lunes, 6 de mayo de 2013

Capítulo 6


Dentro de exactamente diez minutos mi  interfono debería sonar, anunciado que Styles estaba abajo esperándome para pasar juntos la última vez que le iba a ver. Según su promesa.

Saber eso me daba una sensación de tranquilidad que hace mucho no sentía. Todo se iba esfumar con esa noche: los recuerdos de él, las batallas, la policía, la angustia, el dolor… Todo. Y yo volvería a mi tranquila vida, era lo único que quería.

A partir de mañana mi rutina sería la misma: de martes a viernes, ensayos. El sábado libre. El domingo lo ocupaba Tom. Y los lunes, como el de hoy, prefería que fuera espontaneo.

Salí de mi habitación, para encontrarme con unos acaramelados Matt y Evelyn en mi sofá. Carraspeé y ellos separaron sus labios, sonriéndome.

-Sois asquerosos-reí.                             
-Y tú estás preciosa-me contestó Eve.

Llevaba puesto un simple pantalón corto plateado, con una camiseta de tirantes gruesos de color turquesa. Unos tacones del mismo color que esta y una cartera negra, al igual que la chaqueta. Lo más probable era que me congelara al dar el primer paso fuera de mi edificio, pero me gustaba el conjunto y no lo iba a cambiar. Me había pasado la tarde entera buscándolo y, aunque no entendía muy bien por qué, casi me desespero por no encontrar nada apropiado.

Sin embargo, tenía que haberme puesto un simple pantalón vaquero y una camiseta. Él había dicho una cena, nada de tener que ir arreglada, pero algo dentro de mí quería hacer que cuando Harry me viera, se quedara sin palabras, y yo no quería sentir eso. Yo le odiaba, bueno quizás eso era un sentimiento demasiado grande, pero no me agradaba estar a su lado. Siempre acabaría diciendo algo hiriente. Por lo menos, eso fue lo que pasó las últimas veces que le tuve cerca y entablamos conversación. Lo que me deparará esta noche iba a ser todo un reto.

-No me convence nada eso de que te vayas con él a cenar, Ali. No me da buena espina.
-¿Quieres dejar de comportarte como mi padre, Matt? No va a pasar nada.
-Bueno, aún así, cualquier cosa llámame, por favor-asentí.

Cogí el perfume colocado en el mueble de la entrada, Magic Woman. Me eché con delicadeza un poco por el cuello y las muñecas y volví a dejarlo en su sitio.

-Me imaginé que te pondrías un vestido-me dijo Evelyn con una sonrisa-supongo que estaba equivocada.

Me miré y luego me encogí de hombros.

-Yo también lo pensé, pero si voy a ir en moto prefiero llevar pantalón.

En ese momento escuché el pitido agudo del interfono y mi vista se dirigió primero al reloj, y después al aparato que apenas dos segundos atrás había sonado. Mi corazón se aceleró con cada paso que daba hasta él y con mi mano temblorosa lo cogí y lo puse en mi oreja.

-¿Sí?-pregunté tímida.
¿Por qué estaba tan nerviosa? Sabía perfectamente quien era. Con un simple “ya voy” hubiera servido.
-Estoy abajo, amor.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando escuché su voz. Incluso a través del telefonillo pude percibir la sonrisa de su cara, y no estoy muy segura de si eso me enfadó o me tranquilizó. Quizás un poco de ambas. Coloqué el auricular en su sitio y me volví a hacia mis amigos.

Me despedí de Matt y Eve, mientras ellos subían las escaleras, para ir al apartamento de ella, y yo las bajaba.

Fui a un paso lento, deteniéndome un par de segundos en cada escalón. No sabía muy bien porque lo hacía ¿Para ganar tiempo? Eso daba igual. Al fin y al cabo solo retrasaba en el momento de verle, y creo que eso era exactamente lo que pretendía.

Empecé a vagar por mis pensamientos, pero todos acaban en la misma persona. Harry.

Si pensaba en el baile, acababa en la plaza de las batallas. Si pensaba en Matt, me acordaba de que no le caía bien Styles. Si pensaba en Evelyn me venía a la mente que si no fuera por ella, yo, seguramente, no estaría bajando las escaleras para encontrarme con él.

Sin embargo, de alguna manera tenía que acabar esta rara historia con él. Este podría ser nuestro punto final.

-Joder, amor. Estás… joder-el pulso se me aceleró al escucharle, y más cuando lo que dijo había sido aquello.

Estaba tan metida en mis pensamientos, que ni si quiera me había enterado de que ya me encontraba en la calle. Ni el frío que entonces sentía me había hecho darme cuenta de ello.

Observé a Harry. Vaqueros ajustados color negro ligeramente caídos, pero no demasiado. Una camisa blanca, con los dos primeros botones desabrochados, y encima una americana.

Estaba totalmente distinto a como le había visto en la batalla. Ese conjunto le quedaba mucho mejor.
Sus ojos aún no habían encontrado los míos. Estaban mirando mis piernas descubiertas, y un pequeño rubor apareció en mis mejillas. Antes de que el color rojo pudiera ir a más, decidí hablar y captar su atención en mi cara, y no en otra parte de mi cuerpo.

-Gracias, supongo.
-¿Supones?-frunció el ceño, dejando de mirar mis piernas, por fin.
-No estoy acostumbrada a que me digan “Joder, amor. Estás… joder”-hice un burdo intento de imitar su voz, que le produjo una sonrisa. Aunque empezaba a pensar que eso no era muy difícil-me suelen decir “Estás preciosa”-me encogí de hombros.
-Y pensé que el creído, prepotente era yo.
-Añade imbécil a la lista-le contesté en un tono sarcástico.

Iba a ser una noche muy larga.

Me hizo un gesto con la mano y señaló hacia un coche. Un Audi plateado, un R8 siendo más concretos ¿Me quería decir alguien de dónde sacaba el dinero este hombre? Porque barato, lo que se dice barato, ese coche no era precisamente.

-¿No vamos en la moto?
-Pensé que preferirías el coche-se encogió de hombros y apartó la vista de mí.

Sacó del bolsillo el llavero y le dio al pequeño botón rojo, acto seguido el coche hizo un sonido. Se acercó a la puerta y la abrió con la mano derecha, poniendo la izquierda tras su espalda. Me reí de su acto, pero siguiéndole el juego asentí, sonreí y me metí en el vehículo.

El trayecto en el coche solo estuvo ocupado por el sonido de la radio. No estaba segura de que se supone que íbamos a hablar, y tampoco sabía a dónde me llevaría. Me estaba empezando a arrepentir de haber aceptado aquello.

Al cabo de media hora Styles, aparcó su súper coche y bajó para volver a abrirme la puerta.
Una vez en la acera pasó su mano por mi cintura y me pegó a él, pensé en separarme, pero su toqué era extrañamente reconfortante y cómodo.

Había una cola bastante larga para entrar en el restaurante y yo miré a Styles, con el ceño fruncido. Él pasó su dedo suavemente por mi mejilla un segundo y después me guiñó el ojo. Un pequeño cosquilleó se formó en mi barriga que se alargó más de lo que me hubiera gustado.

Entramos al restaurante dejando atrás el cúmulo de personas. La decoración era bastante moderna. Las mesas tenían un mantel de tela blanca y los asientos eran negros. 

El brazo del rizoso me llevó hasta una mesa con forma cuadrada, para dos. Las sillas estaban colocadas una en frente de la otra y los platos, cuadrados también, y cubertería, ya estaban colocados. Incluso el agua estaba servida en las copas.

-¿Tú conoces a mucha gente, verdad?-me atreví a preguntar cuando nos encontramos sentados, y fue una manera de romper el silencio entre nosotros.
-La necesaria-entrecerré los ojos, pero cuando me encontré con los suyos, los volví a abrir.
-Ya entiendo. Tú sabes todo de mí, pero yo no puedo echar un vistazo en tu vida por una simple noche-reproché.

Al escucharme pronunciar eso, su cara se convirtió en una expresión seria al instante. No era la primera vez que le veía cambiar tan rápido de emociones, pero era incapaz de acostumbrarme.

-¿Qué?-pregunté.

Bajó la mirada a su plato y negó con la cabeza. Sentí un nudo en la barriga, era la primera vez que veía a Harry triste, o al menos algo que se le parecía, y tenía la necesidad de volverle a ver sonreír.

Iba a volver a preguntar cuando un camarero se acercó y nos quitó los platos, dejándonos otros con la comida ya puesta. ¿Pero… qué…? Si todavía no habíamos ni pedido.

-Lo pedí yo, cuando hice la reserva. No es la primera vez que vengo. Solo pruébalo. Te gustará-afirmó.

De toda lo que me había dicho, en mi mente solo se repetía: “No es la primera vez que vengo”. No entendía por qué, pero esa frase me molestaba. Seguramente él había traído aquí a otra de sus conquistas, y ahí estaba, sentada con él, en ese restaurante, como tantas otras.

-No es lo que piensas, amor-ladeé la cabeza, dando a entender que no sabía a lo que se refería. Aunque tenía una ligera idea, quería escucharlo de él. Suspiró-eres la primera chica a la que traigo-sonreí y él me imitó. Volvía a ser el mismo.

Fuimos comiendo el primer plato entre risas y bromas. Al final resultó que no iba a ser tan malo como me temía. Es más me resultaba fácil estar junto a él. Quizá Eve tuviera razón y era un buen chico, pesé a su carácter algunas veces.

-Y al final le bajé los pantalones, calzoncillos incluidos-acabé de contarle la historia que me pasó con un chico, cuando tenía quince años. Aunque no incluí el sitio en el que había pasado. El orfanato.
-No me lo creo. Es imposible que tú hayas hecho eso, amor.
-¿Me estás llamando mentirosa?-me dio una sonrisa de lado y asintió.

Observé la mesa con los ojos y rápidamente cogí un pequeño trozo de pan y se lo tiré. Él se rió igual que un niño pequeño y me contagió la risa. Así empezó una guerra de pequeñas bolitas de pan.

-Vale, vale ¡Tregua!-me dijo riendo.
-Está bien, está bien.

Nos trajeron el postre. Era un brownie de chocolate, con helado de vainilla encima y caramelo. Se me hizo la boca agua con solo verlo, pero solo nos trajeron uno. Así que miré a Styles alzando una ceja.

-¿Lo compartes conmigo, amor?-me tendió una cucharilla, la cual atrapé.
-Por supuesto.
-¿Ves? Nos podemos llevar bien.

Cogió el primer trozo del dulce y después me miró alegre. Puso la cucharilla justo en frente de mi boca.

-Pruébalo-sonreí y entreabrí mis labios, dejando paso al brownie.
-¡Dios! Está riquísimo.

Cerré los ojos, deleitándome con el sabor del postre. Realmente estaba genial. Le escuché reírse y volví a visualizarle.

-¿Qué pasa?-pregunté alzando una ceja.
-Tienes chocolate en el labio, amor.

Me ruboricé y pasé mi dedo por la esquina izquierda.

-No, ahí no. Aquí.

Levantó la mano y con su pulgar quitó el chocolate de la esquina opuesta, pero después pasó el dedo, delineando el contorno de mi labio inferior. Mirándolo fijamente. Bajé la vista al plato, tímida por el contacto que acabábamos de tener.

Comimos el resto del delicioso postre en silencio. De vez en cuando levantaba la cabeza para encontrarme a un Harry observándome detenidamente, y, en respuesta,  mis mejillas adoptaban un tono rosado que intentaba esconder con mi largo pelo cuando volvía a bajar la cabeza.

Mi mente se preguntaba por qué me hacía sentir así, tan tímida e insegura de mi misma, por qué se me aceleraba el corazón cuando notaba su mirada encima de mí, y la más importante de todas: ¿Iba a querer que desapareciera una vez que me hubiera dejado en mi portal?

Cuando Styles hubo pagado la cuenta que nos trajeron, me atreví a aguantarle la mirada más de los dos segundos que había conseguido desde que habíamos empezado el brownie. El resultado no fue del todo bueno, pues llevé mis ojos a una esquina del restaurante a los cinco segundos. Ese profundo color verde despertaba algo en mí, y no me sentía cómoda con ello.

-Amor, ¿cuántos años tienes?

Esa pregunta me cogió desprevenida. Es decir, ¿no se supone que sabe todo, o la gran mayoría, de mí?
Negué con la cabeza.

-No te lo voy a decir-dije aún mirando el plato, y pude escuchar como resopló.
-19, naciste el 20 de Mayo-contestó, seguro.

Abrí los ojos de par en par y rápidamente me fije en él. Estaba sonriendo ¿Qué le hacía gracia?

¿Pero cómo lo sabía? Todo esto era un completo laberinto sin salida.
-¿Si lo sabes por qué me preguntas?-mi tono de voz enfadado.
-Quería comprobar si confiabas en mí lo suficiente como para decirme eso-me reí irónicamente.

Todo rastro de un buen final esa noche se había acabado en ese momento. No podía seguir fingiendo que éramos amigos, o intentábamos serlo, cuando él sacaba a relucir todo lo que sabía de mí sin que se lo hubiera dicho.

-Llévame a casa. Esto se acabo aquí. Es hora de que desaparezcas de mi vida-me levanté de la silla y empecé a caminar a la salida.
-No, espera-me alcanzó cuando ya estaba en la calle.

Me cogió la muñeca y me hizo girarme.

-¿Qué hice mal?-preguntó a escasos centímetros de mi cara
-Nada. Pero no puedo confiar en ti. No puedo. Alguien a quien acabas de conocer no espera que lo sepas todo de ella, y es justo lo que pasa. Y cuando me acuerdo de que sabes todo eso de mí, me entra miedo. No sé lo que me puedes hacer y no sé como lo sabes.

Su cara se volvió triste al escucharme decir eso, y soltó mi brazo, alejándose un poco de mí.

-¿Me tienes miedo?-susurró.
-No, pero no confió en ti, y eso es suficiente. Además ¿ese era el trato no? Una cena y desaparecías.
-A no ser que quisieras lo contrario.
-Pero no es lo que quiero.

Su mirada fija en la mía. Nos estábamos retando silenciosamente, y yo no iba a cambiar mi opinión. Lo tenía demasiado claro.

Con la cabeza, Styles me señaló el coche y nos metimos en él. Esta vez sin el detalle de abrirme la puerta, pero eso lo esperaba.

El trayecto, como el otro, fue igual de silencioso. Pero había algo diferente, la sensación de tensión entre nosotros era casi palpable.

 Harry, estaba muy rígido en su asiento, intentado mantenerse lo más alejado de mí. Aunque yo tampoco me quedaba muy atrás. Mi cuerpo estaba completamente pegado a la puerta del copiloto. Y está vez ni la radio se escuchaba.

Miraba por la ventana, viendo las calles pasar solo alumbradas por la luz artificial de las farolas. Me gustaba la noche, si no fuera por la peligrosidad de ella, y más en una ciudad grande como Londres. Pero definitivamente era la parte del día que más me gustaba.

Antes de lo que me esperaba el coche estaba en frente de mi casa.

¿Me despedía o no? ¿Salía del coche sin más? ¿Le decía algo más?

Miré a Styles, y para mi sorpresa él tenía sus ojos en mí.

-Allison…-murmuró, poniendo su mano en mi rodilla.

Escuchar mi nombre salir de sus labios, y no el apelativo que me había dado, me estremeció. No sé lo que iba a decirme, pero si empezaba así no quería saberlo.

-Adiós, Harry.

Salí del coche sin dejarle decirme nada y cerré, apresurándome a entrar en casa.

2 comentarios:

  1. Que?! Cómo la dejas así?!
    Oh Dios! Voy a morir de intrigaaa!
    Como creo que no quieres que me muera, vas a subir pronto, no? jajaj
    Porfa.. sube pronto, no pueden alejarse. Tienen que estar juntos
    Besos
    Cuídate ;)

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    Respuestas
    1. Tampoco hay tanta intriga jajajaja
      No, no te mueras que sino no vas a poder leer la continuaciuón y no creo que quieras eso.
      A ver si no tardo mucho :)
      Un beso :D

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