del tono de mi voz, era el de
una niña pequeña con un regalo nuevo, y me hizo parecer inmadura. Sin embargo
en la cara de Grace apareció una sonrisa, la primera que había visto provenir
de ella, y me gustaba mucho más de esa manera, pero cuando la volví a escuchar
hablar volvió a aparecer la mujer cortante.
-Bueno pues los ensayos comienzan la semana que viene,
concretamente el martes a las cuatro de la tarde. Normalmente duraran dos horas
todos los días, pero quizás alguna vez nos salgamos de ese horario. Los únicos
días que no hay ensayo son: sábados, domingos y lunes. En cuanto al dinero que
se te pagará lo hablaremos detenidamente el martes ¿Alguna pregunta?-me quedé
callada, buscando alguna duda o inconveniente, que no encontré. Así que mi
cabeza se movió de lado a lado.
- Entonces te espero el martes. Pido puntualidad.
-No se preocupe, allí estaré. Adiós-me fui dejando a las
dos mujeres hablando animadamente.
-¡Ali!-unos brazos me envolvieron el cuello-has estado
genial.
Cuando me liberé del agarre me giré para poder ver a mi
mejor amiga con una gran sonrisa en la cara.
-Siempre me dices lo mismo, Eve-ella me hizo una mueca.
-Bueno pero es que hoy ha sido increíble. Por cierto,
¿esa no es Grace Watson?-asentí sonriente-¿y esa sonrisa?
-¡Me ha dicho que me quiere en su obra de Navidad!
Su boca se abrió al igual que sus ojos, que me miraban
expectantes, pero el único movimiento que hizo fue volver a pegarme a su
cuerpo. En un abrazo mucho más fuerte que el anterior. Esta chica no sabía
controlar su fuerza, pero era una gran bailarina. Siempre pensé que debería
protagonizar alguna obra, pero la Sra. Lee no estaba de acuerdo conmigo. Más de
una vez quise cederle mi puesto, aunque nunca me dejaron.
Giré mi cabeza hacia el lado derecho y a lo lejos, casi
pegado a la pared, había un chico que me observaba detenidamente. Paré mis ojos
sobre los suyos, eran verdes o quizás azules. Con la distancia no podía estar
segura. Su expresión era seria, no había un atisbo de una sonrisa. Su labios
tenían un toque rosado y eran gruesos, pero sin excederse. Estaba enfundado en
un traje negro, la chaqueta abierta y con una camisa blanca, le daba una
impresión elegante pero casual.
Nuestros ojos no perdieron la conexión un solo segundo,
hasta que Evelyn, que había seguido hablando, me zarandeó un par de veces.
-Ali… Allison ¿estás ahí?-volví mi cabeza a la de ella.
-Sí, sí, no te preocupes-le contesté.
Volví a mirar a donde había estado el chico misterioso
apenas unos segundos atrás, pero ya no se encontraba allí.
-Qué extraño…-susurré
-¿Qué dices?-me llevé la mano a la frente y negué con la
cabeza, restándole importancia a lo que acababa de pasar-estas muy rara, Ali
-No es nada. Es que estoy emocionada porque la Sra. Watson
me ofreció el papel principal y no sé si
estoy preparada para eso.
Recé para que no se notara la mentira que acababa de
salir por mi boca
-¡Estás loca! Eres impresionante y lo vas a hacer genial.
Eso es lo que menos te tiene que preocupar, tienes un talento natural-¡Bingo!
Me dije
-Gracias, Eve. Voy a echar de menos las clases contigo
¿Quién va a ser ahora la que saque de quicio a la profesora?-hice pucheros y Evelyn se rió de mi ocurrencia
-Te acaban de dar una gran oportunidad. Aprovéchala.
Además, vivo en el mismo edificio que tú ¡No es el fin del mundo!-me cogió la
mano y me arrastró hasta la pista de baile.
Estuvimos un par de horas balanceando nuestras caderas al
ritmo de la música. De vez en cuando hombres, que no conocía de nada, decían mi
nombre y me felicitaban. Otros me pedían un baile, y aunque mucha gracia no me
hacía, aceptaba. La amabilidad era importante.
Volvía a estar con Eve, después de que un tal Jack, un
chico de unos veintidós años, hablará sobre mi actuación hoy durante diez minutos.
Una conversación, que según mi parecer, fue aburrida y muy monótona. Había
intentado escabullirme, pero después me enteré de que iba a ser uno de mis
compañeros en The Royal Ballet, por lo que me quedé charlando con él hasta
que me dejo libre.
-Te la robo-dijo una voz detrás de mí. Una voz que
reconocería donde fuera.
Con un rápido movimiento me rodeó la cintura y me hizo
girar sobre mi misma hasta tenerme justo en frente de su cara.
-Ya pensé que no ibas a venir…-le repliqué por la
tardanza.
-Fui a ver la actuación, pero después tuve que marcharme.
Aunque ya estoy aquí, Ali-le pasé mis brazos por su cuello y nos pusimos a
bailar en el momento que una canción lenta sonaba-estuviste genial.
-Gracias, parece ser que la
directora de The Royal Ballet piensa lo mismo que tú y me quiere en su obra
¿Te lo puedes creer? ¡Es The Royal Ballet!
-Por supuesto que me lo creo.
Eres una gran bailarina y no solo de ballet. El lírico en general se te da
bien. Lo vas a hacer genial-me abrazó, como dándome ánimos y confianza. Aunque
lo ánimos me sobraban, la confianza en mí era algo que me faltaba.
Siempre había sido una de esas
chicas a las que les dices cualquier cosa mala sobre ellas, y se la cree. Le
destroza por dentro, poco a poco. Por suerte para mí Eve y Matt siempre han
estado ahí.
Matt era mi mejor amigo, creo
que desde que tengo uso de razón. Tenía un año más que yo y siempre ha sido
como mi hermano. Nunca me ha dejado sola, pero en mi defensa diré que yo
tampoco a él
Eve, en cambio, la conocí
cuando ingresé en la escuela de Ballet, en la que entonces estaba. Teníamos carácteres
bastantes distintos, y creo que eso fue lo que nos hizo encajar tan bien. Ella
se podría decir que es la loca e irresponsable amiga y yo la que la vigila para
que no se meta en mucha líos.
Seguí bailando entre los
brazos de Matt, y al mirar por encima de su hombro volví a encontrarme con el
chico de antes, un poco más cerca, pero aún así no pude distinguir el color de
sus ojos, aunque si se podía ver un brillo en ellos. A diferencia de la vez
anterior una sonrisa pícara asomaba sus labios al comprobar que yo también le
miraba e hice una mueca de fastidio. Aún así continué observándole. Su pelo era
castaño y no estaba muy segura de si era rizado o solo lo tenía alborotado.
La voz de Matt en mi oído me
sacó de mis pensamientos.
-Ali ¿pasa algo?-me preguntó
con un cierto tono de preocupación en su voz. Volví a mirarle. Sus ojos azules
en los míos esperando mi respuesta.
-¿Conoces al chico qué está
detrás de ti?-él hizo un ademán de girar la cabeza hacia atrás, pero se lo
impedí posando mi mano en su mejilla-mira disimuladamente-cogiéndome la mano me
hizo girar dos veces sobre mi misma y cambiamos la posición, ahora era yo quien
estaba de espaldas al chico.
-¿Así es lo suficientemente
disimulado para ti?-asentí despacio.
Quizá le faltaba un poco de
perfección al giro, pero no me iba a poner a discutir la técnica allí.
-No hay nadie, Allison-fruncí
el ceño y me giré para comprobar que Matt estaba en lo cierto-¿te encuentras
mal?-negué con la cabeza y el soltó un suspiro.
La noche pasó más rápida de lo
esperado. Sin más apariciones del chico misterioso y con muchas felicidades de
gente desconocida que me había dicho su nombre, pero de los cuales mañana no me
acordaría ni de la mitad.
Por fin estaba en casa, con
los tacones por alguna parte del salón, ya que nada más entrar los tiré.
Mis pies caminaban descalzos
por el frio suelo de parqué. Estaba agotada y no tardaría en meterme en la
cama, pero antes tenía que comer algo. Me acerqué a la cocina y abrí el
frigorífico, lo observé unos segundos. Cogí un yogurt griego de fresa, mi
favorito desde siempre, y cerré la puerta de la nevera. Abrí un cajón y sin
mirar atrapé una cucharilla metálica. Cuando acabé fui hasta la puerta de mi
habitación, pero el timbre sonó.
¿Quién sería a las tres de la
mañana? Se me ocurrió Eve, pero ella se había ido antes que yo porque mañana
tenía que madrugar y Matt quedó descartado debido a que él no vivía en este
edificio
.
.
Cuando tuve la puerta en
frente de mi agarré el pomo y dubitativamente lo moví despacio hacia abajo y
poco a poco la puerta se abrió. Detrás de ella no había nadie, asomé mi cabeza
y miré a los lados, pero nada. Me lo habré imaginado, pensé. Sin embargo cuando
iba a volver a cerrarla miré hacia abajo y sobre el felpudo había una pequeña
hoja doblada por la mitad.
Extrañada me agaché y la
alcancé. La desdoblé y lo que leí dentro de ella me dejó sin palabras.
Allison, me gustó verte sobre el escenario
esta noche. No tardaremos en volver a encontrarnos

Me encantó el primer cap!
ResponderEliminarSube más super pronto, si?
Besos
Cuídate ;)
Muchas gracias :D
EliminarNo tardaré mucho en volver a subir
Un beso :)