La nieve caía delicadamente y se posaba suavemente en el
suelo de Londres. Mi chocolate del Starbucks
calentaba mis manos que, aunque estaban recubiertas por unos guantes de lana,
tenía frías.
Veía a los niños y niñas pequeños corretear por el
parque, se les veía sin preocupaciones, felices. Sus padres, con los paraguas, les
miraban a unos metros de distancia. Algunos estaban con sus móviles, otros
hablando con otra persona que, seguramente, era la madre de algún niño que
estaba por allí.
Sonreí al ver como un niño pelirrojo escondía tras su
espalda una flor y se acercaba con cuidado a otra niña que estaba sentada
esperando su turno para poder montar en el columpio.
Aquella era la vida que yo quería para Tom. Él se la
merecía, no estar en un orfanato y, de vez en cuando, ir al hospital por sus
problemas asmáticos.
El móvil sonando me sacó de mis pensamientos. Pensé en
ignorarlo, pero me di cuenta que podrían ser nuevas noticias sobre el estado de
Tom y lo cogí sin mirar quien era.
-¿Diga?-pregunté.
-Allison.
Una voz grave y que no reconocía era la que hablaba al
otro lado de la línea.
-Sí, soy yo.
Pí, pí, pí…
Frunciendo el ceño aparté el móvil de la oreja y miré la
pantalla, esa persona había colgado. Fui al registro de llamadas, para
comprobar si tenía el número guardado pero, como pensaba, no era así. Eso habías
sido raro.
***
Un par de semanas más pasaron. La misma rutina se
repetía. El estado de Tom volvió a ser normal y ya había vuelto al orfanato.
Los ensayos en The Royal Ballet
fueron siendo mejores día tras día para mí y no recibí una amenaza más de Grace,
aunque sí alguna queja sobre mis pasos de baile. Tampoco tuve más llamadas
misteriosas desde un móvil desconocido.
Con Harry todo era normal. Quedamos casi todos los días,
incluso en esos dos domingos quiso acompañarme a ver a Tom. ¿Para qué mentir? Ese
chico me estaba empezando a gustar y lo peor es que cada día que pasaba ese
sentimiento aumentaba. Matt no estaba de acuerdo con que pasara tanto tiempo
con él, mientras que a Eve le encantaba. Esos dos eran tan diferentes… ¿Cómo
podían quererse tanto? Bueno, ya sabéis lo que dicen “los polos opuestos se
atraen”.
-Amor… Amor… Vuelve-una mano se agitó en frente de mi
cara y le miré. Esos ojos verdes penetrando en mí-vamos a tomarnos un descanso,
eh-dijo con cierto humor.
-Mejor podíamos acabar por hoy. Estoy agotada.
-Como quieras-pasó una mano por sus rizos dejando caer
pequeñas gotas de sudor en el suelo.
Me levanté y como acostumbraba hacer desde hacía unos
días me dirigí a la ducha sabiendo que cuando saliera Styles aún estaría en mi
casa. Lo gracioso es que siempre le encontraba haciendo algo diferente: el
salón con la televisión, con el ordenador, comiendo algo en la cocina, bailando
en la sala, durmiendo en el sofá… Había infinidad de posibilidades y me
preguntaba cuál sería la de ese día.
***
El pelo me goteaba y el pantalón del pijama se arrastraba
por el suelo según caminaba por el pasillo hacia el salón, allí no había nadie.
Seguí mi camino hasta el pequeño cuarto que tenía donde estaba la lavadora y el
tendal, abrí la puerta y tampoco había nadie.
-¿Se puede saber qué estás haciendo?-preguntó su voz
detrás de mí mientas comenzaba a reír. Me giré poniendo los ojos en blanco.
-Solo te buscaba.
-¿En el cuarto de la lavadora?-me encogí de hombros.
-Siempre estás en una parte diferente de MI casa.
-Ya, pero… ¿en el cuarto de la lavadora?-levantó una ceja
continuando con sus carcajadas.
Fui un poco mosqueada hasta el sillón y me senté. Cuando
él se tranquilizó volvió a hablarme.
-En fin, estaba en la cocina, haciendo café.
En ese momento caí en la cuenta de las dos tazas que llevaba
en la mano y me tendió una de ellas. El café no me daba mucho más, pero por no
hacerle el feo lo bebería.
-Bueno-continuó-el tuyo es chocolate, sé que el café no
te gusta.
Le miré confundida. ¿Cómo lo sabía? Nunca se lo había
dicho. Él no había vuelto a decir algo que yo no le hubiese contado anteriormente
hasta aquel día.
-¿Cómo…?
-Te lo diré si vienes mañana conmigo-me interrumpió.
-¿A dónde?
-Confía en mí. Mañana es sábado, no tienes nada que hacer…-se
calló. Tomó aire, como si lo que fuera a decir a continuación fuera todo un
reto-pasa el día conmigo.
-¿Me estas pidiendo una cita, Styles?
-Por una más…-señaló a su alrededor con un vago gesto-te
recojo a las diez, trae ropa cómoda y no me hagas esperar. Con lo tardonas que
sois las mujeres…
Y dejándome con la palabra en la boca se levantó del sofá
y se marchó por la puerta. Con la taza de café totalmente llena sobra la mesita
de cristal.
Resoplando cogí el mando y encendí la televisión mientras
bebía el chocolate que me había preparado Harry. Cuando el capítulo de Castle llegó al final el líquido de la
taza también, pero una bonita sorpresa me aguardaba en el fondo de la misma:
“Buenas noches, amor. –Styles.”
***
-¿Entonces no tienes ni idea de a dónde vas?
-No.
-Ali, sabes que él me cae bien pero no sé si es buena
idea que te vayas por ahí con él un día entero-la preocupación en su voz era
bastante visible y lo entendía. La verdad es que yo también estaba igual, en
cierto modo, pero también me encontraba intrigada por donde se la había
ocurrido llevarme.
-Por eso te lo digo, Eve. Si me pasa algo, si no vuelvo o…
yo que sé. Sabes con quien voy a estar y que decirle a la policía.
-¡No seas ridícula!
-Vale, vale. Yo solo lo digo-Evelyn resopló y se levantó
del taburete blanco en el cual estaba sentada.
-Ali, me vuelvo a la cama. No sé por qué me despiertas a
estas horas si sabes que no respondo. Pásalo bien con Harry y cuando vuelvas avísame.
Si no vuelves mándame un WhatsApp… ya me entiendes-me guiñó uno de sus grandes
ojos marrones.
- Si anda, vete a dormir que ya estás diciendo
estupideces.
Ella se marchó y yo volví a la habitación a ponerme la
bufanda y unos guantes. Además, como hoy no llovía ni nevaba cogí el casco
imaginando que Harry cogería la moto para ir a donde quiera que fuera a
llevarme.
El timbre sonó cinco minutos después y sabiendo que era
él salí del apartamento, cerrando la puerta con la llave y bajando las
escaleras con tranquilidad. Aunque lo que más bien quería hacer era ir saltando
los escalones de dos en dos, de tres en tres, daba igual. Quería hacer lo que
más rápido me llevara hasta Harry. Pero por no parecer desesperada me contuve.
Como me imaginaba él me estaba esperando sentado en uno
de los asientos de cuero negro de su moto.
-Buenos días, Styles.

siguela
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